Jornada 10. El final del principio II (XXX)


En la entrada de la base había varios soldados y civiles tratando de limpiarla. Los dos que estaban de guardia, vigilando que no hubiera zombies vivos entre los restos o se acercaran por sorpresa más zombies, vieron al grupo de Mara y les dieron el alto sin dejar de apuntarles con sus armas.

-¿Capitana Grumpy? -preguntó uno de los soldados mostrándose sorprendido al verla-. Creíamos que estaba muerta…

-Las noticias sobre mi muerte fueron prematuras, y fallidas –respondió Mara-, aunque no será porque no lo han dejado de intentar.

El otro soldado miró a su compañero algo incómodo.

-¿Les conoces? –le preguntó finalmente.

-Es la capitana Grumpy –respondió el primer soldado-. Estaba destinada a esta base antes de que el mundo se volviera loco.

-Da igual, sea quien sea –dijo el otro soldado-, tenemos órdenes de no dejar pasar a nadie no autorizado.

-¿Y quién decide quién está autorizado? –preguntó Mara algo molesta con el soldado.

Ambos soldados agacharon la cabeza abatidos.

-El general y un civil llamado Henry –respondió el primer soldado finalmente-. Supongo que ahora… bueno, supongo que será cosa del sargento hasta que se decida otra cosa.

Mara se quedó esperando mirando a los soldados. Éstos parecieron captar su mensaje y uno de ellos llamó al sargento a través del walkie que llevaba.

El sargento llegó al cabo de varios minutos a la salida con mala cara. E interrogando con la mirada a los soldados buscando el motivo por el que había sido requerido y apartado de sus otras funciones.

Miró al grupo de recién llegados que estaban al lado de los soldados.

-¿Quiénes son? -preguntó secamente sin ocultar su malestar.

El soldado que había reconocido a Mara tomó la iniciativa.

-Es la capitana Mara Grumpy, sargento –dijo a modo de presentación-. Estaba destinada en la base cuando comenzaron a aparecer los zombies. Su unidad fue asignada a una ciudad cuando no sabíamos nada de zombies y se creía que todo era fruto de altercados violentos.

El sargento miró fijamente a Mara y luego al resto del grupo. Les señaló con un ligero movimiento de la cabeza.

-¿Y quiénes son sus acompañantes?

-Éste es el padre Xavier –comenzó a presentar Mara-, un sacerdote que encontré el otro día que recorría la ciudad cercana matando a los zombies. Y esta otra persona… bueno no sé su nombre, no nos hemos presentado formalmente, pero me ha salvado la vida. Estaba herida y por lo visto tiene conocimientos médicos extensos.

-Así que ninguno de ellos es un… amigo del pasado –dijo el sargento que seguía sin apartar la mirada de la figura de Mara.

-No sé nada de mi unidad –dijo Mara-. Perdí la memoria cuando la ciudad en la que estábamos destinados… desapareció, la he recuperado hace poco… aunque por lo que he visto no sé si… se salvó alguno.

-Bien, creo que he escuchado suficiente –dijo el sargento endureciendo su rostro –soldados, detengan a esta mujer por crímenes contra la humanidad y genocidio.

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Jornada 10. El final del principio II (XXIX)


El padre Xavier ayudó a Mara a ponerse en pie.

-Creo que es un buen momento para ir a la base –dijo Mara mientras se incorporaba-. Parece que el peligro ha pasado.

-¿Estás segura? –pregunto dubitativo el padre Xavier-. Puede que todavía estén nerviosos por el enfrentamiento.

-Supongo que si nos ponemos a gritar y dar voces no nos tomarán por muertos vivientes –dijo Mara-. Nunca he visto un zombie hablar.

-¿Seguro que te encuentras bien? –preguntó preocupado el sacerdote.

-Lo recuerdo todo –dijo Mara-. Parece que las horas que he pasado inconsciente me han ayudado a que mi cerebro ponga en orden mis recuerdos y les dé un sentido.

-Fascinante –dijo el acompañante que se acercó a ellos al ver que se preparaban para marcharse-. Supongo que todo lo ocurrido hoy, en combinación con las heridas y los golpes emocionales, han reseteado el cerebro y te han permitido recuperar tus recuerdos. Claro que a lo mejor no es así.

Mara se le quedó mirando un poco incómoda ante esas últimas palabras.

