Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (19)


¿Cómo? –preguntó haciéndose el sorprendido Zafra . ¿La jodida cabalgata? Pero si es marrón del quince.

Cuide su vocabulario Zafra –le advirtió el comisario . Y no se haga el olvidadizo. A cambio de disfrutar todo agosto de vacaciones usted se encargaba de los preparativos de seguridad de Reyes.

Zafra se rascó la cabeza pensativo.

Pues no consigo recordar esa conversación, comisario –dijo Zafra intentado zafarse de tener que vigilar la cabalgata.

Zafra, por el amor de Dios, no me sea mezquino –respondió el comisario subiendo algo el tono de su voz . Y no me obligue a recurrir a otros métodos para hacer recordarle.

Finalmente Zafra suspiró. Sabía que el comisario Montejano le tenía cogido por los mismísimos y tampoco era cosa de cabrear al viejo, no demasiado.

Bien, bien, usted gana, organizaré el dispositivo de vigilancia –dijo como si estuviera haciéndole un favor al comisario . Pero como algún crío se me acerque o me tiren un caramelo y me dé en los ojos… no respondo de mí.

Bueno, bueno, no será para tanto –respondió el comisario moviendo la mano en señal de que eso no pasaría.

Y si no es indiscreción, ¿cómo es que este año no se ocupa usted del dispositivo? –preguntó con cierta mala idea en el tono de su voz Zafra.

Mi mujer me ofreció voluntario para llevar a mis nietos a la cabalgata –dijo Montejano encogiéndose de brazos . Y ya sabe que dónde hay mujer no manda marinero. Así que estaré en la cabalgata, pero con mis nietos. Así que espero la mejor protección posible este año o rodarán cabezas.

Zafra tragó saliva. Ahora sí que tenía un marrón encima. No sólo tenía que vigilar la cabalgata sino que tenía que salir todo perfecto, jodidos niños… con razón había seguido soltero y se había alejado de los críos todo lo posible. Sólo hacían que dormir, cagar, y comer. Un agujero de tiempo, dinero y vida. No, mejor seguir soltero y no complicarse las cosas.

¿Desea algo más? –preguntó Zafra esperando que la respuesta fuera negativa y no hubieran más sorpresas a la vuelta de la esquina.

El comisario se quedó pensativo durante unos segundos mientras parecía hacer memoria.

Ah sí, averígüeme cómo es que no había ninguna patrulla en el Parc de la Mar el otro día cuando apareció un grupo de zombis –le ordenó el comisario Montejano . La alcaldesa no está muy contenta de que los militares se estén poniendo medallas.

Zafra volvió a tragar saliva. Menos mal que el comisario estaba peleado con la tecnología dado que sino seguro que habría averiguado que le tocaba a él estar por la zona… y el caso es que lo estaba… pero en el bar tomándose una cervecita tranquilamente disfrutando de las turistas que paseaban por las calles.

El comisario Montejano siguió hablando.

Y no suspenda vacaciones a nadie para lo de la cabalgata –le advirtió el comisario- que nos conocemos y a usted le encanta joder a sus compañeros.

No sé de dónde ha sacado esa idea –se defendió Zafra.

Que nos conocemos Zafra, que nos conocemos. Y su fama es bien merecida.

Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (18)


El comisario Montejano miró una vez más el fax que les había llegado. Seguramente también habría llegado a su correo electrónico, pero antes se congelaría el infierno que él aprendería a usar el maldito lector de correo electrónico. Normalmente era su ayudante quien abría los correos y seleccionaba los más importantes para imprimirlos y dárselos al comisario, pero había tenido que darle vacaciones si quería contar con él para Reyes.

Maldita la hora en la que llegó aquel fax. Una alerta sobre una terrorista internacional que parecía encontrarse en la isla… ¿de vacaciones? Por el amor de Dios, ¿es que no se podía haber ido a otra parte a pasar las Navidades? No tenía ni tiempo ni efectivos para montar una puñetera caza del hombre, bueno, de la mujer, que en esos días había que ser políticamente correctos.

Que se ocupe la policía nacional y la guardia civil –dijo para sí mismo en el interior de su despacho mientras dejaba el fax tirado en la mesa.

