Jornada 8. Gerald contra el mundo (34)


-Seguimos teniendo electricidad y agua –dijo Pep pensativo- Y si la gente ha seguido el plan previsto estará a salvo y tendrá refugios, medicinas y provisiones para un mes o más.

Gerald se puso en pie.

-Entonces sólo nos queda esperar a que el gobierno decida intervenir y reaccionar –dijo Gerald algo impaciente- Y te recuerdo que la última vez tardaron tres años.

Con esa frase salió del despacho de Pep. No podía creer que fuera tan ingenuo y no viera lo obvio. Que el Gobierno estaba detrás de todo, de alguna manera. Tal vez no al principio. Pero era obvio que ahora, que seguían sin intervenir y trataban de enterrar la noticia, estaban implicados. Sino no se entendía el silencio de los medios.

Tampoco entendía realmente cuál era el objetivo de aquel experimento. ¿Qué pretendían conseguir volviendo a activar la plaga? Aunque fuera una isla los zombis habían demostrado ser tenaces y esas nimiedades no les preocupaban. Seguro que encontraban alguna manera de hacer que la plaga saliera de la isla. Siempre lo conseguían.

Trató de no pensar en ello. Al fin y al cabo si los vampiros salían de la isla el mundo entero tendría que ponerse en marcha… Gerald se paró en seco en el pasillo. ¿Vampiros? Obviamente quería decir zombis… Desde luego ya sólo faltaría que los chupasangres decidieran darse a conocer.

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Novelas por entregas: Del blog al libro con JD (Madrid, 31 mayo)


El martes 31 de mayo de 2011 de las 18’00 a las 20’30 en Madrid en el Espacio CAMON de la Plaza de Moncloa, 1(acceso por Princesa) tendrá lugar la conferencia “Novelas por entregas: Del blog al libro” con la presencia del autor de Dolmen JD

Por motivos de agenda Kahlo no podrá asistir a la conferencia, aunque junto a JD asistirá Rubén Jardín, dos autores que tienen en común haber publicado sus obras en sus blogs antes de que en papel. Conoceremos sus experiencias y analizaremos este nuevo camino que se ha abierto en el mundo editorial, recuperando con los blogs el espíritu folletinesco de las antiguas novelas por entregas, aquellas que se iban publicando capítulo a capítulo en revistas y otras publicaciones antes de ver la luz en formato libro.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (33)


-Eres un alarmista, un fatalista y un paranoico –respondió Pep- Seguro que el gobierno no quiere asustar a la gente y está estudiando el tema para conseguir acabar con la plaga de la forma más eficaz.

-Así que una semana después los militares siguen sin intervenir –señaló Gerald- Pero el gobierno está trabajando en ello.

-Fue lo que ya pasó en el pasado –dijo Pep- No puedes entrar en tromba en una ciudad infectada. Los ciudadanos pueden disparar sin preguntar, los militares pueden confundir objetivos. Es natural que se tomen su tiempo.

Gerald negó con la cabeza incrédulo.

-Y mientras, ¿la gente se muere de hambre? ¿Y los enfermos? ¿Y los heridos? ¿Cuándo será el momento adecuado de actuar? No sé para que se establecieron tantos protocolos de actuación ni hemos estado, supuestamente, estudiando el fenómeno Z durante tres décadas.

Pep se quedó en silencio mientras volvía la mirada al mar.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (32)


-Podrían haber sido de cuando comenzó la nueva plaga –señaló Pep- Alguien tratando de parar a los zombis.

-No, no, no –respondió Gerald negando con la cabeza- Hasta donde he podido investigar, esta nueva plaga partió de la cárcel. Pude ver algunos uniformes de presidiario y también de funcionarios de prisiones. Y eso ocurrió el mismo día de la Cabalgata. ¿Cómo te explicas sino que hubiera la cantidad de cadáveres ambulantes que había por las calles? ¿Y qué me dices de los fallos de comunicaciones? ¿O de que las cámaras de tráfico estuvieran trucadas? ¿O que los militares no intervinieran cuando pudieron?

-Lo que dices no tiene sentido –dijo Pep acercándose al mueble-bar y sirviéndose una cerveza; preguntó a Gerald con la mirada pero éste negó con la cabeza. Quería tenerla despejada- ¿Zombis creados en la prisión? ¿Militares huyendo de su trabajo? Y ahora me dirás que el gobierno está metido en todo esto.

-No lo dudes –dijo Gerald sonriendo de forma macabra- Han servido esta isla en bandeja a alguien para que haga algún experimento.

-Estás loco –dijo Pep moviendo la botella de cerveza de un lado al otro agitado- ¿Cómo quieres que eso ocurra? Estamos hablando del jodido gobierno, y de una isla. Por el amor de Dios. Es imposible que eso ocurra.

