Jornada 9. El final del principio (XV)


Avanzaron por el rellano del primer piso y subieron lentamente las escaleras que daban hasta el segundo. Cada cierto tiempo el interior era iluminado por la luz de los relámpagos de la tormenta que se estaba formando fuera, y que parecía que no tenía intención de parar.

Al llegar al rellano del segundo piso quedó claro que allí tampoco encontrarían nada vivo. La puerta estaba destrozada y arrancada de su marco. Había diversas marcas de arañazos y golpes a ambos lados.

Mara echó un vistazo rápido al interior de la vivienda. Estaba igualmente destrozada, había muebles volcados, restos secos de sangre por el suelo y las paredes, y lo único que escuchaba era el ruido de la lluvia y de los golpes de la puerta de la planta de abajo. Revisó rápidamente el piso pero no encontró nada. ¿Habrían entrado los zombies? ¿O saqueadores? ¿O ambas cosas? Era difícil de decir. Había fotos enmarcadas en los muebles y por el suelo, incluso alguna parecía haber estado en la pared, pero ahora yacía con el cristal roto en el suelo.

Mara estudió las personas que había en la foto. Parecían una familia feliz. ¿Sería alguno de los componentes el zombie que yacía en el almacén? Era difícil decirlo. El problema de acabar con los zombies era que quedaban irreconocibles. Y aquella no había sido una excepción. Tal vez era mejor así. No pensar que los zombies a los que habían matado habían sido antes personas como ellos, con unas vidas.

-¿Piensas en si uno de ellos era el pobre desgraciado de abajo? –preguntó el padre Xavier rompiendo el silencio-. No pienses en ello, sus almas seguro que están descansando en paz en el cielo. Lo que hemos matado son… simples cascarones… como… una foto. Una fotografía puede representar a una persona, pero no contiene lo que le hace persona. Con estos seres pasa lo mismo. Son una cruel broma de Lucifer.

Mara miró al sacerdote con cierta curiosidad.

-Así que su Dios no tiene nada que ver en todo esto, se lava las manos.

-Hay días en que a mí tampoco me convence mi respuesta, pero… en eso consiste la fe –respondió Xavier señalando el crucifijo que llevaba colgado del cuello-, en tener la esperanza de que todo tiene un propósito.

Durante unos segundos, Mara pareció tener la intención de contestar al sacerdote, pero finalmente simplemente le hizo un gesto para que continuaran la exploración. Se dirigieron hacia el tercer piso. Subieron las escaleras, de nuevo lentamente, y Mara asomó la cabeza. El tercer piso… no estaba. Parecía haber habido un pequeño incendio o algo, pero lo que fuera que había pasado sólo había dejado el suelo intacto y algunos pilares y paredes en píe. Mara miró al sacerdote preguntándole con la mirada si tenía alguna teoría.

El padre Xavier pareció entender la pregunta y negó con la cabeza mientras ambos se mojaban bajo la lluvia. Mara aprovechó para mirar el exterior. Seguía sin ver demasiados zombies. Sólo quedaban unos pocos por las calles. Y no parecían estar molestos con el agua que les caía encima. Mara decidió que ya era suficiente e indicó al sacerdote que volvieran a bajar. Todavía quedaba el sótano.

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