Jornada 9. La Ira de Dios (200)


Tardó unos minutos pero al final encontró lo que buscaba. Golpeó varias veces con la linterna en la puerta pidiendo ayuda a voces. Tenía que dejar claro que estaba vivo y que no le confundieran con un muerto viviente. Su misión en la Tierra todavía no se había acabado y tenía que conservar su vida.

Su mayor preocupación en ese momento era que apareciera algún enviado de Dios que asustara a los soldados en la entrada y le impidiera cumplir con su misión. Golpeó de nuevo en la puerta y finalmente recibió una respuesta.

-¿Quién vive? –Preguntó una voz con cierta sorna.

-Soy el padre Díaz. Me he caído al foso. La entrada está llena de esas horribles bestias –dijo tratando de poner algo de miedo en su tono de voz- Ábranme, por el amor de Dios. No he sido mordido ni soy una amenaza.

-Eso tendremos que juzgarlo nosotros –dijo la voz mientras la puerta metálica se abría.

Una luz se encendió en el interior y el sacerdote dio unos pasos adelante. Cuando entró en el pequeño habitáculo la puerta se cerró a sus espaldas. Había entrado lo que parecía una apertura en la muralla y delante tenía otra puerta metálica que permanecía cerrada. Observó una cámara encima del techo.

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s