Jornada 9. La Ira de Dios (161)


-Esa misma. Cualquier persona con dos dedos de frente sabría que eso era imposible. Quiero decir, todo ese terreno fue ganado al mar con esfuerzo y a base de tirar piedras. Y si se soterrara estaría por debajo del nivel del mar… ¿se lo imagina? Es imposible. Estaría inundado todo el día… por no hablar de lo que pasaría los días de lluvia. Era un proyecto imposible. Y la gente se lo creyó.

-¿Ganó? –Preguntó con curiosidad Xavier.

-Eso es lo de menos. Lo que quiero decir es que por algo hay una ley que nos protege a los políticos de las promesas electorales. No son vinculantes. Podemos prometer la Luna, calles con suelos de oro, pleno empleo, acabar con una crisis, no subir impuestos… la vida eterna… Da igual. No nos pueden denunciar luego por incumplir esas promesas aunque se demuestre que nunca tuvimos intención de hacerlo. Somos intocables. Y la gente estúpida.