Las Navidades eran uno de los peores momentos de aquel trabajo. Las denuncias se multiplicaban, al igual que los accidentes, y en vez de ser una época de paz y amor era una época de violencia doméstica y accidentes de tráfico, sin olvidar a los listillos de turno que aprovechaban esas fechas para entrar en casas ajenas y conseguir sus regalos de Navidad. Y todo eso con la mitad de la plantilla habitual. Porque todo el mundo quería estar con la familia y celebrar las fiestas en paz y no en un coche patrulla llevando a cabo controles de alcoholemia.

Y la plantilla de la policía no había aumentado precisamente con los años. El gobierno local no consideraba oportuno gastarse dinero en plazas que luego no serían ocupadas. Lo cual era cierto, hasta ese momento que se había revitalizado, o eso parecía, el turismo, y con ello había aumentado la delincuencia, los accidentes… esperaba convencer al concejal de turno que era necesario poner nuevas plazas para el año siguiente. Pero al menos, en lo que los políticos sí se gastaban dinero, era en el equipamiento de la policía.

Había recibido hacía nada unos nuevos walkies que ni siquiera se ponían llamar así; eran una cosa pequeña, nada aparatosa y que permitía moverse con libertad. Además de contar con chalecos antibalas, nuevo armamento, nuevos vehículos…

¡¡Zafra!! –gritó el comisario para hacerse escuchar.

En unos segundos un policía tocó en la puerta y entró acelerado pero con cara de no haber roto un plato.

Cuelgue esto en el tablón de anuncios –dijo el comisario mientras le pasaba el fax- Cuando vuelva Joan le pide el cartel a color, que seguro que está en mi correo.

Zafra cogió el papel y lo miró con algo de asco pensando en que él no era un puñetero mensajero. En vez de decir eso simplemente asintió.

-¿Algo más? preguntó Zafra diligente.

Sí –respondió el comisario , recuerde que estará a cargo del destacamento que vigile la cabalgata.

Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (17)


Doc no sabía si sonreír o gritar… La escena mostraba a una pareja con sus hijos poco después de un ataque zombi… pero no había duda, la mujer era Mara Grumpy, ¡y una vez más le había localizado! Maldita mujer y maldito el día que se le ocurrió jugar con ella subestimándola. Pero de todas maneras… ¿Qué podía hacer ella esta vez? No tenía ningún ejército bajo su mando, no tenía ayuda alguna… no se podía considerar a ese imbécil de Gerald como ayuda, más bien un estorbo. No podían hacer nada para impedir sus planes. Tal vez sería mejor así. No saldrían vivos de esa ciudad.

Pero aún así… había que ser precavido. Se acabaron los viajes; de todas maneras el plan en la prisión ya estaba en marcha, y la base militar estaba acabada y a pleno rendimiento. Su presencia no era necesaria. Lástima no poder enviar a nadie para acabar con ella. Pero no era cuestión de llamar la atención antes de tiempo. Los zombis harían el trabajo. Y si no… bueno, habría tiempo para lidiar con ella cuando la ciudad estuviera en poder zombi y las llamas invadieran todo.

Volvió a mirar la pantalla fijamente. ¿Quiénes serían esos críos que estaban con la pareja? Siempre había odiado a los niños, pequeños, sucios, estúpidos, indisciplinados, inútiles… Sólo de pensar que alguna vez había sido niño le producía arcadas. Daba igual, seguro que también morirían junto a Gerald y Mara. Quién sabe, tal vez incluso acabarían vagando por las calles como no-muertos y si se daba ese caso habría que acabar con su miseria, pensó sonriendo.

Miró el calendario que colgaba en una pared, un recuerdo de un tiempo menos digital, todavía quedaban unas semanas para lanzar el proyecto oficialmente. Semanas que se harían largas ahora que sabía que sus enemigos estaban en la ciudad. Había pasado por su cabeza adelantar los planes pero sería complicado, todo estaba planeado al más mínimo detalle, y cambiar ahora podría afectar a los resultados. Respiró hondo, esperaría, cultivaría su paciencia pensando en lo que Mara sufriría cuando sus planes se pusieran en marcha. Ver morir a toda esa gente de nuevo, y no poder hacer nada… quién sabe, a lo mejor volvía a perder la memoria.

