Jornada 9. El final del principio (X)


Mara, que todavía no era consciente del peligro que se cernía sobre ella se acercó a otra caja que parecía estar intacta. La etiqueta indicaba que contenía cajas de munición. La abrió y se le iluminó el rostro. Efectivamente, la caja contenía a su vez una gran cantidad de cajas de cartuchos. No era la munición que ella necesitaba para sus armas, pero seguramente más de uno se alegraría por su descubrimiento, entre ellos Doc que siempre iba con su escopeta a todas partes.

Dejó su fusil de asalto en el suelo para comprobar el interior de las cajas de cartuchos y asegurarse de que ni estaban vacías ni estaba estropeado el material del interior. Cogió una de las cajas al azar y la abrió cogiendo un par de los cartuchos. Los miró y revisó. No parecían estar rotos ni en mal estado. Bueno, al menos este viaje habría servido de algo.

Fue entonces cuando escuchó un ruido detrás de ella. Demasiado cerca de ella. Cuando quiso darse cuenta tenía un zombie detrás suya y sin tiempo para coger su fusil de asalto y disparar; optó por su arma de mano pero cuando la alzó para disparar el zombie ya estaba encima de ella y a pesar de apretar el gatillo varias veces sólo consiguió agujerearle el estómago.

Trató de apuntar más alto pero el zombie ya estaba alargando un brazo para alcanzarla. No tenía tiempo. Lo esquivó a duras penas perdiendo el equilibrio en el proceso y golpeándose la mano contra una columna, el golpe la obligó a soltar la pistola.

El zombie se giró para tratar de cogerla de nuevo. El arma había resbalado por el suelo unos metros y estaba fuera de su alcance. Miró rápidamente a su alrededor y vio que su única opción era retroceder hasta el pequeño armario que había en la sala. Retrocedió sin darle la espalda al no-muerto que trataba una y otra vez de alcanzarla con sus brazos aunque sin demasiado éxito. Demasiado lento ahora que ella estaba preparada. El problema era que estaba desarmada y entraba en un callejón muy pequeño sin salida.

Y ahí seguía. Dentro del hueco entre un falso techo y el techo de verdad que parecía demasiado duro como abrirse paso. Mara ahogó un grito de dolor al volver a mover el cuerpo. Había podido parar temporalmente la hemorragia. Pero no sabía por cuánto tiempo. Ni cuánta sangre habría perdido. El zombie seguía debajo de ella alzando los brazos tratando de alcanzarla. Sin mucho éxito por suerte. ¿No se podría aburrir e irse?

Fue entonces cuando vio cómo el zombie de repente parecía perder todo interés por ella.

Éste se giró y bajó los brazos. Parecía que algo le había llamado la atención. Unos segundos después escuchaba un atronador ruido y la cabeza del zombie había desaparecido de encima de sus hombros. El cuerpo cayó primero sobre sus rodillas y luego al suelo. Alguien lo había matado.

-Hola, ¿hay alguien ahí? –preguntó una voz con tono amable.

Mara se asomó por el agujero lentamente para estudiar el recién llegado.

-Soy el padre Xavier, ¿puedo ayudarte en algo hija mía? –preguntó el sacerdote con un tono más alegre al ver una persona viva.

Jornada 9. El final del principio (IX)


Mara entró lentamente en la armería, sin prisas, tenía todo el tiempo del mundo. Y no quería ser sorprendida por un zombie que saliera de repente de alguna esquina oscura. Intentó escuchar pero el viento que se había levantado en la calle creaba falsos ruidos y no había manera de saber si estaba sola o no.

Avanzó lentamente por la tienda. La mayoría de los estantes estaban vacíos. Algo lógico en realidad. Tampoco tenía muchas esperanzas de encontrar algo de utilidad, pero siempre podía tener suerte. Miró detrás del mostrador. Nada. Lo más curioso era ver cómo alguien había abierto la caja registradora que estaba vacía, y lo mismo pasaba con una caja fuerte que había debajo de la misma. A pesar de todo, mirando entre papeles que había por el suelo encontró unas llaves que se guardó. Podrían ser de utilidad. Los estantes detrás del mostrador tenían los cristales rotos y aparte de cajas vacías de munición no había nada de interés.

