Jornada 10. El final del principio (40)


Iba a activar el protocolo de destrucción y olvidarse del tema pero debía despedirse de Mara, decir la última palabra. Preparó mentalmente su discurso y una historia acorde y conectó el monitor para que Mara pudiera ver su imagen.

Durante todo el tiempo tuvo que luchar con la tentación de soltar una carcajada y contarle la verdad; no, debía resistir y seguir con el guión, ver la cara de derrota de Mara ante el escenario imposible: había ganado, pero era una victoria pírrica que no podría disfrutarla. Un barco lleno de zombis, ella misma posiblemente se convertiría en uno y todo volaría por los aires y borraría cualquier rastro de sus experimentos. Acabó su discurso, apagó la pantalla y se recostó en su asiento. Lástima que no hubiera una azafata sirviendo copas, se tendría que conformar con una botella de agua. Seguramente después de aquello la organización no estaría muy contenta con él, pero sería fácil borrar su rastro ya que tenía un plan preparado para desaparecer de la faz de la tierra, literalmente.

Jornada 10. El final del principio (39)


La imagen que vio aparecer en la pantalla le heló la sangre. No podía ser posible lo que estaba viendo… si no fuera porque la había conocido hacía tanto tiempo no hubiera creído lo que veían sus ojos. Tal vez fuera un problema de la cámara. Seguro, sería eso, un fallo de imagen. Se tranquilizó de nuevo recordando que estaba a salvo y observó la escena que se desarrolló durante los siguientes minutos y cómo Mara descargaba toda su furia sobre… un clon.

A Doc le había parecido brillante esa idea. Cuando habían comenzado la tecnología de clonación en secreto el objetivo era tener más carne de cañón sobre la que experimentar y así poder convencer a ciertos políticos reticentes a usar seres humanos. Era cierto que habían conseguido diversos éxitos con los clones pero él era más reticente dado que no les consideraba material de primera. A pesar de eso había usado esa tecnología para crear varios clones basados en su ADN y se había asegurado de que fueran simples vegetales andantes, ni un ápice de inteligencia en su interior; a pesar de que había jugado con la idea de crearse un gemelo para ayudarle en los experimentos la había desechado dado que no tenían técnica alguna para hacer cursos acelerados de medicina y otros campos. Los clones los había ido usando como carnaza cuando debía salir de territorio protegido, Mara no era su única perseguidora y lo cierto es que los clones habían ido cayendo como moscas; pero Doc había sobrevivido y ahora veía cómo otro clon moría para permitirle seguir viviendo y Mara nunca lo sabría.

Jornada 10. El final del principio (38)


No perdió tiempo en dar órdenes o asegurarse de que todo fuera como él había pedido. La eficiencia militar norteamericana estaba a su servicio y en unos minutos estaba dentro del avión junto a los marines y dando la orden de despegue después de asegurarse a su asiento y comprobar que la pistola que llevaba estuviera cargada. Sufrió un violento empujón que le hundió en su asiento fruto del despegue lanzado del avión que le sacaría de aquel sitio.

En unos minutos y después de comprobar que no había ninguna sorpresa a bordo Doc comenzó a relajarse. Lo había conseguido, había vuelto a escapar de las garras de esa diabólica mujer; ahora sólo quedaba asegurarse de que sus experimentos no salían a la luz… y pensó en cómo, de nuevo, Mara le había obligado a terminar con su experimento antes de tiempo. Encendió su ordenador para preparar el borrado de pruebas incriminatorias y su móvil volvió a vibrar: alguien había entrado en la cabina que tenía asignada “oficialmente” y que nunca había utilizado por razones obvias. Habitualmente cuando tenía que dormir elegía alguna cama vacía y se echaba ahí. Cuando el marinero Roberts le informó de la disconformidad del capitán con su hábito, Doc le dijo que le daba igual, que era su vida la que estaba en peligro y que no iba a quedarse en el mismo camarote todos los días. Cuando le ofrecieron poner vigilancia en la puerta se había vuelto a negar. La mejor manera de impedir un atentado contra su vida era no estar donde se esperaba que estuviera… y dejar un cebo.