-¿Qué quieres decir?

-Bueno, que no necesariamente lo que recuerdes son tus recuerdos –respondió sonriendo-, el cerebro puede… haber fabricado recuerdos para rellenar vacíos, o para esconder los recuerdos verdaderos. Como ya he dicho el cerebro es un instrumento fascinante y misterioso, y nunca sabemos qué hace o porqué lo hace.

-Entonces, ¿estás diciendo que mis recuerdos son falsos?

-Bueno, no necesariamente –se repitió-, pero estaría bien que pudiéramos corroborarlos.

-Entonces no hay problema –respondió Mara-. Yo trabajaba en esa base, era una militar destinada a la misma.

-¿Y si no fuera así? –preguntó algo incómodo el sacerdote.

-Bueno, ¿qué es lo peor que puede pasar? –preguntó Mara en tono sarcástico- ¿Qué nos arresten, nos encierren en unas cómodas celdas y nos den tres comidas diarias mientras nos protegen de los peligros de fuera?

-O que nos obliguen a quitar el puré de zombies que ha quedado después de que los tanques hayan pasado por encima –señaló el sacerdote.

-Bueno, eso será a vosotros –dijo sonriendo Mara-, yo estoy herida, gravemente, sería cruel hacerme trabajar en mis condiciones… además de que soy una mujer.

El padre Xavier no dijo nada. Mara parecía estar de mejor humor, pero intuía que sólo era una máscara para no derrumbarse. Mientras descendían hacia la base estuvo escuchando a Mara hablar del misterioso general. Su superior, un buen hombre, casado con su trabajo y su carrera, íntegro y que siempre pensaba en el personal bajo su mando. El sacerdote trató de cambiar de tema a menudo, dado que se notaba que a Mara le dolía hablar de su superior al que había visto morir y volar en pedazos defendiendo la base en primera línea. Pero no parecía tener mucho éxito.

Finalmente llegaron a la entrada de la base mientras el padre Xavier agitaba los brazos y gritaba que estaban vivos para tratar de que no les dispararan.

Jornada 10. El final del principio II (XXVIII)


Los zombies se fueron acercando poco a poco a los jeeps rodeándoles y dejándoles sin salida alguna salvo la de seguir disparando. Pero los no-muertos seguían siendo demasiado numerosos y gracias a su superior número pudieron comenzar a arrastrar a la gente que había en los jeeps hacia ellos para matarlos y destrozarlos.

En un momento determinado la persona que Mara creía conocer fue agarrada por los zombies y no pudo evitar ponerse en pie como un resorte.

-¡General! –gritó.

Instantes después el grupo de zombies que había agarrado al general quedó hecho pedazos fruto a una explosión que se había producido en la zona.

Mara no pudo resistirlo más, notó cómo primero sus piernas le fallaban y luego perdía la consciencia.

El padre Xavier gritó su nombre alarmado mientras sus gritos llamaban la atención de su acompañante que se acercó lentamente.

-Sólo se ha desmayado –dijo el buen samaritano-. El shock unido a la pérdida de sangre y el cansancio finalmente le han pasado factura. Debo decir que ha durado más de lo que esperaba. Es algo fascinante el cuerpo humano, ¿verdad?

El padre Xavier no sabía cómo tomarse esas palabras exactamente. Aunque el tono que había usado la otra persona era completamente neutro casi parecía estar disfrutando con todo lo que estaba pasando. El sacerdote negó con la cabeza tratándose de quitarse esos pensamientos de la cabeza. ¿Quién podría disfrutar con todo eso?

Las siguientes horas pasaron lentamente para el padre Xavier. Pasaba el tiempo velando a Mara y rezando por los muertos en la base militar. Nadie de los que habían estado en los jeeps se había salvado y todos habían acabado muertos. Y después de aquello los jeeps habían explotado. ¿Lo habrían hecho aposta para impedir que sus compañeros corrieran la misma suerte que los invasores?

El sacerdote no podía apartar la mirada apenas un rato de lo que pasaba en la base. Estaba asistiendo en primera fila al posible final de un emplazamiento de seres vivos. ¿Habría alguna posibilidad para los humanos? Si una base militar no había podido resistir el avance de los no-muertos, ¿Qué posibilidad podía tener un grupo de ciieles?