Miró hacia una puerta que había en la parte de atrás de la tienda.

Parecía estar intacta. Se acercó a ella lentamente, con todo el cuidado del mundo. Trato de abrirla sin suerte. Pasó la mano por encima de la superficie de la misma y la tocó con sus nudillos en varios sitios. La puerta parecía estar reforzada. Definitivamente ahí detrás podría haber algo. El marco de la puerta parecía haber recibido intentos de ser forzada pero quien fuera que lo había intentado no había tenido mucho éxito.

Sacó las llaves que había recogido con anterioridad y las fue probando. Una de ellas se introdujo sin problemas en la cerradura y la giró. Ya sólo le quedaba abrir dos cerraduras más.

Tras muchos intentos consiguió descubrir las dos llaves que abrían las cerraduras. El interior parecía estar oscuro y olía a humedad. No había manera de saber si ahí había muerto alguien. Iluminó la estancia con su linterna. Pasó la luz por cada rincón de la habitación pero no parecía haber problemas a la vista. Entró lentamente esperando que detrás de cada sombra saltara una amenaza. Pero éstas parecían haberse tomado unas vacaciones.

Miró a su alrededor. En la habitación vio un de puertas más y diversas cajas de cartón que mostraban signos de humedad. Abrió la primera puerta que conducía a una mini habitación que seguramente se usaba para guardar los trastos de la limpieza aunque en aquel momento no contenía nada.

La otra puerta llevaba a unas escaleras que subían al piso superior y al inferior. Seguramente un sótano. Decidió quedarse en la planta abaja por ahora. El viento comenzaba a soplar realmente fuerte dado que escuchaba ventanas en la calle dar golpes contra la fachada.

Miró las cajas pero la mayoría estaban vacías. Las etiquetas indicaban que contenían chalecos de cazador, utensilios de camping y cosas por el estilo, una de las cajas contenía diversas latas de carne envasada.

Dejó la mochila en el suelo y cogió un par de latas para ponerlas dentro. Ya volvería otro día a por el resto.

El ruido de las ventanas golpeando contra las fachadas de los edificios y el que hacía el aire al colarse comenzaba a ser estresante. Ese ruido fue el que impidió que Mara escuchara al zombie que acababa de entrar por la puerta de las escaleras.

Jornada 9. El final del principio (VIII)


Cuando se movió para acomodar su cuerpo notó un dolor en el estómago y se llevó la mano a la barriga. Cuando volvió a mirar la mano comprobó que la tenía manchada de sangre.

-Genial –dijo para sí misma-, ahora moriré desangrada en este apestoso agujero y seré la pareja del zombie de abajo.

No se podía creer su mala suerte. Maldita la hora que se le ocurrió meter la nariz en aquel sitio. Volvió a recordar sus últimos pasos que le habían llevado a esa desagradable situación.

Las calles parecían estar muy tranquilas. Demasiado. Casi desiertas.

No había tenido problemas hasta ese momento, dado que los pocos zombies que quedaban eran incapaces de cogerla. De vez en cuando se asomaba a algún escaparate para ver qué tenía en su interior. No le vendría mal conseguir algo de comida y munición. Más munición que comida. La comida enlatada se podría acabar pero la comida en sí… eso era más difícil; en cambio la munición… las balas iban a ser un problema. No crecían en los árboles.

Lo que más veía eran tiendas de ropa. Le sorprendía ver los vestidos que llevaban algunos maniquíes que estaban tirados por los escaparates o por la calle. Eran tan… tan… inseguros… ¿de verdad que alguien se ponía eso como ropa? Era natural que todos hubieran muerto. Sobre todo las mujeres, esos trozos de tela no daban mucha protección… ni tapaban en exceso. Se miró en un reflejo y pensó que no le vendría nada mal conseguir algo de ropa y unas botas nuevas. Aunque la primera vez que estuvo de compras su experiencia no fue muy agradable.

