Jornada 9. La Ira de Dios (88)


-Pero no sé nada de este lugar o de sus características –se excusó Xavier- No quiero tener sus muertes sobre mi conciencia.

-Si nos quedamos aquí y no quiere ayudarnos con sus conocimientos… ¿no sería lo mismo? –Señaló Joan sonriendo- Venga, prometo que si morimos no le perseguiremos por el resto de la eternidad.

-Vigila ese humor negro tuyo cariño –intervino su mujer- No queremos agobiarle ni nada por el estilo padre, y no sé si mi marido hace bien en pedir consejo a un extraño, no se ofenda, pero si cree que usted puede poner algo de luz en el asunto le agradecería que lo hiciera.

-Supongo que no me queda más remedio –dijo Xavier esperando no tener que arrepentirse de su decisión- Al menos deme una vuelta por el pueblo para hacerme una idea de lo que quieren hacer.

-Cariño llama al alcalde y dile que voy a verle acompañado.

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Jornada 9. La Ira de Dios (87)


-El alcalde y su equipo de gobierno parecen haber tomado la decisión –le explicó Joana- Están seguros de que si cerramos todos los accesos no pasará nada.

Xavier no se atrevía a intervenir en la conversación. Aunque por su experiencia sabía que lo que el alcalde estaba recomendando era una muy mala idea. Claro que él no tenía todos los datos, así que a lo mejor ellos sabían algo que él ignoraba.

-Todo el día perdido y al final para nada –siguió quejándose Joan.

-Me han salvado la vida –intervino finalmente Xavier- Creo que eso es algo.

Joan sonrió ante la intervención de Xavier y se quedó pensativo. Lo cierto era que si no hubieran subido al santuario ahora todas aquellas personas formarían parte del ejército de los no-muertos… tal vez la idea del alcalde no era tan mala… pero tampoco era la mejor desde luego.

-Necesito que me acompañe a hablar con el alcalde padre –dijo finalmente- A lo mejor me puede ayudar a convencerle de que cambie de idea. Usted ha visto mundo y sabrá si podemos resistir aquí escondidos o es mejor subir al santuario.

Jornada 9. La Ira de Dios (86)


-No delante de los niños –le advirtió su mujer- Venga, niños, iros al piso de arriba a jugar o estudiar.

Las voces de queja no se dejaron esperar y llenaron durante unos minutos la casa hasta que Joan silbó y puso orden.

-Venga, para arriba sin rechistar niños –dijo dando un par de palmadas.

Los niños se quedaron en silencio, uno de ellos cogió a Cati y subieron las escaleras sin decir nada más.

-Padre Xavier creo que no les he presentado debidamente, ésta es mi mujer, Joana, sí lo sé, da para muchos chistes, pero bueno… Supongo que estará también interesado en lo que tiene que decir. Venga cariño, dame las malas noticias.

-Bueno, pues resulta que el alcalde cree que sería mejor acabar de fortificar el pueblo y resistir aquí –le contó Joana- Que arriba en el santuario estaríamos todos más incómodos y menos seguros.

-Así que lo que nos sirvió hace dos décadas ahora no es bueno para el señorito –se quejó amargamente Joan- Increíble. ¿Es que no sabe que no conviene quedarnos aquí? Estamos expuestos y nos pueden atacar por todas partes.

¡¡LA PATRULLA 3!!


28 de diciembre de 2011.

Si tu gato se ha subido a un árbol y no se quiere bajar, ¿a quién llamarás? ¡¡La Patrulla 3!!
Si un maleante te ha robado la cartera, ¿Qué gritarás? ¡¡Patrulla 3!!
Si tu baño se ha atascado, ¿a quién acudirás? Al fontanero por supuesto.

Ella era rubia, con mechones, y el pelo de su frente que acababa en punta emulando al cuerno de un unicornio.
Él era rubio, con una perilla que le nacía debajo de la nariz y le acababa en la barbilla. El pelo en punta lo tenía detrás, como si de una aleta de tiburón se tratara.
Ella era morena, tímida, responsable, y tenía que hacerse cargo de los dos anteriores siempre que iniciaban una nueva aventura. Trataba de ocultarlo, pero su pelo en punta, rizado, también simulaba el cuerno de un unicornio.
Juntos formaban ¡¡¡LA PATRULLA 3!!!

Nadie sabe de dónde salieron. Un buen día estaba en boca de todos ese extraño trío que se paseaba por las calles de Zaragoza protegiendo a la gente de los zombis y vestidos con el típico traje de superhéroe. Naranja era el color de sus camisetas. Blanco el de sus gigantescos cinturones, con unos calentadores azules oscuros y una capa del mismo color. Ellas con una minifalda naranja y él con los calzones por fuera.
Al principio eran una leyenda urbana. Alguien había sido salvado de manos de algún zombi que se había escapado de un edificio tapiado por este grupo que se despedía con un sonoro ¡¡Patrulla 3! A la vez que alzaban y mostraban los tres dedos de en medio de sus manos. Este incidente se repitió en varias ocasiones pero en ningún caso había pruebas de su existencia.

No fue hasta que un jardín de infancia de las afueras de la ciudad fue invadido por un grupo de zombis que se tuvieron las primeras imágenes del valeroso trío que al grito de ¡¡Patrulla 3!! Impidió que los muertos vivientes acabaran con la vida de los niños cargando con ellos y haciendo de cebo de los no-muertos mientras los profesores también ponían a salvo en un refugio a los más pequeños. Gracias a ellos no hubo desgracias que llorar y las cámaras de seguridad mostraron sus aguerridas acciones… calificadas por los más críticos como locuras o payasadas.

