Jornada 7. Ella. “El fin de los días Parte III” (VIII) Por JD


El alcalde miró con cierta irritación a la militar.
-Me parece que no entiende cómo funcionan las cosas en el mundo real -le dijo mientras cogía el teléfono y marcaba un número-. Hola Frank, necesito que le aclares a tu soldadito quién manda aquí. Parece que no “entiende cómo funcionan las cosas en el mundo real”-, repitió la frase como si estuviera haciendo un chiste o marcando su territorio particular.

A continuación le pasó el teléfono a la capitana Grumpy que miró con cara de disgusto al político.

La militar no tuvo casi tiempo de decir nada cuando una voz al otro lado del aparato le comenzó a gritar.
-Sí general… Entiendo, general, pero el general Smith… Sí, señor, no está aquí señor, y usted le supera en rango general… Pero… eso va contra las ordenanzas general… No, señor, cristalino señor.

Finalmente devolvió el teléfono al alcalde que tenía una sonrisa vencedora en su rostro.
-Espero que le haya quedado claro quién manda y quién debe obedecer las órdenes en mi ciudad -dijo enfatizando esto último.

Mara desvió la mirada para otro lado durante unos segundos mientras maldecía en silencio su mala suerte y el problema que sería pegarle un tiro ahí y ahora a esa odiosa mujer.
-Perfectamente, señora, ¿Cuáles son sus órdenes?

El alcalde asintió triunfante.
-¿Ve como no era tan difícil? Bien, lo más importante ahora es impedir que la gente acceda a la plaza así que quiero que sitúe barreras alrededor de la misma, y vehículos, así como soldados bien armados tanto en el exterior como en el interior de este edificio.

Me temo señora que los tanques no pasarán por esas calles -le señaló la capitana Grumpy asumiendo su nuevo rol.

El alcalde hizo un gesto con el brazo para quitarle importancia.
-Da igual, son muy feos y ruidosos, puede hacer con ellos lo que quiera; lo importante es que yo esté bien protegida y nada ni nadie pueda acceder a este edificio sin mi permiso.

-¿Algo más señora? -preguntó la militar deseando salir inmediatamente de ese lugar.

-Sí, quiero que me informe cada hora de la situación -respondió la mujer.

-De acuerdo –asintió la capitana- haré que uno de mis subordinados le informe puntualmente.

-Creo que no me ha entendido -dijo el alcalde sonriendo-, quiero que usted personalmente me informe cada hora en este despacho.

La militar torció el gesto.
-Eso haría que fuera menos eficiente señora, estoy segura que cualquiera de mi personal podrá hacerlo igual de bien o mejor que yo.

-Es posible -respondió la mujer sin dejar de sonreír maliciosamente-, pero mis órdenes son claras, será usted quien lo haga.

-Sí señora, como usted ordene -dijo la capitana mientras se le revolvía el estomago sólo de imaginar que iba a tener que ver a aquella persona cada hora.

-Bien, ya puede marcharse -dijo el alcalde-, la veré en la hora en punto para que me informe del desarrollo de su misión -terminó diciendo haciendo un gesto para que saliera de la sala.