Lo que sí llevaría a cabo, para hacer más emocionante el juego, sería pasar la foto de la exmilitar a los soldados y a las autoridades locales. Eso no afectaría realmente a la seguridad de la ciudad o la isla, pero sí que haría que Mara tuviera que esconderse y andar con más cuidado. Y haría que no tuviera tiempo para tratar de cazarle. No sería un problema, sino un entretenimiento y, lo mejor de todo, es que no podría escapar. ¿Cómo podría abandonar una isla rodeada de agua? ¿A nado? No pudo evitar reírse en voz alta ante su ocurrencia. Por fin estaba a punto de acabar el juego que había comenzado hacía tanto tiempo.

Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (16)


Sí respondió uno de los sobrinos aunque parece que te has oxidado. Se notaba que ese grupo eran zombis. Si tenían comida media cara por los peces. Has tardado demasiado, y además… ¿Un disparo de aviso primero…?

Mara se mordió la lengua mientras trataba de calmarse buscando algo en su mente que redujera su enfado.

Aunque cuando te has puesto a disparar en serio lo has hecho muy bien –dijo otro de los sobrinos mientras todos asentían con la cabeza , así que supongo que no estás tan mal.

Los soldados iban bajando los cadáveres zombis por las escaleras y Mara les seguía con la mirada tratando de prestar la menor atención posible a los sobrinos de Gerald. Si seguían hablando…

Bueno chicos –dijo Gerald interviniendo finalmente- mejor que vayamos poniendo en marcha que seguro que Mara tiene cosas que hacer.

Los sobrinos no parecían muy contentos con su tío y se lo hicieron saber mediante lamentos y peticiones de ‘un minuto más’. pero Gerald se mostró severo… sabiendo que su vida podía correr peligro.

Mientras los sobrinos recogían sus mochilas y guardaban varios juguetes Mara volvió a mirar fijamente a Gerald.

¿Cuánto tiempo más estarás por aquí? –preguntó Mara resistiendo la tentación de estrangularle ahí mismo.

Unas dos semanas –respondió Gerald dudando . Mínimo hasta Reyes, y tal vez un par de días más para que disfruten de sus regalos. Luego supongo que se los devolveré a sus padres.

Conoces los antecedentes de Doc –señaló Mara . No sé si es seguro tener a tus sobrinos por aquí.

Gerald suspiró. Sabía que Mara tenía razón. Por lo que había podido averiguar de Doc su foto debería ilustrar la definición de psicópata, y la de científico loco, pero a pesar de que estaban en plena era tecnológica, la información a veces había que ir a buscarla.

Sea lo que sea lo que tenga planeado Doc –dijo finalmente Gerald poniéndose serio , tengo preparados planes de contingencia. No pasa nada en esta isla de lo que yo no esté enterado. A la menor señal de problemas mis sobrinos estarán en el aire a bordo de mi jet sanos y salvos.

Confías mucho en poder llegar hasta el aeropuerto –señaló Mara mirando al cielo.

Si no es posible entonces hay un yate atracado prácticamente enfrente del hotel –dijo sonriendo Gerald , con un helicóptero por si acaso a bordo. Y si todo falla…

Siempre te queda el submarino –dijo Mara asintiendo . Parece que tienes muchos planes de fuga previstos. Claro, que ya sabes lo que pasa con los planes.

¿Qué siempre salen bien? –preguntó Gerald con tono irónico . Sea lo que sea lo que Doc prepara mis sobrinos estarán lejos cuando lo lleve a cabo.

Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (15)


Los sobrinos de Gerald que habían estado observando la escena al ver al teniente irse llegaron corriendo a la altura de la pareja justo en el momento en el que Gerald recuperaba la voz.

¿Cariñito? ¿Que no soy agraciado? –Gerald estaba indignado.

Mara observó que los sobrinos se habían acercado a ellos y la estudiaban con detenimiento. Cosa que estaba comenzando a resultarle incómoda.

¿Sucede algo con mi cara? preguntó Mara finalmente.

Ante la pregunta los sobrinos retrocedieron un paso como si estuvieran asustados a pesar de que sus ojos no dejaban de estudiarla. Se giraron para mirar con cierta sorpresa a su tío.

