Jornada 7. Ella. “El fin de los días Parte III” (IX) Por JD


Durante el resto del día la capitana Grumpy ordenó a su teniente presentar los informes de situación mientras ella se excusaba por estar en las afueras de la ciudad coordinando la llegada de las tropas y el material militar, así como su despliegue según los planes originales.

A primera hora de la mañana siguiente la militar volvía a escuchar la voz subida de tono del mismo general del día anterior recordándole que debía de ejercer de enlace con el gobierno local y debía mostrar sus mayores respetos por estas autoridades.

Poco después de un mal desayuno, la capitana Grumpy acompañada de un ayudante, se presentó en el despacho del alcalde que al verla aparecer puso su habitual sonrisa triunfante. Durante los siguientes minutos el teniente que acompañaba a la militar informó de las medidas que estaban tomando para defender la plaza de cualquier posible ataque civil mientras la capitana explicó en un minuto el despliegue de tropas en el exterior y los planes de despliegue en los principales puntos neurálgicos de la ciudad.

El alcalde sonrió durante todo el tiempo que estuvieron los militares en el despacho asintiendo complacida. Cuando la militar acabó su exposición salió rápidamente del despacho sin esperar a los comentarios del político dejando a su teniente para esos menesteres.

Entre informe e informe la militar dio las órdenes para que nadie dejara la ciudad sin su autorización y se levantaran controles en las principales vías de acceso a la ciudad. Su teniente mientras tanto se encargó de diseñar la defensa de la plaza.

Los primeros camiones con los soldados comenzaron a llegar a la plaza mientras las grúas ponían barreras de hormigón en los accesos de las calles y alrededor del ayuntamiento. Las ametralladoras fueron situadas dentro del edificio en las ventanas con vistas a toda la plaza mientras diversos humvee se situaban delante de las puertas principales del edificio a modo de defensa y se alzaban los focos que mantendrían iluminada la plaza durante la noche.

El alcalde se asomaba de vez en cuando a las ventanas y al ver el movimiento asentía complacida. Los informes en su despacho se convirtieron en rutina y la militar simplemente estaba como adorno mientras su teniente informaba de la mayoría de los detalles. Parecía que simplemente bastaba su presencia para aplacar la ira del político.

La capitana Grumpy revisó desde la azotea del ayuntamiento las medidas defensivas tomadas. En realidad no eran todas las que ella había querido tomar, pero el alcalde se había negado a usar cosas como el alambre de espino y largas alambradas diciendo que no quería que sus votantes sintieran que estaba distanciándose de ellos y olvidándoles.

Suspiró mientras el sol se ponía detrás de los edificios que rodeaban la plaza y veía como los primeros soldados salían de patrulla con las autoridades locales. Con suerte en uno o dos días toda esta histeria habría acabado y podría volver al cuartel y considerar estos días como un mal sueño que olvidar con una copa.