Jornada 9. La Ira de Dios (124)


Los disparos no parecieron atraer más zombis y siguió por el camino hasta encontrar la esquina del terreno y a unos metros sus compañeros de viaje que le saludaban mientras hacían guardia.

-Vaya espectáculo –dijo Joan a modo de saludo- Me han dado ganas de vomitar. Ha sido una masacre.

-No creas que me he alegrado mucho con la eficacia de los explosivos –respondió Xavier- En algún momento deberemos volver para darles el descanso eterno.

-Sí, pero primero debemos salvar el pueblo –interrumpió Jaume- Primero pensemos en los vivos.

-No he querido señalar lo contrario –se excusó Xavier- Sólo señalaba que por muy diabólicas que sean esas criaturas no podemos dejar que vivan de esa forma tan miserable, en pedazos.

-Algunos todavía se arrastraban –señaló Tomeu- Es… me faltan las palabras… por un lado grotesco pero por el otro es… fascinante. ¿Qué fuerza de la naturaleza puede provocar que después de ser hechos pedazos todavía estén… vivos?

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