¿Es ella tío G? –preguntó uno de ellos.

Gerald parecía incómodo ante la pregunta y guardó silencio. Mara no tenía claro lo que estaba pasando pero había algo que no le gustaba… Se acercó a los sobrinos.

¿Quién se supone que tengo que ser? –preguntó con cierto tono de amabilidad en su voz.

La asesina –respondió otro de los sobrinos entre emocionado y algo tímido.

La cazadora de zombies –añadió otro de los sobrinos . La que salvará el mundo como dice la leyenda.

Mara miró con cierto disgusto a Gerald sin acabar de entender a qué se estaban refiriendo. Pero fuera lo que fuera, que la llamaran tan alegremente asesina no era algo que le gustara.

Tío Gerald nos contó que en cada generación nace una mujer con habilidades superiores –continuó uno de los sobrinos , que debe ser entrenada para así poder combatir el mal que invade el mundo a pesar de ser perseguida y odiada. Y que para conseguir triunfar sobre el mal necesita de la guía de un vigilante. Alguien que la entrena y le guía en los momentos más difíciles.

El enfado de Mara era visible. ¿Pero en qué estaba pensando Gerald contando semejantes tonterías a sus sobrinos? ¿Quién se pensaba que… era?

Un segundo –dijo en voz alta Mara . Vuestro tío se supone que es… mi vigilante, la persona que me ha entrenado y preparado para… ser la asesina.

Los sobrinos asintieron moviendo la cabeza rápidamente.

Tío Gerald nos contó que te encontró vagando sin memoria –respondió un sobrino y que reconoció enseguida tu potencial. Te entrenó en todas las artes para combatir a los zombis y te dio un propósito en la vida. Incluso con el tiempo consiguió que recuperaras la memoria.

Mara miraba indignada a Gerald que se limitaba a sonreír tímidamente como diciendo que lo que estaban contando los niños eran… invenciones.

Así que le debo todo a vuestro tío –dijo Mara sin saber si dispararle o ahorrar la bala y tirarle muralla abajo al lago a ver si todavía quedaba algún zombi.

Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (14)


Gerald miró a Mara algo asustado sin saber qué decir o qué hacer, ésta por su parte le pasó su brazo por debajo al informático y se acercó a él mimosamente mientras comenzaba a hablar con un tono de voz de falsete.

Teniente, gracias a Dios que han llegado –dijo Mara con una voz muy femenina y poco habitual . Esos zombis… han estado a punto de matarnos. Pero ahora que el ejército ha llegado podemos considerar que estamos a salvo.

El teniente, que seguía con la espalda recta sonrió amablemente.

No tiene de qué preocuparse –le dijo sacando pecho y sin dejar de sonreír , estos bichos parecen peligrosos pero en realidad son muy torpes. No han corrido ningún peligro. Según parece ha sido un accidente. La marea de vez en cuando nos juega alguna mala pasada.

Mara asentía con la cabeza como si el teniente estuviera explicándole el principio del universo.

El lago que hay ahí en medio –dijo señalando una zona de agua que había justo debajo de la muralla contiene agua marina; y para que el agua no se estanque tenemos varios canales que hace que se comunique con el mar al otro lado de la autopista. Y de vez en cuando la marea trae cadáveres y éstos o suben por el rompeolas y son atropellados por los coches que circulan a gran velocidad provocando aparatosos accidentes o se cuelan por las tuberías. Normalmente los filtros los retienen y cuando los revisamos nos encargamos de los desgraciados. Pero de vez en cuando… los filtros no resisten y los muy desgraciados se cuelan…

Pero afortunadamente no ha pasado nada –dijo Mara mostrando rostro de alivio . Gracias a sus valientes soldados.

Bueno, supongo que esas personas –dijo el teniente señalando al personal de seguridad nos han hecho un favor.

Mara miró e hizo una señal como si no fueran importantes.

Oh bueno, eso fue mi querido maridito –dijo Mara mientras le cogía una mejilla a Gerald , que es muy miedoso e insistió que nos acompañaran. ¿No es cierto G?

Gerald aún aturdido simplemente asintió con la cabeza.

