Jornada 05. Cabalgata de muertos II (11)


-Y con eso tendrías que conseguir acceder a la señal original –dijo Gerald-. Los zombis se ven en toda su gloria en la cámara que hay en la intersección de las Avenidas con 31 de Diciembre y la calle San Miguel.

Las imágenes de las pantallas cambiaron y pasaron a ver las que se presumían que eran originales. Ahora sí podían ver a la gente y la Cabalgata. Carlos indicó impaciente que pusieran la imagen de la cámara que Gerald había indicado. Cuando la vieron todos en la sala se quedaron en silencio por unos segundos sin poder creerse lo que veían.

Centenares de zombis, miles tal vez, se estaban propagando desde la calle 31 de diciembre. La misma contaba con cuatro carriles y unas aceras para peatones que eran bastante anchas, de más de dos metros de longitud por cada lado. Y todo el ancho de la calle estaba lleno de zombis. Y a lo largo parecían perderse al final de la calle. ¿Cómo habían podido llegar a eso? ¿Dónde estaban los soldados? Sin duda alguien debía haberles informado.

-No esperen al ejército -dijo Gerald como si hubiera leído la mente de Carlos-. Vino, vio y se esfumó. Parecía que iban a enfrentarse a ellos pero de repente recogieron sus trastos y desaparecieron. Estamos a merced de los zombis.

Carlos no se podía creer lo que acababa de escuchar. Conocía a bastante gente que servía en el ejército destinado en Mallorca. Todos eran personas excelentes, deseosas de servir al bien general y proteger a la población con sus vidas. Daría su mano derecha por varios de esos soldados y mandos. Pero al ver las calles llenas de zombis estaba claro que algo estaba pasando. Y que el ejército estaba dejando que pasara. Miró a Pep que parecía estar en otro mundo, con la mirada perdida.

Pep no se podía creer lo que estaba ocurriendo. Había bromeado varias veces tanto con Carlos como con otros directores de hotel sobre la posibilidad de tener una segunda plaga zombi y comprobar si los sistemas implementados funcionarían. Pero nadie había hablado en serio. Nadie creía que eso pudiera pasar. Y sin embargo, viendo la pantalla, estaba pasando. No sabía qué hacer. Estaba aturdido. Trató de recordar los entrenamientos, los simulacros, y los protocolos de seguridad, pero lo único que podía pensar era en parar el temblor de sus manos. Su peor pesadilla estaba ocurriendo.

-Nivel 1 de seguridad –dijo Carlos estudiando las imágenes y tratando de sacar a Pep de su encantamiento-. Todo el personal del hotel debe ir armado, sea de seguridad o no. Nadie sale del hotel. Y los que quieran entrar permanecerán en cuarentena mientras comprobamos que no han sido infectados. Que los empleados avisen a sus familias. Tienen dos opciones, quedarse y que vengan sus familias o irse con ellas. Pero no podrán ir a por ellas y volver. Es demasiado peligroso.