De repente un estruendoso ruido comenzó a escucharse y los zombies que había en el exterior de la base comenzaron a ser destrozados por las explosiones.

Mara abrió los ojos, despertada por el ruido lejano que iba creciendo. Se incorporó con ayuda del sacerdote y, desde la lejanía, vio cómo unos tanques aparecían en el horizonte para, posteriormente, entrar brevemente en la base militar, pasar por encima de los zombies y no dejar ninguno suelto. Mientras tanto los soldados se afanaban en acabar con los pocos que quedaban dentro de los edificios.

Mara decidió que era el momento de volver a casa. Y saber cómo estaba el mundo del se había ausentado.

Jornada 10. El final del principio II (XXVII)


Comenzó a avanzar pero el padre Xavier la agarró.

-¿Se puede saber qué intentas hacer? –le preguntó el sacerdote alarmado.

-Conozco a esa persona –dijo Mara señalando hacia la base militar-. Debo hablar con ella.

-Es una locura –dijo Xavier- La llanura está llena de zombies. Están por todas partes. No podrás acercarte a la base. Y si lo haces corres el peligro de que crean que eres otro zombie y te maten.

-Pero… debo hablar con ella –dijo con voz desesperada-. Puede responder a mis preguntas, ayudarme a recordar, a saber quién soy y qué me pasó.

El padre Xavier la agarró con más fuerza. Sabía que seguramente no hubiera sido rival para ella si no fuera porque estaba débil por las heridas. Sonrió amargamente pensando que a lo mejor era una señal del de ahí arriba.

-Debemos esperar –insistió el sacerdote sin hacer amago de dejarla ir-. Ahora no podemos hacer nada… salvo mirar.

Mientras tanto, su misterioso acompañante se había separado unos metros de ellos y parecía observar la escena ensimismado, como si estuviera viendo una película o un documental mientras seguía murmurando por lo bajo; acto que ponía muy nervioso al sacerdote.

Mara pareció calmarse un poco o al menos dejó de hacer fuerza, pero el sacerdote no se fiaba y no la soltaba. A lo mejor estaba esperando a que bajara la guardia para ponerse a correr valle abajo hacia una muerte segura.

-Lo siento –dijo el padre Xavier-, pero no puedo dejar que te suicides de una manera tan absurda. No tendría sentido. No, a estas alturas.

Los pies de Mara cedieron y se fue cayendo al suelo, quedándose de rodillas y mirando fijamente la batalla que a unos cientos de metros se estaba llevando a cabo.

Los siguientes minutos trascurrieron en silencio mientras asistían a la defensa del patio de la base militar y al continuo ataque de los zombies. El padre Xavier sabía que era una defensa desesperada, al menos con el número de zombies que había en el grupo de atacantes. El mismo parecía perderse en el horizonte. Eran lo más parecido a una plaga divina que había visto nunca. En realidad, nunca había visto tantos zombies juntos… y pensar que solamente eran los zombies de una ciudad… ¿qué habría en las grandes metrópolis del mundo? ¿Sería capaz el ser humano de vencer? Lo cierto es que le costaba ver los designios de Dios en todo lo que estaba pasando. ¿Sería cierto lo que se decía y estaría asistiendo al fin del mundo?

Finalmente los defensores fueron acorralados por los zombies. Ya no tenían escape alguno. De la garganta de Mara salió un grito ahogado. Y trató de ponerse en pie, pero se encontró con la oposición del sacerdote que había estado todo ese rato a su lado.

-Me temo que lo único que podemos hacer es rezar por un milagro –dijo apesadumbrado el padre Xavier mientras le cogía una mano y comenzaba a orar en silencio.

Jornada 10. El final del principio II (XXVI)


Mara no dijo nada cuando vio los cuerpos en su camino hacia la calle. No recordaba exactamente qué había pasado, pero si los había matado ella seguro que tenía una buena razón.

El que no hubiera zombies por las calles hizo que salir de la ciudad no fuera demasiado complicado. Sólo se paraban de vez en cuando por Mara, que no estaba ni mucho menos recuperada de sus heridas y que sólo se mantenía en pie gracias a su fuerza de voluntad.

El dolor que sentía en su cuerpo fue disminuyendo a medida que iba caminado. O más bien se iba acostumbrando al mismo. Aunque le daba rabia ser tan lenta. Necesitaba respuestas. Y creía que en esa base militar las encontraría.