Todo lo que sea por mi cariñito –dijo Mara estirando de nuevo la mejilla del informático y mis queridos retoños.

Mara señaló a los sobrinos de Gerald que habían estado mirando con cierta curiosidad y les saludó con la mano. Éstos sonrieron y le devolvieron el saludo.

Son taaan monos –continuó Mara . Menos mal que han salido a la parte de mi familia. G y sus familiares no son tan agraciados, aunque sí tienen cierta inteligencia que les hace ser útiles.

El teniente sonrió y asintió.

Bueno, si me disculpa tengo que supervisar que las tareas sean llevadas a cabo según las ordenanzas. Espero que disfruten de su estancia en la isla y no piensen mal de nosotros por este pequeño e insignificante incidente.

No se preocupe teniente –dijo Mara devolviendo la sonrisa . Los accidentes ocurren, y es el mundo en el que nos ha tocado vivir. Pero gracias a valientes como usted podemos estar más seguros.

El teniente volvió a cuadrarse, y luego les dejó para ir a ver qué estaban haciendo sus hombres.

Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (13)


Entre el primer disparo y los siguientes apenas transcurrió tiempo. Como suele ocurrir cuando un grupo no muy numeroso de zombis se enfrentaban a personal entrenado y con experiencia. Tanto Mara como un par de los miembros del equipo de seguridad dispararon con pulso firme y puntería al grupo de zombies acabando con ellos rápidamente de certeros disparos a la cabeza.

Los otros miembros del equipo seguían vigilando los puntos ciegos de sus compañeros confiando en los mismos para acabar con la amenaza.

Una decena de disparos después los cadáveres que habían subido por las escaleras se encontraban tirados sobre el suelo, y sin vida… o no-vida, una de las cosas que Mara nunca había tenido claro.

Aunque la gente pudiera pensar lo contrario al verla en acción, a Mara no le producía ningún placer matar, ya fuera a gente viva o a cadáveres ambulantes. Pero tras pasar tantos años con Xavier había entendido su filosofía respecto a aquellas cosas, aquellos no-muertos no habían pedido volver a la vida, y mucho menos extender la muerte a su paso. A diferencia del sacerdote, ella no creía estar haciendo la labor de Dios en la tierra, pero sí que pensaba que les estaba haciendo un gran favor acabando con esos cuerpos animados sin vida. Y si los que intentaban acabar con su vida estaban vivos… peor para ellos. Tenía planes y no tenía prisa por morir. Aunque siempre trataba de no matarles si simplemente eran pobres desgraciados cumpliendo con su obligación y que se encontraban en el peor sitio en el peor momento.

Unos minutos después, el resto de padres que no habían sabido qué hacer recuperaron la compostura y con sus móviles comenzaron a llamar a las autoridades para denunciar el asalto zombie, salvo algún avispado padre que lo que hacía era llamar a los medios de comunicación ya fuera bien para criticar las pobres medidas de seguridad de la ciudad o ya fuera para aparecer de invitado en algún programa como víctima de los zombis. Mientras tanto los niños habían continuado jugando prácticamente ajenos a lo que había ocurrido a su alrededor. Mara no pudo evitar sentir cierta envidia, los niños sólo habían conocido un mundo con zombis y armas por lo que para ellos era algo normal su existencia… y durante un tiempo ella había sido como ellos, sin memoria de lo que había pasado en el mundo antes del Apocalipsis.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por la llegada del ejército. Una patrulla se acercaba rápidamente por las escaleras por las que ella había descendido. Rápidamente escondió su arma para no tener que responder a incómodas preguntas. Llevar un arma no era algo extraño en aquellos tiempos pero… mejor no llamar la atención más de la cuenta.

Un joven teniente, como parecían serlo todos, comenzó a dar órdenes a los soldados que le acompañaban: asegurar la zona y que no hubieran más de esas cosas en los alrededores, cerciorarse de que no quedaba rastro de movimiento, y deshacerse según el protocolo de los cuerpos.

Mientras los soldados cumplían las órdenes el teniente fue saludando uno por uno a todos los padres presentes hasta que llegó a la altura de Mara y Gerald.

Soy el teniente Torres –se presentó cuadrándose- para servirles a ustedes, la patria y a Dios.