El caso es que cuando ya era de dominio público su existencia sus seguidores se comenzaron a contar por legión y los clubes de fans se formaron de la noche a la mañana con el objetivo de emular a sus héroes.

El gobierno de la ciudad consciente de la importancia de tener contentos a los electores les dio poderes especiales para patrullar oficialmente por las calles y les contrató para enseñar sus métodos y técnicas en los colegios. Eso fue acogido con distintos niveles de alegría. Los padres no se acababan de fiar de esos… payasos, pero sus alumnos estaban encantados con esos nuevos profesores que les enseñaban cómo sobrevivir de forma sencilla ante los zombis.

Pero no todo era bueno. Con el tiempo también salió una Patrulla -3. Vestían prácticamente igual pero se dedicaban a hacer gamberradas por la ciudad como entrar en una biblioteca y desordenar los libros de sus estantes, o tirar el chicle al suelo de la calle. La única diferencia física era que sus pelos no acababan en punta, sino en una ligera curva hacia dentro. Los más malpensados apuntaban a que en realidad esta gente era la misma que los héroes, y que se pasaban por malvados por aburrimiento o porque estaban mal de la cabeza.

Las patrullas ciudadanas se fueron formando para proteger sus barrios del posible azote de los zombis. Cogían los nombres de sus barrios, y así, por ejemplo, tenían la Patrulla 3 del Pilar o de la Romareda. Cada barriada tenía su Patrulla 3 y seguían las enseñanzas del grupo original.

Y entonces sobrevino la desgracia. Las noticias del maremoto por la costa del Mediterráneo corrieron como la pólvora. Y poco después llegaban las terribles noticias de que todas las víctimas se habían transformado en zombis y habían arrasado con sus ciudades de origen y ahora se dirigían hacia el interior de la Península. A la gente le invadió el miedo y el pánico comenzó a asomar por toda la ciudad.

Y una vez más la Patrulla 3 dio un paso al frente para tranquilizar a sus paisanos. SE iban a enfrentar a los zombis que se dirigían hacia la ciudad para dar tiempo a sus ciudadanos y a los militares para prepararse. Era una locura según todo el mundo. No se trataba de un pequeño grupo de zombis sino de cientos, miles, incluso, tal vez, millones de muertos vivientes. Era suicida.

Pero esas cifras no hicieron que les temblara el pulso a los componentes del grupo y al atardecer y con una sola cámara como testigo salieron en silencio de la ciudad, sin llamar la atención, tal y como habían aparecido. Anónimamente, se dirigieron hacia el horizonte con el sol poniéndose. Seguramente hacia una muerte segura. Pero llenando de esperanza y valor el corazón de los zaragozanos que nunca les olvidarían.

patrulla 3

La Patrulla 3 vigilando el Salón del Cómic de Zaragoza.

Para esos héroes que consiguieron que el aburrimiento no nos invadiera ni el estrés nos ganara durante el Salón del Cómic de Zaragoza 2011. Gracias valientes.

Jornada 9. La Ira de Dios (85)


-Porque con buenas palabras no se detiene a un zombi –recitó Cati de memoria- Pero sí con una bala en el cerebro.

Xavier sonrió. Seguramente era algo que había aprendido en su casa… o en la escuela. A pesar de que se pretendía quitarle hierro al asunto los zombis seguían caminando por la faz del planeta y era importante que la gente no lo olvidara ni les menospreciara.

-Por cierto cariño –dijo la mujer de Joan- El alcalde ahora parece que no quiere irse del pueblo.

-Por el amor de Dios –dijo Joan suspirando- El prior lo está preparando ya todo. ¿Qué buena idea se le ha ocurrido ahora a ese zoquete?

Jornada 9. La Ira de Dios (85)


-Ya está bien –le increpó su madre que se adelantó para saludar a Xavier- Perdone a mi hija, no ha dormido muy bien con todo esto de los zombis y está algo acelerada.

Xavier dio unas palmas sobre la cabeza de Cati que se le quedó mirando de nuevo.

-No pasa nada –respondió Xavier- Siempre es agradable escuchar a las voces más jóvenes con esa energía y esa necesidad de hacer preguntas todo el tiempo. Es algo fascinante.

-Cómo se nota que no tiene hijos –le señaló Joan cogiendo en sus brazos de nuevo a Cati- Le aseguro que la diversión no es tal. Y menos en estos tiempos que corren. Vamos hija, tenemos que preparar algo de munición para el padre.

-Porque con buenas palabras no se detiene a un zombi –recitó Cati de memoria- Pero sí con una bala en el cerebro.

Jornada 9. La Ira de Dios (84)


Cati se dejó bajar al suelo y se acercó a Xavier con curiosidad. Se quedó delante de él y comenzó a mirarle de arriba abajo como si fuera un bicho raro o algo que nunca hubiera visto.

-¿Qué te he dicho de quedarte mirando a la gente? –Preguntó Joan que saludaba a su mujer con un beso y un abrazo.

-Que hasta que tenga sesenta años no puedo hacerlo –respondió Cati, que seguía sin perder de vista a Xavier que se había quedado en el umbral de la puerta.

-Pero pase padre, pase. Nadie le va a morder… bueno, a lo mejor Cati –se corrigió a sí mismo- Tiende a adoptar a toda clase de cosas, bichos o lo que se encuentre que le llame la atención.

-¿Nos podemos quedar con él papi? –Preguntó Cati que comenzó a acercarse y girar en torno a Xavier- ¿Ha matado a muchos zombis señor? ¿Qué come? ¿Se va a quedar a vivir con nosotros? ¿Conoce al Papa?