Jornada 9. La Ira de Dios (207)


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-Y así fue como llegué hasta aquí, guiado por el Señor –concluyó su relato Díaz con cierto orgullo.

Xavier permaneció en silencio y se dejó caer en un asiento de la capilla pensativo. Siempre había sabido que el mal existía. E incluso había visto personas que lo personificaban a la perfección… pero aquella persona… mataba sin remordimiento alguno, sacrificaba a sus compañeros sin pensárselo dos veces… y ahora quería acabar con el pueblo que le había acogido.

-Seguro que tiene un plan para atraer a los zombis aquí –dijo Díaz resplandeciente- Cuénteme, cuénteme. ¿Cómo puedo ayudarle?

El antiguo sacerdote seguía en silencio sin decir nada. ¿Qué debía hacer? Seguramente si explicaba en el pueblo la situación le creerían pero… ¿de qué serviría? Esa persona era una serpiente con una lengua envenenada que tarde o temprano convencería a alguien para que le ayudara o simplemente se apiadara de él… era demasiado peligroso dejarle en el pueblo… dejarle libre. Debía tomar una decisión.

-Entiendo, no confía en mí –insistió Díaz- Le entiendo. En estos tiempos que corren… lo importante es deshacernos primero de mis compañeros de viaje.

Xavier se alarmó al escuchar aquello. ¿Querría matarles y comenzar la infección del pueblo usándoles?