Jornada 9. El final del principio (XVI)


Mientras pasaban por el primer piso Mara volvió a comprobar la puerta.

No se fiaba nada de los zombies y no quería más sorpresas desagradables. La puerta parecía seguir resistiendo y no tenía aspecto de que fuera a ceder fácilmente. Eso no impedía al zombie de dentro seguir aporreando la puerta incansablemente tratando de atravesarla y dar caza a los que había al otro lado de ella.

Finalmente, llegaron a la escalera que llevaba al sótano y cuyo final no se veía de lo oscuro que estaba. Mara no parecía tener muchas ganas de bajar, tenía un mal presentimiento, confirmado poco después al iluminar con las linternas los laterales de la escalera, cuyas paredes estaban adornadas por manchas de sangre. Suspiró y miró al sacerdote que simplemente asintió con la cabeza.

Ambos comenzaron a bajar las escaleras lentamente haciendo bailar el haz de luz de sus linternas de un lado para otro y atentos a lo que pudiera aguardarles en la oscuridad. Poco a poco la luz comenzó a iluminar el final de las escaleras y les empezó a llegar un olor horrible. A muerte y descomposición. Con cada paso que daban el olor se volvía más fuerte y las ganas de avanzar más débiles.

Además no podían ver el interior del sótano dado que la escalera daba a una esquina de la pared. Mara trató de ignorar el fuerte olor y se giró en la entrada al sótano mientras lo iluminaba con la linterna. El espectáculo que descubrió era dantesco. Había diversos cadáveres en diversos estados de descomposición. La mayoría con la cabeza destrozada. Pero lo peor no eran los cadáveres en sí, sino a quién pertenecían. Claramente varias familias se habían reunido ahí tratando de huir de la matanza que debía de estar llevándose a cabo en las calles. Y habían bajado a sus hijos. Había varios cuerpos más pequeños, de varias edades. Algunos todavía estaban abrazados a lo que debía ser su padre o su madre.

A un costado parecían haber restos de provisiones. Latas de comida vacías y garrafas de agua. Mara no podía evitar tratar de descubrir qué habría pasado ahí. ¿Se habrían transformado? ¿Se habrían suicidado todos a la vez? ¿Alguien les había matado?

-¡Santa Madre de Dios! –dijo el padre Xavier al asomarse a la habitación y ver el terrible espectáculo.

A continuación se acercó a los cuerpos y comenzó a entonar una oración en silencio por ellos mientras Mara trataba de dejar de pensar en ello. Sólo eran cuerpos vacíos, se repetía una y otra vez tratando de quitarle hierro al asunto. El sacerdote hizo la señal de la cruz sobre cada uno de los cadáveres e indicó que había acabado. Mara se aseguró que realmente no había ningún zombie o futuro zombie ahí abajo y salió a paso rápido del sótano.

Durante las siguientes horas, mientras la noche caía y seguía lloviendo fuera, tanto Mara como el padre Xavier no volvieron a hablar.

Cenaron en silencio y sólo hablaron para decidir quién hacía la primera guardia.

Los sueños de Mara fueron terribles pesadillas sobre escenarios en aquel sótano.

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1 comentario

  1. En 2 días me he vuelto un adicto. Por favor continúa! Gracias por este precioso Blog.


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