Conectó la cámara web del ordenador que había en su camarote y que apenas había usado. No se veía gran cosa, estaba todo a oscuras y su misterioso atacante no parecía que fuera a encender la luz; no pasaba nada, la tecnología tan moderna le permitía activar una especie de visión nocturna en la cámara lo que le permitiría ver lo que ahí pasará.

Jornada 10. El final del principio (37)


-Código apocalipsis, repito, código apocalipsis –dijo mirando a las cristaleras desde las que se vigilaba la cubierta de vuelo.

En unos segundos las alarmas comenzaron a sonar a lo largo y ancho de la cubierta de vuelo y la gente comenzó a correr de un lado para otro. Doc respiró hondo. Tenía previsto algo así. Siempre tenía una docena de planes de escape a mano para ocasiones así. Una docena de marines apareció corriendo del interior del portaviones y se dirigió hacia él tomando posiciones a su alrededor para protegerle. Seguramente más de esos marines debían de estar comenzando a coordinarse para dar caza a la fugitiva. Fuera como fuera Mara estaba muerta… pero no iba a correr riesgos.

A lo lejos pudo observar cómo el avión que le sacaría de ahí estaba siendo izado hasta la cubierta por uno de los ascensores de la cubierta de vuelo: un Grumman C-2, un avión bimotor con ala superior que le llevaría hasta donde él quisiera. Que iba a ser muy, pero que muy lejos de esa isla. Una lástima terminar con el experimento antes de tiempo, pero su vida era demasiado preciosa como para arriesgarla. Observó cómo a lo lejos los F-18 que le escoltarían estaban siendo colocados en las catapultas de proa mientras eran armados y preparados para ser lanzados.

Jornada 10. El final del principio (36)


Unas horas antes, Doc salía a la cubierta de vuelo del portaviones mientras encendía un cigarrillo y se apoyaba contra una de las paredes de la denominada isla, en la que estaba situado el puente de mando. La tripulación casi ni le prestaba atención y estaba más atenta a sus quehaceres diarios. En esos momentos Mara acababa de terminar de recibir su tercera transfusión, pero seguía viva, esa mujer parecía poder aguantarlo todo. Pero daba igual, estaba muerta sólo era cuestión de tiempo de que su cuerpo se enterara. Mientras tanto él seguiría experimentando con ella sin contemplaciones.

El sol se había puesto hacía rato y Doc dio una calada mientras buscaba la luna. Y pensar que en ese momento debía de haber millones de pobres desgraciados muriendo por culpa del tabaco… claro que él se había asegurado de que el suyo no tuviera agentes cancerígenos, no se podía permitir morir de algo tan estúpido. Aunque lo cierto era que había dejado de fumar tan regularmente como antes, la edad. Recordaba cuando fumaba una cantidad de paquetes diaria tal que ni se molestaba en contarlos. Y podía engañar a quien fuera para que hiciera lo que él quisiera, en cambio ahora… tener que tratar con la gente era un incordio cada vez mayor aunque tenía sus premios como el estar a bordo del portaviones con todos los medios que necesitara a su disposición.

Su teléfono comenzó a vibrar. ¿Quién demonios le llamaba ahora? Cuando miró la pantalla se asustó: era la alarma silenciosa. Su paciente se había escapado. El primer pensamiento que le vino a la cabeza era de terror, una vez más aquella diabólica mujer había conseguido lo imposible; debería estar muerta y sin embargo… Tiró el cigarrillo y marcó nervioso un número mientras comenzaba a caminar por la cubierta de vuelo a ritmo acelerado.

Jornada 10. El final del principio (35)


Arrancó de nuevo el vehículo y lo puso en marcha. El peso de las bombas en el capó se notaba en la velocidad del mismo y en lo lentamente que seguía las órdenes de acelerar o cambiar de dirección. Eso podía ser un problema. Mara condujo el vehículo entre las aeronaves; era bastante complicado debido a las continuas correcciones que debía hacer mientras se acostumbraba al peso y al tiempo de reacción de las ruedas, además tenía que vigilar a los zombis y no ponerse en su camino mientras además trataba de dejar libre una ruta hacia el resto de las bombas atrayéndoles hacia ella. Si el carrito chocaba contra un zombi perdido todo ese esfuerzo no habría servido para nada.