Uno de los carteles de la calle por la que paseaba señaló su objetivo.

Armería. Con suerte ahí podría encontrar munición o repuestos para las armas, que eso también iban muy bien.

A su alrededor no parecía haber ningún zombie.

Jornada 9. El final del principio (VII)


Dio un rápido salto usando los estantes de apoyo y sus manos alcanzaron el agujero que había hecho. Hizo fuerza con las manos para comenzar a alzarse. No miraba hacia abajo. No debía. Tenía que concentrarse en subir. Lo demás daba igual.

Tenía medio cuerpo por encima del agujero. Parecía un falso techo o algo así. Daba igual. Había sitio para refugiarse. Fue entonces cuando notó un tirón hacia abajo. El zombie parecía haberle cogido del pie.

Lo zarandeó varias veces. Notó un fuerte pinchazo en el estómago y luego sintió que tenía el pie libre. Hizo un nuevo esfuerzo con sus brazos y se arrastró dentro del pequeño refugio. Estaba mojado.

Parecía tener goteras y el agua se colaba por algún sitio. Miró buscando una salida. No la había. Maldita sea. Otra vez atrapada. Giró su cuerpo y se asomó levemente por el agujero. El zombie la miraba desde abajo y parecía estar rugiendo o algo por el estilo. El brazo que se había pillado en la puerta lo tenía colgando y amenazaba caerse. Un espectáculo lamentable.

Jornada 9. El final del principio (VI)


Mara se dio unos cachetes en los mofletes de su cara. Debía reaccionar. No podía morir ahí. No podía rendirse. No sin saber quién era o cómo había perdido la memoria. Debía sobrevivir para descubrir su historia. Fuera cual fuera.

Respiró hondo tratando de ignorar el ruido a madera quebrada que hacía la puerta. Debía escapar de ahí, encontrar una salida. Miró a su alrededor. Nada. Era un espacio demasiado pequeño para defenderse cuerpo a cuerpo. Miró la pared con las estanterías, eran simplemente unas cuantas tablas colgadas. Tal vez podría arrancar una y usarla como estaca… No era mala idea del todo. Un rayo de luz entró en la estancia. La puerta no resistiría mucho más. Arrancó una de las tablas golpeándola rápidamente desde abajo para separarla de sus soportes. La luz cada vez entraba por más zonas de la puerta. Y la tabla no parecía que fuera a servir de mucho.

Miró de nuevo. Buscaba un milagro, algo que la ayudara en esa hora de necesidad. Pero no se había materializado nada en el pequeño espacio desde la última vez que había mirado. Algo cayó sobre su cabeza. Algo húmedo. ¿Podría ser que tuviera otro zombie encima? Sería el colmo de la mala suerte. Se apartó un poco y puso la mano. En un instante algo húmedo cayó sobre su palma. Aprovechando la luz que entraba miró el color. Transparente. Recordó que cuando había entrado en la ciudad estaba nublado y amenazaba lluvia…

Usó las estanterías para escalar algo y acercarse al techo. Y lo golpeó tentativamente. Madera. No había pensado que el techo fuera de madera.

Había imaginado que sería más duro… como los edificios que había visto en ciudades más pequeñas o en casas. Tal vez… Apoyada en una estantería desde la que golpeaba el techo con la tabla, vio asomar un brazo por una de las rendijas que se habían abierto en la puerta. De repente, Mara saltó al suelo agarrando con ambas manos el brazo del zombie que asomaba, insertándolo con fuerza en la maltrecha puerta, clavándose, ensartado, atravesado por parte de la madera, y salpicando sangre por toda la estancia. Asqueroso, sí, pero eso le ayudaría a ganar algo de tiempo.

Cogió el trozo de madera que había arrancado antes y comenzó a golpear con fuerza el techo que tenía por encima de su cabeza. El zombie parecía haberse enfadado al ver cómo uno de sus brazos quedaba atrapado en la puerta y sus golpes comenzaron a tener más fuerza y frecuencia.