El problema era que no sabía exactamente, o no lo recordaba, dónde estaba la base. Sabía que existía, que estaba a las afueras, pero… no recordaba el camino hasta la misma. Era frustrante, había avanzado un paso en recuperar su memoria, pero no parecía haber servido de nada.

Afortunadamente para todos, el buen samaritano parecía saber dónde estaba, dado que, al parecer, había estado cerca de la misma y podía guiarles hasta ésta.

Mientras caminaban hacia su objetivo comenzaron a escuchar explosiones y disparos. Mara aceleró el paso a pesar del dolor que crecía con cada paso que daba. Lo ignoró. La base parecía estar en una llanura y el grupo llegó a un montículo algo alejado de la misma. Y al ver lo que había en la base dieron gracias por ello.

La mayor parte de la llanura estaba llena de zombies que trataban de entrar en la base. Y algunos lo habían conseguido gracias a los cadáveres que se amontonaban en una de las vallas. El viento cambió de dirección y les llegó el nauseabundo olor a muerte y a carne quemada. Al parecer la cerca estaba electrificada y los cadáveres estaban siendo cocinados. Con lo que eso implicaba.

Nadie dijo nada. El espectáculo hablaba por sí mismo. En medio del patio se había montado una línea de jeeps desde la que disparaban a los zombies que entraban en la base en un número cada vez mayor.

Mara cogió unos prismáticos que llevaba en su mochila para trata de ver mejor. Las explosiones que habían escuchado parecían venir del exterior de la base, donde seguramente habían enterrado minas. Y aún ahora todavía se escuchaba alguna explosión aislada. Además desde los tejados parecían usar morteros para disparar su munición explosiva contra este extraño enemigo. Pero el número de zombies que había parecía hacer pensar que era como tratar de matar hormigas con una escopeta. Su número hacía irrisorio las bajas que se pudieran causar con cada disparo.

Centró su atención en los defensores. Y su corazón dio un vuelco al ver a uno de ellos. Le conocía. Desde el fondo de su cerebro le llegaron flashes de memorias. Conocía a una de las personas que estaba disparando desde los jeeps. Debía hablar con ella como fuera.

Jornada 10. El final del principio II (XXV)


El padre Xavier trató de explicarle lo que había pasado. Eligió no hablar del estado de los cadáveres de los mercenarios que había ido dejando por el camino.

-Lo tengo confuso –dijo Mara tratando de recordar-, me acuerdo de comenzar a disparar… de salir corriendo… creo que me alcanzaron pero…

-Supongo que ahora no importa todo eso –dijo el sacerdote-. Dime, ¿te acuerdas de tu vida antes de todo esto?

-Me vienen flashes a la cabeza, imágenes –dijo Mara-. Es algo confuso, sé que son recuerdos, pero todavía los tengo…

La persona que parecía haberla atendido medicamente intervino.

-La amnesia es un fenómeno muy extraño, se dice habitualmente que el propio cerebro la crea para proteger a la persona de algo malo. A pesar de todos nuestros avances, sigue siendo uno de los mayores misterios de la ciencia. Supongo que por eso los zombies están tan interesados en los cerebros, sabemos tan poco de esa materia gris, que ocupa tan poco pero que es tan importante –dijo como improvisando con aquélla particular teoría pero con tono seguro.

-Creo que había una base militar a las afueras de la ciudad –dijo Mara lentamente-, y creo que… de alguna manera, estoy conectada a la misma.

A continuación trato de incorporarse a pesar del dolor que sentía. El padre Xavier trató de detenerla.

-Has perdido mucha sangre –dijo mientras trataba de agarrar sus brazos para que no se levantara-, y estás herida, debes descansar y darle tiempo a tu cuerpo a que se recupere.

-Y a tu cerebro –añadió el misterioso benefactor.

-Pero puede que ahí estén las respuestas que busco –insistió Mara-, no puedo quedarme aquí, estando tan cerca de… algo así… importante.

El padre Xavier miró a la otra persona preguntándole con la mirada.

Éste se encogió de brazos.

-Si quiere ir nadie se lo podrá impedir, aunque me gustaría acompañarles si no les importa… por si surgen problemas con sus heridas. No quisiera que mi tiempo se echara a perder.

