Jornada 02 Soviets (8)



-Pero parece que sí espera que lo hagan los zombis –respondió Vladimir señalando el fusil de asalto.

-Esos son todavía más estúpidos que los perros de la KGB, ni suben ni bajan ni corren ni saltan. Desde mi primo Pyotr que no he visto a nadie más inútil.

-¿Y los disparos entonces?

El soldado soviético suspiró.

-Estábamos entreteniéndonos un rato desde las torres. Una apuesta amistosa. Pero los jodidos muertos vivientes no están por la labor de colaborar. Cada vez que les metemos una bala en el ojo se caen redondos.

-¿Y cuál es el problema? –Preguntó Vladimir interesado.

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Jornada 02 Soviets (7)



La ayuda de los científicos había sido hasta el momento pobre. La mayoría había huido a Occidente debido a las promesas que se les habían realizado, y los que se habían quedado habían sufrido accidentes desafortunados al comenzar a estudiar a los zombis y no tomar las medidas de seguridad adecuadas. Así que ahora los soviéticos se encontraban en la tesitura de que sus mejores mentes se encontraban huidas o muertas y no conseguían averiguar cómo acabar con el fenómeno zombi.

Por su parte Vladimir había escrito varios informes al respecto y los había distribuido entre los Mandos militares que al principio se habían mostrado reticentes, era natural, él era un agente del KGB y por definición los lacayos del Politburó que hacían su trabajo sucio. Pero esa misma posición y el miedo que causaba fue lo que permitió finalmente que los militares le escucharan y se pusieran mano a la obra.

Pero el mayor descubrimiento lo había realizado un día mientras revisaba y visitaba las torres de vigilancia que había alrededor del muro. Había ido escuchando disparos y gritos a intervalos más o menos regulares lo que le había alarmado. ¿Podía ser que los zombis hubieran conseguido finalmente superar las defensas? Fue corriendo y se tranquilizo al escuchar risas. Subió por una de las torres ante la sorpresa del soldado que a punto estuvo de dispararle creyendo que era un zombi.

-¿Qué han sido esos disparos? –Preguntó alarmado Vladimir sin hacer caso al AK con el que le estaban apuntando.

-¿Y quién es usted? –Preguntó el soldado con cierta sorna.

-Vladimir Putin, KGB –respondió mirando a su alrededor.

-No sabía que los perros podían subir las escaleras –dijo el soldado mostrando su disgusto.

Jornada 02 Soviets (6)



Berlín Occidental había sido abandonada a su suerte y se había convertido en un nido de zombis que amenazaban con invadir la parte oriental de la ciudad y que por ahora no lo habían conseguido básicamente gracias al muro que dividía la ciudad.

Vladimir lo había estudiado y sabía que tarde o temprano el muro caería si no se hacía algo. Y además, había otros puntos a lo largo de la ciudad que eran vulnerables y los militares no parecían estar por la labor de hacer su trabajo. Había que hacer algo.

Las noticias de Moscú no eran esperanzadoras tampoco. Sólo el complejo conocido como el Kremlin resistía y las órdenes eran impedir a toda costa que los zombis occidentales invadieran la Madre Rusia o se tendrían que enfrentar a ellos en dos frentes a la vez. Berlín se había convertido en el punto clave desde el que se decidiría si la Unión Soviética y sus aliados sobrevivían o perecían. Y Vladimir iba a hacer todo lo posible por impedir que pasara lo más nefasto. El invierno se acercaba y los científicos decían que los zombis no resistirían las bajísimas temperaturas del interior de la URSS, y que por ello era prioritario impedir su avance en el frente occidental.

Jornada 02 Soviets (5)



Vladimir siempre había creído en la Madre Rusia y su objetivo, desde pequeño, había sido servir con honor. Se había preparado en la universidad y había salido con el título de abogado, que al contrario de lo que las malas lenguas decían, era un empleo valorado y necesario en el país y más si se pretendía seguir una carrera diplomática. Pero antes de que pudiera hacer planes el KGB llamó a su puerta, y nadie le decía que no al KGB.

Cuando la plaga zombi estalló estaba destinado en los servicios de contra-inteligencia y sus informes constantes señalaban claramente que el levantamiento de zombis era un fenómeno global y no un ataque biológico como el ala más dura quería hacer creer. Afortunadamente para él y el resto del mundo, antes de que los misiles nucleares comenzaran a volar, el Premier sufrió un ataque al corazón y murió. Pero las cosas sólo empeoraron y el país se vio invadido por zombis sin que nadie supiera qué hacer. Como pago a sus servicios fue destinado a Alemania Oriental, y más concretamente a Berlín.

Cuando llegó la ciudad estaba inmersa en el caos. El gobierno había huido o muerto y las instrucciones de sus superiores eran del todo menos claras. En situaciones normales simplemente se habría dedicado a recabar información sobre los americanos y tratar de descubrir a sus aliados entre la población. Pero aquellas no eran condiciones normales y sus órdenes eran vagas. Pero a la vez le permitían bastante libertad.