Calculó el punto desde el que podría lanzar el carrito, el trayecto parecía estar limpio y no había zombis alrededor. La alarma del reloj sonó. Se le acababa el tiempo. El submarino ya debía de estar en posición y preparándose para disparar sus torpedos. Paró el vehículo una vez más y se puso a buscar algo con lo que apretar el acelerador sin tener que hacerlo ella; cogió uno de los topes de un avión y lo puso sobre el pedal. El vehículo se puso en marcha y Mara vio cómo se alejaba y cómo los zombis comenzaban a acercarse. Daba igual. En unos segundos todo habría terminado casi como comenzó aquella pesadilla: con una explosión que lo limpiaría todo, aunque esta vez sólo afectaría a los muertos vivientes.

Siguió con la mirada el vehículo y vio cómo finalmente chocaba contra el grupo de bombas. Lo último que notó fue el calor envolviéndola.

Jornada 10. El final del principio (34)


Acercó el vehículo a las bombas sueltas y comenzó las maniobras. Normalmente ese trabajo lo hacían entre varias personas y Mara nunca habría pensado en poder hacerlo ella sola… y menos a su edad. Pero no parecía tener problemas. No se notaba nada cansada y recordó en ese momento que el brazo que había recibido un impacto de bala nada más ser capturada no le había molestado en toda aquella aventura. Seguramente las drogas que Doc le había inyectado y la adrenalina debían de tener algo que ver. Ya tendría tiempo para dolerse cuando todo eso acabara. Sonrió al pensar en ello. Era imposible que pudiera sobrevivir y aún así…

Aceleró al ver que los zombis cada vez estaban más cerca. Era una lucha contra el reloj para saber qué la mataría primero si los muertos vivientes, Doc y sus experimentos, la explosión nuclear o las bombas. Comprobó que estuvieran aseguradas en el capó y sobresaliendo para que lo que primero chocara fuera la espoleta y no la parte delantera del vehículo. Luego quitó los seguros de las espoletas y se subió de nuevo al vehículo. Debía aprovechar además la cantidad de aeronaves que estaban en el gigantesco hangar para conseguir poner distancia entre ella y los zombis.

Jornada 10. El final del principio (33)


Fue entonces cuando un zombi saltó sobre el capó del pequeño vehículo sorprendiendo a Mara. El no-muerto pareció agacharse y ponerse a cuatro patas como si fuera un depredador estudiando a su presa. Tenía la sensación de que si fuera un animal le estaría olisqueando y babeando. Una bala solucionó el problema y tiró al zombi al suelo. Luego comprobó el cargador de la pistola y lo recargó. Se puso en marcha sin pensar dos veces en lo que acababa de pasar. No tenía tiempo para ello.

Los zombis comenzaron a moverse en su dirección pero ésta iba cambiando a cada momento lo cual era bueno, lo malo era que se comenzaban a agrupar sus perseguidores y tarde o temprano tendría que parar pensaba mientras esquivaba a los más despistados. Se sorprendió de ver que la mayoría de aeronaves no estuvieran en cubierta sino en el hangar Tal vez podría aprovechar eso para provocar una reacción en cadena. Seguro que el combustible ardía a las mil maravillas y todo explotaba de una forma salvaje y más en ese entorno casi cerrado. Buscó con la mirada su objetivo y de nuevo tuvo más suerte de la que esperaba. Descubrió una pirámide de lo que parecían ser bombas de gran tonelaje cerca de ¿babor? ¿estribor? No tenía claro ni siquiera si estaba yendo a proa o popa. Giró el vehículo sin perder de vista a los zombis que cada vez eran más y la comenzaban a rodear por todos los lados. Menos de un minuto después contemplaba dos grupos de unas diez bombas. Y un par más que estaban dispuestas para ser cargadas en uno de los aviones que estaba a unos metros pero que nunca lo fueron seguramente por lo sucedido a bordo.