Mara tomó aliento y se puso en pie. El mundo comenzó a girar a su alrededor y volvió a caerse sobre el sofá con una profunda sensación de nauseas. Cuando el sacerdote trató de ayudarla Mara le indicó que esperara y volvió a ponerse en pie.

Esta vez más lentamente. El mundo seguía girando y continuaba con ganas de vomitar, pero ahora parecía poder mantener el equilibrio.

Tras un par de minutos todo pareció comenzar a cobrar su normalidad habitual y decidió quedarse quieta. Mara trató de dar un par de pasos, lentamente, tratando de olvidar el dolor que recorría todo su cuerpo.

Se mordió el labio inferior mientras daba otro par de pasos.

-Tengo un poco de morfina para el dolor.

Mara negó con la cabeza.

-Nada de drogas. El dolor me ayudará a recordar que no estoy soñando.

Vamos. Debo encontrar esa base militar.

Jornada 10. El final del principio II (XXIV)


Las imágenes iban y venían. Breves flashes de cosas incongruentes y sin sentido. Un árbol. Un incendio. Un GRAN incendio. Mucha gente muriendo. Gente muerta levantándose y caminando. Edificios que se caían. Un columpio. Doc, otro Doc que no era Doc pero era Doc. Barras y estrellas. Disparos. Explosiones.

Mara sabía que estaba soñando pero no conseguía saber el qué o interpretar las imágenes que parecían ir demasiado rápido para poder centrarse en ellas. Era frustrante. Estaban tan cercas… pero cada vez que alargaba la mano para tocarlas, éstas se alejaban, o se disolvían.

Cerró los puños y entonces se fijó que estaba flotando. Pero el líquido que la envolvía no era agua. Era sangre. Levantó una mano y vio que todo el brazo estaba rojo, chorreando sangre, miró a su alrededor. Le rodeaba la sangre. Intentó gritar, pero comenzó a vomitar sangre. Comenzaba a notar cómo su cuerpo se hundía en el líquido rojizo. No podía hacer nada por más que moviera los brazos.

Cerró los ojos. Contó hasta diez y volvió a abrirlos lentamente.

Ahora estaba en un prado, a lo lejos había una casa. Comenzó a caminar hacia ella y al cabo de ¿unos instantes? se encontró debajo de un árbol. Había un columpio medio colgado. Una de las cuerdas parecía subir y bajar. Dirigió la mirada hacia la rama de la que colgaba el columpio. Una niña estaba encaramada a una rama tratando de atar la cuerda del columpio. Vio a Mara y sonrió. Bajó de un salto y aterrizó justo delante de ella.

-Vaya –dijo mirando de arriba abajo a Mara-. Si que voy a crecer…

-¿Perdona? –dijo Mara algo confusa- ¿nos conocemos?

-Oh bueno, puede que me hayas olvidado –dijo sonriendo la niña-, pero volverás a recordar… aunque no te gustará lo que recuerdes.

-¿Tú eres yo?

-No, tú eres tú, yo soy yo, y ambas somos una –dijo la niña que seguía sonriendo-, estás gravemente herida. Pero confío en que te recuperes. Todavía nos quedan muchas cosas por hacer.

-Pero… no recuerdo nada.

La expresión de la niña se entristeció.

-Hay cosas que más valdrían no ser recordadas –los ojos de la pequeña comenzaron a humedecerse-. Pero supongo que sin esos recuerdos no seriamos… nosotras… Mara Grumpy. Y creo que ahora tendrías que recuperar el conocimiento.

Mara alargó el brazo para tratar de coger a la niña que comenzaba a desaparecer. De repente notó un gran dolor y sus ojos se abrieron. Se había incorporado. Y el dolor que sentía parecía que era real. Miró a su alrededor.

Vio al padre Xavier acercarse a ella rápidamente. Estaba tumbada en un sillón. Con venas en varias partes de su cuerpo. A su lado había otro hombre que no conocía… o recordaba, muchas gasas y trapos manchados de sangre a su alrededor en el suelo. Sonriendo. Una sonrisa acompañada por unos ojos… fríos, casi inexpresivos.

-¿Te encuentras bien Mara? –preguntó el padre Xavier acercándose más.

Mara se quedó unos instantes en silencio. Recolectando sus pensamientos.

-Creo… que recuerdo… cosas –dijo Mara lentamente- Pero todo es muy confuso. ¿Qué me ha pasado?