Jornada 02 Soviets (4)



Ese incidente con el paso del tiempo siguió estando rodeado de misterio y secretismo siendo castigado con la pena de muerte el tratar de investigar sobre el tema. Rumores hay muchos, desde que el ala dura del Politburo decidió experimentar con lo que pasaría con los zombis expuestos a radiación hasta que fue un accidente provocado por los norteamericanos para desestabilizar un país que no estaba siendo tan castigado por los zombis como el resto del mundo con el problema a largo plazo que eso podría suponer. La Unión Soviética consiguió mantener casi por completo sus ejércitos y arsenales sin problemas y trató de dejar que el invierno soviético y el tiempo acabara con el problema.

El caso es que ese incidente marca un antes y un después en la política soviética que decide aislarse completamente del resto del mundo y centrarse en la amenaza zombi de una forma más activa. Las tropas comienzan a entrenarse intensivamente contra zombis y las fronteras con Asia son reforzadas. Miles, tal vez millones de refugiados son matados sin contemplaciones y quemados (o en otro orden) para impedir la expansión de la Plaga. Y el resto de países aliados de los soviéticos solicitan la ayuda militar a cambio de ceder poder político y pagar por los costes generados. Sus soldados pasan a formar parte del ejército soviético y a ser entrenados para acabar con la amenaza zombi.

El muro de Berlín se refuerza y se expande ante el aplauso de los habitantes de Alemania Oriental que miran con miedo cómo la población zombi capitalista podría invadirles.

Jornada 02 Soviets (3)


El Kremlin, a pesar de todo, resiste gracias a sus murallas construidas a lo largo de la historia. Los zombis no pueden con unos muros de más de tres metros de grosor y cinco de altura, y Gorbachov decide quedarse ahí como símbolo para el pueblo de su no-rendición.

Los zombis lentamente aprovechan el buen tiempo para expandirse por el resto de la Unión Soviética y los países comunistas al otro lado del llamado Telón de Acero incapaces de detenerles. El número de muertos y zombis crece exponencialmente hasta la llegada del invierno ruso que hace que los zombis detengan su avance dentro del país soviético y en su mayoría desaparezcan congelados y hechos pedazos. Ese respiro no se produce en el resto de aliados de la URSS que sufren cada vez más la plaga.

Y entonces llegó el 26 de abril de 1986. La central nuclear de Chernóbil explota librando un material tóxico y nuclear sin precedentes en la Historia de la Humanidad y que se dice que fue 500 veces superior a lo liberado con las bombas norteamericanas.

Las pérdidas humanas se redujeron dado que la zona había sido abandonada hacía mucho tiempo por los seres humanos… vivos. Los soviéticos se encuentraron ante un nuevo problema: zombis radioactivos.

Jornada 02 Soviets (2)


A mediados de los 80, los muertos comenzaron a volver a la vida sin una explicación científica lógica en lo que se pensó que era un ataque biológico norteamericano. Chernenko, presionado por el resto del Politburo preparó los misiles nucleares para ser lanzados contra los enemigos del estado y comenzar la 3ª Guerra Mundial, y cuando estaba a punto de dar la orden… murió. La presión finalmente había podido con su corazón y éste había dicho basta. A pesar de estar declarado el estado de emergencia y excepción, su sucesor, un jovencito llamado Mijaíl Gorbachov, decidió retrasar el ataque nuclear para honrar al líder muerto, lo que al final se descubrió como una de las medidas más afortunadas de la historia de la Humanidad. Con esos días de más se descubre que no sólo la URSS está sometida a ese extraño fenómeno sino que el resto del mundo también sufre esa plaga.

El nuevo líder la Unión Soviética decidió alargar su mano para ayudar al mundo capitalista en una decisión que le dejó tocado dentro del partido, al ser interpretada como una medida de debilidad. El resto de líderes del mundo rechazó la ayuda de una de las fuerzas militares mejor preparadas del mundo, desconfiando de que no fuera un ataque biológico urdido por los soviets.

La cosa se complicó aún más cuando su antecesor resucitó ante la mirada de miles de ciudadanos que habían ido a rendirle los últimos honores y asegurarse de que realmente estaba muerto. El caos que eso provoca hace que cientos de personas mueran aplastadas ese mismo día y, mientras el Politburo trata de decidir qué hacer con el zombi de Chernenko, éstos acaban resucitando y aumentando el caos en Moscú; de esta forma, el número de muertos ante esta amenaza aumenta y comienza a cifrarse en decenas de miles al ser todo el mundo sorprendido y no saber qué hacer ante ese nuevo fenómeno de los muertos resucitando. Demasiado tarde se decide que los cuerpos de los muertos hay que quemarlos enseguida, Moscú está perdida y la gente huye aterrorizada al ver que ni el ejército es capaz de detener esa marabunta que no respeta edades o sexos o posiciones sociales.