Jornada 9. La Ira de Dios (166)


Su acompañante se dirigió a un portal y abrió una puerta después de mirar a su alrededor y confirmar que no había nadie que les estuviera siguiendo o vigilando. Invitó a Xavier a que entrara.

-Preferiría que dejara las armas en la entrada –dijo Monty- Mi mujer se pone nerviosa con eso de las armas.

-Lo máximo que puedo ofrecer es descargar la escopeta –se ofreció Xavier- Corren tiempos difíciles, y aunque usted parece buena persona… podría ser un psicópata que quiere torturarme lentamente.

-Algo de razón tiene –dijo Monty viendo cómo Xavier descargaba su arma- Si le sirve de algo no soy un psicópata ni tengo a mi madre momificada en una silla de ruedas escondida en una habitación.

-Bueno es saberlo, ¿a su padre tampoco? –preguntó Xavier siguiendo a Monty por dentro de la estancia- Nunca he entendido esa fijación de los escritores con las madres muertas… seguro que Freud escribiría toda una serie de libros sobre el tema.

-Bueno, ellas nos dan la vida, ¿no? Y dado que los asesinos la quitan… -Monty se quedó en silencio- Maldición, me ha hecho pensar.

-En realidad todo es debido a un complejo sistema en el que intervienen muchos factores… Dios incluido, y no sólo las mujeres –respondió Xavier.

-Pero nosotras los tenemos que llevar en nuestro interior durante nueve meses –interrumpió una mujer de largo pelo negro- Así que me temo que somos las mayores culpables.

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