Jornada 9. La Ira de Dios (69)


Joan presumía de que a partir del animal no sólo salían las típicas chuletas, costillas, lomo, chorizo, tocino o la longaniza o las morcillas sino que también otros productos más locales como la sobrasada o los butifarrones (que al parecer se hacía con la sangre del animal). Además, al parecer, en la zona se dedicaban a criar cerdos ibéricos. Xavier no entendía la referencia hasta que éste le explicó que había varias denominaciones de origen. Por un lado estaba el producto serrano que era desarrollado a partir de animales en cautividad y que eran, por así decirlo, mal alimentados. Los ibéricos eran una raza criada en libertad lo que hacía que la grasa se infiltrara en el músculo y fuera más buena y que además tenía sus propias sub clases según cómo eran alimentados los animales: Pienso, bellota, hierba…

La comida fue copiosa y estupenda. Por un rato ante las conversaciones de los locales Xavier se olvidó de lo que había ocurrido unas horas antes y disfrutó de la compañía y los alimentos que Dios les había proporcionado.

Y de postre pusieron ensaimada. Un producto de repostería con forma de espiral en diversos tamaños que era comprado por los turistas de forma masiva. Si uno se iba de la Mallorca sin una ensaimada nadie se creía que había estado en la isla. La misma, además, podía ir rellena de cabello de ángel, o nata crema o chocolate; todo al gusto del consumidor. Y en la que también se usaba manteca de cerdo según le comentó Joan y que al parecer su masa debía reposar casi un día entero antes de poder ser metida en el horno.

Mientras comían Xavier preguntó por la vida en el santuario durante la Gran Plaga. Joan la recordaba perfectamente dado que había pasado parte de su adolescencia ahí. Y no era el único. Dado que, al parecer, todos los presentes tenían sus historias.

-Fueron tiempos difíciles –tomó la palabra Joan- Un día mi padre nos cogió a mi madre, a mis hermanas y a mí y nos metió en el coche sin dar ninguna explicación. Por aquel entonces ya comenzaban a circular rumores sobre los muertos alzándose y a mi padre le pareció que era mejor estar del lado de Dios en aquel momento. Y toda la familia acabó aquí refugiada.

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