Jornada 9. El final del principio (XXII)


Mara observó cómo el padre Xavier se alejaba calle abajo después de que sus perseguidores le dejaran marchar. Al menos se había quitado un problema de encima. Ahora sólo tenía que salir viva de aquel escenario.

Comprobó el cargador de su fusil de asalto, estaba lleno. Aunque no sabía si tendría tiempo suficiente para vaciarlo. Veía a tres personas a través del retrovisor del coche abandonado detrás del que estaba.

Pero seguro que debía haber más. Escondidos. Esperando a que hiciera algo o a que su jefe les diera la orden.

Con el rabillo del ojo vio moverse algo por detrás de un coche a unos quince metros de ella. Cogió la pistola y disparó contra el parabrisas que estalló en mil pedazos repartiéndose por todas partes. Alguien salió de detrás corriendo buscando otro refugio.

-Al menos me podría dar unos minutos para elegir, ¿no cree? No todos los días ha de escoger una cómo va a morir.

A través del retrovisor vio sonreír al que parecía el jefe.

-Aunque no tengo prisa, tampoco me gustaría quedarme aquí a esperar a que vuelvan los zombies.

-Así que es usted el responsable de que se haya vaciado la ciudad de zombies –señaló Mara.

-Me temo que no, he de reconocer que fue una agradable sorpresa ver que apenas habían zombies en la ciudad, y los pocos que había por la zona no eran peligrosos. Bueno, ¿qué será?

-Un minuto, no tenga tanta prisa. ¿No sería tan amable de decirme por qué me quiere ver muerta?

Lo cierto es que no le apetecía morir ahí. Todavía tenía cosas por hacer. Como recordar quién había sido en su vida anterior. A lo mejor el cazador era tan amable de informar a su presa.

-Me temo que no pudo darle esa información. Sólo le puedo decir que ha enfadado a la gente equivocada.

-Pues qué bien –dijo para sí Mara que no veía muchas salidas salvo salir disparando y rezar para que las balas no le dieran.

Lo cierto era que si tenía suerte podía usar los coches como refugio, ir de uno a otro. Pero el peligro estaba en el camino entre ellos. Y los francotiradores. Seguro que había gente en los tejados apuntándola o esperando a que asomara la cabeza.

Respiró hondo. Sólo le quedaba una opción si quería tener alguna posibilidad. Amartilló el fusil, comprobó que había una bala en la recámara y le quitó el seguro al arma poniendo el selector de disparo en tiro a tiro.

Se tumbó en el suelo, giró sobre sí misma quedando entre dos coches tumbada en el suelo, apuntó y comenzó a disparar.