Mara aceleró también sus golpes mientras miraba de reojo el brazo del zombie que se movía hacia delante y atrás y quedaba cada vez más maltrecho. Si imaginarlo era suficiente para revolverle el estómago, verlo en primera fila no ayudaba demasiado. Debía olvidarse de ello y seguir golpeando el techo. Ahí estaba su esperanza de fuga. Comenzaron a caer trozos de madera. Sí. Eso era bueno. Golpeó con más fuerza.

Notaba el cansancio. Pero daba igual. Ya tendría tiempo de descansar cuando estuviera muerta.

Miró de nuevo hacia arriba. El agujero que estaba haciendo cada vez era más ancho. Pero le preocupaban las puntas de las maderas… No quería acabar como el brazo del zombie. La puerta cedió finalmente. Se le acabó el tiempo. Debía subir sí o sí.

Jornada 9. El final del principio (V)


-Estúpida, estúpida, estúpida –se repetía una y otra vez Mara en voz alta.

Se encontraba encerrada en lo que parecía ser un armario de un almacén. Tal vez lo que debía haber sido el sitio donde la señora de la limpieza dejaba sus cosas. Era un espacio muy reducido, con algunos estantes… y poco más. La puerta estaba siendo aporreada con ritmo cansino.

Mara se imaginaba al zombie desde el otro lado tratando de abrir la puerta a golpetazos sin darse cuenta que la puerta se abría hacia fuera y lo único que conseguía era mantener la puerta en su sitio, cosa que Mara agradecía y de la que no se quejaba. No tenía suficiente espacio para maniobrar. No podía disparar a través de la puerta dado que… sus armas se habían quedado por el camino y sólo le quedaba un triste cuchillo aunque tampoco tenía muy claro el poder maniobrar con un arma grande.

¿Cómo había llegado a esa situación tan ridícula, estúpida y peligrosa?

Recordaba cómo aquella mañana había entrado en la ciudad por una calle que parecía desierta. Sin problemas a la vista. Caminaba tranquilamente por las calles observando con atención, estudiando lo que tenía alrededor. Todo era nuevo para ella. Los edificios, las ventanas, los coches… Había visto coches a lo largo del tiempo del que tenía memoria. Pero en aquellas calles los había de todos los tamaños y colores. Y los edificios eran magníficos. Más grandes aún de lo que se imaginaba. Además, cada fachada parecía ser de un color diferente. Y dentro de cada edificio los estilos también variaban de una ventana a otro, de un piso a otro. Unos tenían ventanas con marco de madera. Otras de metal. Unas eran negras, otras rojas…

De vez en cuando alguna ventana golpeaba contra la fachada y podía ver… antiguos supervivientes que seguramente habían muerto esperando ayuda, ¿cuál debía ser su historia? En los callejones la cosa era peor, veía ratas, muertas, habían salido buscando comida pero no debían haber encontrado nada, y de vez en cuando veía también algún esqueleto de animal, tal vez un gato o un perro. A pesar de lo dantesco que era todo a Mara le resultaba nuevo.

Las calles estaban más limpias de lo que había pensado. Había visto películas de antes del Apocalipsis y siempre veía papeles mecidos por el viento. Miró a su alrededor. No había papel alguno volando. Pensó que era natural. La lluvia, el viento, las condiciones climáticas se habían encargado de eliminar casi todo rastro orgánico de vida humana de las calles.

Vio un par de zombies dentro de un coche, intentando salir, sin éxito.

¿Cuánto tiempo debían de llevar ahí? Al no tener recuerdos sentía una gran curiosidad por todo lo que podía haber pasado. Ese coche y sus ocupantes tenían una historia al igual que ella, pero nadie la sabría nunca… era algo bastante triste.

Los golpes que se habían vuelto atronadores en la puerta la sacaron de sus recuerdos. La puerta parecía comenzar a resquebrajarse. Ya no duraría mucho. Y entonces… entonces su historia moriría con ella.

Jornada 9. El final del principio (IV)


¿Qué había pasado? No tenía sentido. Miró hacia abajo. Tenía un cuchillo clavado en el pecho. Casi no recordaba lo que había pasado.

