Jornada 7. De policías y militares (66)


El comisario tuvo que hablar a favor de los pocos soldados que quedaban señalando que se habían quedado para defenderles y habían luchado valientemente…. Y muerto. Pero a pesar de su defensa el resto de supervivientes les seguían mirando con recelo.

Las buenas noticias eran que no se morirían de hambre o de sed. La torre contaba con un aljibe que estaba repleto de agua potable. Y en la planta baja habían encontrado suficientes víveres como para subsistir unos meses así como material del ejército de campaña como sacos de dormir. Al parecer el comandante Bonet había previsto tener que refugiarse en la torre si no podía escapar del castillo a tiempo.

Había informado de todo a Alex y le había deseado buena suerte. Ya no podía hacer nada más por ellos. Ahora debía tratar de encontrar a su hermano.

Las primeras horas pasaron rápidamente mientras el comisario iba organizando guardias, repartía suministros y decidía cómo repartir el espacio que había en la torre. También había que comprobar el armamento con el que contaban.

Con las primeras luces del nuevo día comenzó a notar el cansancio. Apenas había dormido la noche anterior y ahora la tensión comenzaba a desaparecer y notaba cómo los ojos se le cerraban. Hizo una última ronda. Comprobó que las aguas parecían estar calmadas, sobre todo gracias también al cansancio de la gente y se retiró a una estancia con uno de los sacos de dormir.

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Jornada 7. De policías y militares (65)


El comisario respiró aliviado. Al menos habían ganado algo de tiempo. Miró a su alrededor. No había podido hacerlo antes con toda la tensión. Pero ahora era el momento de ver dónde se habían metido y calcular cuánto tiempo podrían sobrevivir.

Según recordaba, la Torre del Homenaje medía casi 35 metros de alto y estaba dividida en cuatro pisos más la azotea. La entrada, situada en el tercer piso, daba directamente a la escalera de caracol que unía todos los pisos que debían tener unos ocho metros de diámetro. Mientras visitaba cada piso para ver el estado del mismo y de los supervivientes pudo observar que cada piso estaba decorado y amueblado, al menos parecía que habría sitio para poder dormir y descansar y no tendrían problemas de espacio.

Cada vez que pasaba por delante de un superviviente éste se le quedaba mirando esperando que el comisario le dijera que todo iba a ir bien y le asegurara que saldrían vivos. Pero lo único que podía hacer era darles una palmada en la espalda y dedicarles una débil sonrisa.

A pesar de haberse dado prisa con la evacuación había muerto gente. Policías, militares y periodistas. Y el mayor problema era que todos miraban con recelo a los soldados que se habían quedado a defender el castillo cuando comenzó a circular la información de que el comandante Bonet había huido viendo la situación.

Jornada 7. De policías y militares (64)


La voz de Alex volvió a sonar a través del walkie. Montejano le informó de que todos los supervivientes estaban en la Torre del Homenaje y habían reforzado la puerta pero dudaba de que aguantara ante el empuje de los zombis. Luego hizo lo que Castillo le dijo y advirtió a todo el mundo de que se alejara de las ventanas y la pared que daba al puente de piedra.

Al escuchar la advertencia de Fuego en el agujero se alarmó y se alejó corriendo de la puerta parapetándose detrás de un mueble que había en ese piso.

El ruido de la explosión quedó amortiguado por los gruesos muros de la torre pero el comisario notó las vibraciones en el suelo y el techo que soltó varios hilos de polvo y a saber qué más encima de su cabeza y en el resto de la habitación.

Cuando el mundo dejó de moverse corrió a asomarse por una de las ventanas que daba al exterior. El puente que unía la torre con el resto del castillo había desaparecido y con él parte de la terraza del castillo. Y ahora podía ver a los zombis llegar a esa zona y comenzar a caerse por la parte destrozada mientras trataban, sin éxito, llegar a la Torre. Estaban a salvos. Pero, ¿por cuánto tiempo? Era obvio que los zombis no podrían entrar ahora, pero los supervivientes tampoco podían salir. Y los zombis comenzaban a arremolinarse alrededor de la torre tratando de buscar una entrada.

Jornada 7. De policías y militares (63)


Todos se quedaron mirando al comisario buscando una respuesta a sus plegarias pero éste no sabía qué hacer.

Recordó de pronto la radio y a Alex. Buscó la frecuencia y pudo hablar con él. En unos minutos se pusieron al día y su subordinado le indicó el próximo paso a seguir. Era una locura. Pero era lo único que quedaba.

Ordenó a la gente que había en la terraza del castillo que fueran entrando en la Torre del homenaje de forma ordenada: Primero los civiles, luego los policías y por último los soldados y él. Por fortuna, el trasvase se desarrolló sin problemas y cuando todo el mundo había entrado comenzaron a reforzar la puerta con armarios que había en el mismo piso y todo lo que pillaran.

