Jornada 7. Ella. “El fin de los días Parte III” (XXI) Por JD


-Nunca he conocido a ningún doctor de la Organización Mundial de la Salud que se quede encerrado en un despacho sin ver a sus pacientes ni intervenir en las investigaciones… su comportamiento era sospechoso, así que pedí sus antecedentes, y no había ningún doctor Rodríguez en la OMS ni tenían conocimiento de ninguna pandemia en esta ciudad, ni… por supuesto, habían mandado a nadie a investigarla.

El doctor asintió.
-El problema de las prisas, no pudimos preparar adecuadamente mi coartada. Pero si le sirve de algo, sí, soy médico. Tengo título y todo, y he salvado a gente.

-Y a pesar de eso aquí está, viendo morir gente, ayudando a ello -señaló la militar irritada.

El médico permaneció unos segundos en silencio estudiando a la militar.
-Supongo que le resulta complicado aceptar el concepto de no poder salvar a todo el mundo. Es una suerte que el mundo no esté poblado por más gente como usted.

-O podríamos arruinar sus malvados planes -respondió la capitana ante el comentario-, pero nos hemos desviado del tema, ¿cómo se acaba con esos condenados zombies?

-Eso es sencillo -respondió el médico-, un disparo a la cabeza. Sí, lo sé, parece tradicional, casi anticlimático, pero es así de sencillo, bueno, para ustedes los militares. Se destroza su cerebro y dejan de funcionar. Bien pensado por mucha leyenda que exista estoy seguro de que también funcionaría con los hombres lobo y los vampiro… si existieran, debo decir que sería fascinante probar mi teoría…

-Está divagando doctor, -señaló la militar-, pero si están usando esta ciudad como campo de pruebas seguro que tienen algún modo de acabar con ellos en masa.

-Bueno, los experimentos con llamas y altas temperaturas han sido un éxito -respondió el científico-, aunque sinceramente no se lo recomiendo; esos bichos no son humanos, así que no reaccionan como humanos cuando les quemas, no se retuercen de dolor, no se quedan parados en estado de shock. No, siguen avanzando y las llamas tienden a saltar a otros objetos y… bueno… tiene un incendio y zombies en llamas, un descontrol. Si tuviéramos un arma de microondas seguramente funcionaría, licuaríamos su cerebro. Mmm… debo mencionárselo a los chicos del laboratorio…

La capitana se quedó unos segundos en silencio sin poder creer lo que estaba escuchando, escuchando el discurso de lo que parecía un verdadero freaky de laboratorio. Sin duda era la persona ideal para el puesto que le habían concedido.

-¿Cómo puedo acabar con ellos en masa? -volvió a repetir.

-Oh… se refiere a armas químicas o algo por el estilo… -dijo pensativo el doctor-, como el gas nervioso, el mostaza o alguno de esos logros tan significativos… me temo que no tenemos ningún método de asesinato de zombies en masa que esté en su mano.

-Pero han dicho que esta ciudad era un experimento -insistió la capitana-. Obviamente no iban a dejar que esta plaga se propagase… ¿verdad?

-Por supuesto que no -respondió el doctor-, aunque si le digo la verdad, no importa, esta… plaga, como usted la ha llamado, ya está arraigada. No hay nada que hacer. Aunque destruyamos a todos los zombies de esta ciudad, en unos meses otros como ellos habrán invadido el resto del planeta.

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