Jornada 7. Ella. “El fin de los días Parte III” (IV) Por JD


Mientras Mara caminaba por el pueblo abandonado en el que habían encontrado al espía se dio cuenta de que era la primera vez que estaba sola desde que se unió al grupo de supervivientes de Doc y compañía.

Miró a su alrededor. Efectivamente, estaba sola. Trató de escuchar los ruidos que venían del interior de las casas y las construcciones, pero no se oía nada. Habían limpiado el pueblo hacía un tiempo, pero eso no era óbice para que otros zombies hubieran aparecido en busca de comida. O de otros humanos.

En cierto modo, los zombies eran como los humanos. Iban de un lado para otro en busca de comida. La diferencia era que los humanos la necesitaban para sobrevivir. Los zombies no. Pero quién sabía lo que había en las cabezas de esos no-muertos. ¿Por qué deseaban tanto la carne humana si no la necesitaban realmente para sobrevivir? Por más que le daba vueltas no lo entendía.

Se acercó al contenedor donde había aparecido por primera vez el desconocido. Miro en su interior, y alrededor del mismo. No parecía haber nada sospechoso. ¿Por qué debería? ¿Qué esperaba encontrar? ¿Huellas de neumáticos recientes? ¿Rastros de un aterrizaje con paracaídas o de un helicóptero? ¿Una nota o una señal sospechosa? No, nada de nada. Ahí tampoco encontraría respuestas.

Estaba anocheciendo y Mara comenzó a buscar un lugar en el que dormir sin peligro. Encontró un árbol con ramas fuertes y buen follaje. Colgó su hamaca y volvió a probar que pudiera aguantar su peso. No era la primera vez que dormía usando ese método. Recordó, mientras se acomodaba en la hamaca que fue así como conoció a Doc y sus amigos. Ella colgada en un árbol, escondida, y ellos se encontraban abajo, sin saber que estaban siendo observados.

Se tumbó en la hamaca y observó las estrellas a través de las hojas del árbol. Ahora que la contaminación lumínica era un mal recuerdo, se rió de lo malo que era el chiste, se podían ver casi desde cualquier lugar. Eran hermosas, una visión reconfortante. Y la mejor manera de coger el sueño. Mirando a esas estrellas tan alejadas dejó su mente vagar por ellas, y se preguntó si en algún otro lugar del universo habría alguien como ella observando las estrellas, intentando sobrevivir a un apocalipsis zombie y haciéndose las mismas preguntas que ella. Quién sabe, tal vez lo que convertía a la gente en zombies realmente era un virus alienígena que iba de planeta en planeta exterminando toda la vida inteligente con alguna misteriosa misión.

El día amaneció nublado y Mara recogió sus enseres. Recorrió el pueblo y se hizo con unas cuantas provisiones. Luego continuó su camino en busca de respuestas.