Jornada 9. La Ira de Dios (104)


-Son las campanas de la iglesia de San Lorenzo –dijo una de las personas que le acompañaban en la construcción del muro- Repican para dar la alarma… y eso implica que los tienen en el pueblo.

En unos minutos Joan y Pere llegaron corriendo acompañados de una docena más de personas. Y enseguida se pusieron a discutir todos a gritos si debían ir a ayudar al pueblo vecino o no. Xavier se quedó apartado a un lado escuchando, o más bien tratando de hacerlo, los distintos puntos de vista que se daban.

Enseguida dos bandos se formaron: los que optaban por olvidarse del tema y dejarles a su suerte y los que defendían intervenir en defensa de sus vecinos. Ambos grupos tenían razón en lo que exponían. Y Xavier recordó los familiares argumentos que había escuchado con anterioridad en muchas ocasiones con distintas voces. Y habitualmente lo único que cambiaba era el final de la discusión, quién ganaba la discusión. Y como siempre no había una solución sencilla.

Fue entonces cuando todos se giraron para buscar su consejo. Y deseó haberse ido de ahí o que la tierra le tragara.

-Bueno, padre, ¿qué opina? En su experiencia, ¿qué deberíamos hacer? ¿Vamos o nos quedamos?

Y ahí estaba… teniendo que jugar a Dios y decidir el destino de aquellas personas como si no tuviera suficientes problemas.

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