Jornada 9. La Ira de Dios (163)


-¿Puedo ayudarle en algo? –se ofreció amablemente.

-Aish, que gracioso el hombre –dijo el desconocido- He escuchado su conversación con el alcalde. Que sepa que no todo el mundo opina lo mismo. Yo ni le voté en su momento.

-¿Esa persona era el alcalde? Quién lo diría –contestó Xavier- Y tampoco podría decir que fuera una conversación precisamente. ¿Qué puedo hacer por usted?

-¿Por mí? Nada realmente –respondió el extraño- Pero a lo mejor puedo hacer yo algo por usted. Mostrarle algo de hospitalidad… por ejemplo.

-Sería un agradable cambio para variar –respondió Xavier que comenzó a acercarse de forma cautelosa al desconocido manteniendo la distancia y la escopeta a mano.

El desconocido pareció darse cuenta de la cautela de Xavier y se irguió. Era una persona más alta que Xavier. Con cierto teatro se llevó las manos a los bordes de la capucha que vestía y se la quitó.

-Me puede llamar Monty –se presentó el hombre- Y puede relajarse, no tengo intención de matarle, robarle o hacerle nada malo… si no me da motivos para ello por supuesto.