Rápidamente analizó la situación. Al lado de las bombas sueltas había una pequeña grúa que se usaba para mover el armamento hasta la cubierta de vuelo y cargarlo posteriormente en el avión. Eso le serviría para mover las bombas al capó de su vehículo. Luego además, tenía que asegurarlas para que no se cayeran por el camino. Y todo eso tenía que hacerlo con la amenaza cada vez mayor de los zombis que se iban acercando y rodeándola sin prisas. Como si creyeran tener todo el tiempo del mundo. Si ellos supieran.

Jornada 10. El final del principio (32)


Se quitó los auriculares y se dispuso a salir de aquella sala. Ya no le quedaba nada más por hacer que tratar de conseguir hacer el mayor daño posible para detener la explosión nuclear. Puso una cuenta atrás en su reloj y se dispuso a salir a enfrentarse a los zombis.

El pasillo estaba vacío y se dirigió hacia las escaleras. Volvió a tener la misma sensación que la vez anterior sólo que más aguda, de manera que se tuvo que apretar la cabeza en un gesto inútil para que parara. Maldito Doc. Incluso muerto seguía causando problemas. ¿No había pensado eso hacía nada? ¿Se estaría volviendo loca? Subió las escaleras despacio y atenta a los movimientos en la parte superior. Varios zombis la estaban esperando al final de la escalera, y otra vez parecían estar dubitativos, pensando en si atacarla o no. Mara no se lo pensó dos veces y comenzó a disparar su pistola sin pausa dejando su camino libre.

Pero eso sólo era el comienzo. Como había pensando la zona de hangares estaba repleta de zombis por todas partes. Era imposible para ella que pudiera sobrevivir a aquello. Pero debía intentarlo. Los no-muertos más cercanos habían notado los disparos y comenzaban a mirar en dirección a la posición de Mara que sabía que debía moverse. Miró a su alrededor buscando algo que pudiera ayudarla. Pegado a una de las paredes de metal había un pequeño carrito eléctrico que se usaba habitualmente para transportar personal, material o lo que hiciera falta. Corrió hacia el mismo sin perder tiempo y se puso detrás del volante. Afortunadamente no necesitaba códigos ni nada por el estilo para ponerlo en marcha. Sería una pequeña ventaja. Así no se cansaría y podría recorrer el hangar más rápidamente que a pie.

Jornada 10. El final del principio (31)


-La central nuclear del portaviones está a punto de explotar y causar una enorme explosión nuclear que borrará del mapa Mallorca y sus alrededores –dijo Mara como respuesta- Es necesario hundir el barco para impedirlo, cambio.

-Eso es imposible. Los norteamericanos nunca lo permitirían. Además, hay medidas para impedirlo. Cambio.

-El portaviones está repleto de zombis. No queda nadie vivo para impedir la explosión. Además, los sistemas han sido inhabilitados por un virus informático. Cambio.

El silencio se volvió a hacer al otro lado. Y durante unos minutos no se escuchó nada. Seguramente el capitán del submarino estaría pensando en qué hacer y las repercusiones de sus acciones.

-De acuerdo –se escuchó al otro lado- Nos ponemos en marcha. ¿Las contramedidas estarán desactivadas? Cambio.

-Las automáticas seguramente no… o tal vez sí. No sé exactamente cómo funciona el virus informático. Mejor disparar de sobra que no arrepentirnos después. Cambio.

-Tardaremos unos quince minutos en estar en posición. Dispararemos suficientes torpedos y si no son suficientes dispararemos más. Cambio.

-De acuerdo. Quince minutos. Trataré de ayudar desde aquí. Cambio.

-¿Qué planes tiene? Cambio.

-Había pensado en ir hasta los hangares y hacer explotar algunas bombas. Supongo que eso ayudará. Cambio.

-Pero… eso es suicida. Cambio.

-Es por una buena causa… además, creo que estoy contaminada con lo mismo que ha transformado al resto de la tripulación. Así que… Cambio y corto.

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