-Por supuesto –dijo Gerald tratando de calmar a Pep- Pero sin embargo aquí estamos. Encerrados en tu despacho, sin saber qué pasa ahí afuera de verdad. Con el mundo que nos ha olvidado y al que no le importamos. Con el gobierno que no parece estar muy interesado en resolver la situación. Para no ser una conspiración huele y sabe a eso.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (31)


-No entiendo a qué te estás refiriendo. Son zombis. Muertos vivientes, cadáveres ambulantes. Siguen sin hablar si a eso te refieres.

-No, no es eso –se quedó unos momentos en silencio- Durante el ataque a la Cabalgata pude observar algo extraño. Parecían ser… ¿más inteligentes? No, no es esa la palabra… Parecían ser más… diestros… No todos, sólo algunos… Eran casi más rápidos… Y se multiplicaban con mayor rapidez.

-¿A qué te refieres? –Preguntó Pep ahora preocupado.

-La gente moría a manos de los zombis y en cuestión de minutos, a veces unos segundos, volvían a la vida –dijo Gerald con voz preocupada- No había periodo de incubación. En un abrir y cerrar de ojos pasaban de muertos a zombis.

-Pero eso es… imposible –dijo Pep negando con la cabeza y poniéndose en píe- Lo que sea que convierte a los muertos en zombis… no es tan rápido. Necesita de unas horas.

-Te estoy diciendo lo que vi con mis ojos –insistió Gerald- Al principio pensé que era la tensión del momento. Que esas personas ya eran zombis antes y simplemente yo me había confundido, pero entonces comencé a ver también policías…

Jornada 8. Gerald contra el mundo (30)


Cerró los puños de impotencia, y luego se fijó en que Pep se había sentado detrás de su mesa de trabajo y le estaba esperando.

-Lo siento –se disculpó Gerald mientras tomaba asiento en un sillón amplio que había en el despacho y que seguramente le servía para hacer la siesta al director del hotel- Demasiadas cosas en la cabeza. Bueno, ¿qué sabes de lo que está pasando?

-Lo que veo por la televisión –respondió Pep buscando el mando y encendiendo el aparato que en aquellos momentos mostraba diversas imágenes de una de las calles de la ciudad llena de zombis-, o la radio que también emite intermitentemente. Los militares han comenzado a patrullar la ciudad pero no parecen estar interesados en acabar con los zombis. Y desde la península ya parecen haber olvidado el tema; el gobierno no dice nada, y los periodistas no preguntan. No se quieren meter en problemas. Parecen que nos han abandonado a nuestra suerte… o ni eso. He oído disparos de vez en cuando y al parecer no es para matar zombis, sino para impedir que la gente salga de sus calles.

El rostro de Gerald mostró preocupación. Era todavía peor de lo que había imaginado. Estaban en una jaula, y ya no tenía dudas que todo aquello no había sido una casualidad. Ahora la pregunta era si todo aquello tenía algo que ver con él o le había tocado estar en el lugar menos adecuado en el peor momento.

-¿Qué sabes de los zombis? –Siguió preguntando Gerald sin añadir nada a la conversación.

-Están por toda la ciudad –respondió Pep- No parecen tener preferencias, van deambulando por las calles como si estuvieran vigilándolas… esperando… Por delante del hotel han ido pasando grupos de no-muertos pero todavía no hemos tenido problemas con ellos. No nos prestan mucha atención… y si lo hacen estaremos preparados.

-Pero, ¿has oído algo sobre su comportamiento? ¿Qué sean… diferentes? –Insistió Gerald.

Pep negó con la cabeza.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (29)


Siete días después Gerald y compañía salían del aislamiento sin mayores incidencias. Todos estaban sanos. Y no había zombis entre ellos. Pep, el director del hotel les estaba esperando fuera.

-¿Qué tal las instalaciones? –Preguntó con curiosidad al informático.

-Hemos tenido suerte de no tener infectados –dijo Gerald pensativo- Tenemos que hablar. En privado.

Pep vio la cara de seriedad del informático y asintió.

-Mi despacho servirá –indicó- Jordi me alegro de que estés bien, siento lo de tus compañeros.

Jordi asintió y se encogió de brazos mientras desaparecía de ahí.

Gerald pidió a Sarah que se ocupara de sus sobrinos durante su reunión. Ésta asintió, pero seguía sin querer hablar con él. Una semana después y todavía le guardaba rencor por su decisión de no bajar del coche. Por su parte todas sus dudas se disipaban cuando miraba a sus sobrinos. Volvería a hacer lo mismo, sin pensárselo dos veces.

Pep y Gerald entraron en el despacho de dirección. El mismo tenía una preciosa vista a la bahía, que cualquier otro día habría alegrado al informático. Pero al fondo podía ver el portaaviones norteamericano, que seguía estando ahí… vigilándoles. Y en esa semana todavía no había tenido noticias de Mara. Y nadie sabía nada. Estaba desaparecida. Ni siquiera en el submarino sabían algo sobre ella.