La gente se distribuyó por los cuatro pisos de los que constaba la Torre del Homenaje. Al interior de la misma se accedía desde el tercer piso que era en el que ahora estaba el comisario dando las órdenes oportunas. El problema sería cómo destruir el puente que unía la torre con el castillo. Lo extraño era que Bonet no hubiera previsto algo así y tuviera C4 o algún explosivo puesto por si acaso, pero había tenido tiempo de mirar y no había ni rastro. Algunos soldados contaban con granadas de mano pero, aparte de tener un radio demasiado amplio dudaba que realmente pudiera controlar la explosión y no dañar la Torre o a sus ocupantes.

Jornada 7. De policías y militares (62)


Montejano agarró del hombro a un soldado para llamar su atención, y tuvo que usar el otro brazo para desviar el arma del militar que a punto estuvo de dispararle al tomarle por un zombi.

-¿Dónde están el resto de tus compañeros y el comandante Bonet? –Preguntó el comisario preocupado.

El soldado evitó la mirada del comisario avergonzado.

-Han huido a través de los antiguos almacenes que había bajo el castillo –dijo finalmente- Algunos soldados nos hemos negado a huir y dejarles en la estacada, pero la mayoría han optado por seguir las órdenes y correr como cobardes dejándonos a los demás a nuestra suerte.

El comisario no podía creerse lo que escuchaba. Pero a la vez… recordaba las palabras de advertencia de Alex y su amigo el sargento… Negó con la cabeza. Eso daba igual ahora. Debía tratar de salvar a la gente que quedaba en el castillo. Aunque necesitara un milagro para ello.

A lo lejos comenzó a escuchar el grito de alarma; una de las defensas situadas en las escaleras comenzaba a ceder. Los zombis iban a invadir enseguida el primer piso. El comisario Montejano dijo la orden de subir al segundo piso y de montar barricadas en los accesos. Todos corrieron sin perder tiempo.

El comisario comprobó que no quedara nadie en el primer piso antes de subir a la terraza del castillo. Se asomó al exterior y el espectáculo le hizo quedarse blanco. Miles de zombis aguardaban en el exterior para entrar al castillo. Estaban perdidos. Aunque tuvieran acceso al armamento militar que Bonet había guardado celosamente en el sótano dudaba de que pudieran hacer frente a tan numeroso y hambriento enemigo. Los soldados y los policías también habían visto que estaban rodeados tanto en el exterior como en el interior y habían dejado de disparar, rindiéndose a la evidencia.

Jornada 7. De policías y militares (61)


Por más que lo pensara no entendía cómo todo se podía ir a hacer puñetas en tan poco tiempo. El comisario Montejano veía entrar a los zombis a oleadas por la puerta principal del castillo sin apenas oposición.

Los pocos soldados que estaban de guardia habían dado la alarma rápidamente pero se habían visto incapaces de parar la invasión del castillo. Era como una ola gigante. Por más que dispararan y mataran zombis seguían entrando y habían comenzado a invadir el patio sin casi oposición.

En seguida se montó la defensa en el primer piso. Desde el mismo, los policías habían comenzado a disparar contra todo lo que se moviera en el patio del castillo. Afortunadamente el castillo era circular y la puerta daba directamente al patio que se podía observar desde todos los pisos del castillo… y disparar desde los mismos con relativa seguridad.

Ante el silencio de los militares Montejano había tomado una vez más el mando y había ordenado bloquear las escaleras al primer piso. Eso no detendría a los zombis, pero les daría tiempo para coordinarse y, a lo mejor, salvar la vida. Antes de bloquear las escaleras había ordenado a los pocos soldados que quedaban en el patio salir subir al primer piso. De reojo había visto a Marc y su amigo Tony bajar hasta el sótano, seguramente para alcanzar el vehículo que tenían preparado y salir del castillo para cumplir con su misión.

Pero lo que verdaderamente le alarmaba era la poca cantidad de soldados que quedaban. ¿Dónde estaba el comandante Bonet? ¿Y el resto de militares? No había ni rastro de ellos. Y sólo veía por el primer piso a un puñado de soldados, a sus hombres y a los periodistas que miraban de un lado para otro, armados sin saber realmente si disparar a los zombis o a sí mismos.

Jornada 7. De policías y militares (60)


Alex hizo una pausa pensativo mientras miraba a su alrededor. Los zombis ahora llegaban desde el castillo con más frecuencia. Seguramente ya no cabrían más en el mismo y ahora se estaban desplazando hacia ellos movidos por el ruido de los disparos y del motor del humvee. Los soldados que fueran a entrar por esa zona se encontrarían con un buen problema…. Si venían.

-¿Qué hay de esa otra ruta a través del torrente que mencionaste? –Preguntó Alex- ¿Crees que la usarán para llegar al castillo?

-Lo dudo mucho –respondió el sargento disparando su pistola a través de la ventana a un zombi que había llegado arrastrándose hasta su altura- Ese camino es más estratégico de salida que de entrada. Podríamos usarlo para poner distancia entre nosotros y el ejército sin llamar la atención.

-Pues pon en marcha el humvee que empiezan a haber más zombis de los recomendables por la zona –dijo Alex que seguía disparando a ráfagas tratando de hacer contar cada disparo.