Llevaba toda la mañana observando a su objetivo. Sin perderle de vista salvo ocasionalmente para comprobar la situación de los zombies.

Luego… luego alguien le había tocado el hombro. Pero no podía ser.

Nadie era tan sigiloso. Y menos… el psicópata, recordaba al psicópata.

El tío que hablaba solo. Pero eso no lo había descubierto hasta más tarde. Se había girado para ver quién o qué le había tocado el hombro y… lo siguiente que recordaba era estar sentado con un cuchillo clavado en el corazón y un loco hablando consigo mismo.

¿Pero cómo había podido ocurrir? Él era un profesional. Estaba entrenado para enfrentarse a estas situaciones. Estaba en una misión.

Y no había relajado su vigilancia. Pero aquel individuo se le había acercado por detrás como si nada y le había clavado un cuchillo en el corazón con gran maestría de manera que no le había matado, pero si quitaba el cuchillo moriría desangrado.

¿Qué estaba diciendo ahora? Se fijó mejor. No parecía hablar solo, parecía hablar con… ¿su bolsa de viaje? Intentó volver a mirar. El cuchillo no se había movido ni un milímetro. Pero él tampoco se podía mover. Y ahora el psicópata se acercaba.

-Buen chico –dijo mientras se ponía a su altura- sigues vivo, bien, bien, enhorabuena, vas a pasar a la historia… espero.

¿De qué demonios estaba hablando ese tío? Él sólo estaba ahí porque le habían encargado matar a alguien. Un don nadie que había molestado a las personas equivocadas. ¿Cómo iba a pasar a la historia? Y más con ese maldito cuchillo en… un momento… ¡ERA SU CUCHILLO! No, no podía ser. Era imposible. Recordaba tener el cuchillo sujeto en el chaleco, asegurado. Pero… volvió a mirar incrédulo. Sí, ahí estaba su señal, en la empuñadura.

-Bien, o te voy a explicar detalladamente en qué consiste la intervención que te haré, dado que podría interferir con el experimento –el loco seguía hablando con él como si fuera lo más normal del mundo- pero puedes confiar en mí, sé lo que me hago.

Simplemente te abriré un pequeño agujero en el cráneo, te extraeré un trozo de cerebro en una región que no usas y luego… bueno… luego ya veremos.

¿Cómo? ¿Qué le iba a abrir el cráneo? ¿A quitarle parte de su cerebro?

Escuchó cómo se movía hacía detrás suya. Y luego un ruido como de un berbiquí… empezó a notar cómo le corría líquido por la espalda.

-Bueno, un poco de sangre, no pasa nada, no te morirás por esto –le aseguró el psicópata que parecía creerse un doctor o algo así.

¿Cómo era que nadie le ayudaba? Seguramente sus compañeros le debían de haber echado ya de menos, ¿no? O al menos sus informes, ¿o no había pasado tanto tiempo? Notó algo extraño, recordó aquella vez que le introdujeron una aguja que tocó un hueso… era el mismo dolor… trató de gritar pero no podía… El dolor era insufrible… quería desmayarse, morirse, lo que fuera antes de seguir teniendo que soportarlo.

El ruido cesó al igual que el dolor. Notó que tenía los pantalones húmedos.

-A ver… creo que era esta región –escuchaba decir desde detrás-, ahora no te muevas… y estaremos enseguida.

Notó un leve pinchazo, como si le clavaran una aguja y luego… nada… ¿estaría ya muerto?

-Bien, la primera fase se ha acabado –dijo la voz que regresó al frente- ahora viene la segunda.

Le siguió con la mirada, ¿qué iba a hacer? Había agarrado el cuchillo… y se lo había arrancado. Vio como la sangre salía a borbotones del interior de su pecho. Comenzó a notarse adormecido. No podía mantener los ojos abiertos. La oscuridad se apoderaba de él, no podía pensar claramente.

-Muy bien –decía la voz cada vez más lejana- y ahora cuando mueras a ver si te conviertes en zombie o no.