Jornada 05. Cabalgata de muertos II (2).


Gerald por su parte también se estaba comenzando a impacientar, pero más por todo lo que estaba sucediendo a su alrededor que por las ganas de las carrozas en sí. ¿Es que no habían aprendido nada de la plaga? ¿Otra vez era sálvese el que pueda? ¿Dónde estaba esa camaradería de antaño? Suspiró de nuevo. No valía la pena pensar en esas cosas. Mejor centrarse en sus sobrinos y pasárselo bien.

-¿Cuándo llegará la cabalgata tío Gerald? –Le preguntó uno de sus sobrinos.

Gerald se sacó del bolsillo un pequeño dispositivo que le servía para leer cómics, libros, conectarse a Internet e incluso llamar por teléfono y se conectó a la Red. En unos minutos estaba viendo las cámaras de tráfico que estaban a disposición del público a través de una página web del ayuntamiento. Pero había algo curioso en las imágenes, aunque no sabía discernir qué.

-¿Llega ya la cabalgata? –insistió el sobrino cogiéndole de la manga.

-Está a punto –respondió Gerald perdido en sus pensamientos. Pero por más que miraba las imágenes de las cámaras, no encontraba la cabalgata… ni los cortes de tráfico.

Finalmente pareció que la cosa se movía y tímidamente comenzaron a aparecer partes de la cabalgata. En primer lugar las motos de la policía con sus luces parpadeando abriendo camino seguidas por los tambores que iban metiendo ruido y la impaciencia en la gente decreció y se convirtió en ilusión y aplausos.

Entre el ruido de la cabalgata se escuchó el atronador ruido de un par de helicópteros militares que la gente aplaudió creyendo que formaban parte de la comitiva. Un detalle por parte de los militares dejar que sus efectivos participaran de aquella manera.

Gerald miró a los cielos y estudió los helicópteros que pasaban por encima de sus cabezas en dirección a la gran avenida que rodeaba el casco antiguo de la ciudad. Pero era extraño, ¿por qué esos helicópteros llevaban todo el complemento armamentístico? Se veían claramente los cohetes colgar de los lados de esos pájaros de metal. Si fueran sólo parte del desfile no los llevarían. Además, estaba el comportamiento intranquilo y algo agitado de los policías que vigilaban la cabalgata, se miraban unos a otros nerviosos señalando sus radios y encogiéndose de brazos. Miró a sus escoltas que tenían la mano pegada al oído.

-¿Sucede algo? –Preguntó algo alarmado Gerald mirando a su alrededor.

-Hemos perdido contacto con la central de seguridad en el hotel- le respondió el jefe de los escoltas, Jordi-. No responden en ninguna de las frecuencias.

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