Jornada 9. La Ira de Dios (123)


Una explosión más parecía haber conseguido el objetivo y la zona de la puerta se había quedado desierta. Pudo ver cómo las verjas se cerraban rápidamente y el coche era aparcado delante de la puerta para impedir que se pudieran abrir. Joan se subió al techo del coche para hacerle señales. Parecía que todo había salido bien y ya podía dejar de destrozar cuerpos humanos con los explosivos que se habían mostrado tan eficaces.

Miró a su alrededor y decidió que sería más rápido correr hacia el lado contrario por el que había venido. No tendría que retroceder y volver a hacer todo el camino. Además, se temía que con la voladura de la entrada a la mina se hubiera provocado una rampa artificial que permitiera a los zombis subir a su nivel. Mejor no volver a pasar por esa zona y llamar la atención.

Tras unos minutos se encontraba en una carretera que iba paralela a la mina. Pero no estaba desierta. Había tres zombis que notaron su presencia y se dirigieron caminando hacia él. Xavier no se alarmó demasiado y con cierta frialdad les voló la cabeza sin contemplaciones ni segundos pensamientos. Había visto lo que pasaba si uno dudaba en disparar a aquellas cosas y no tenía intención de cometer el mismo error.

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