Jornada 9. El final del principio (XVII)


La mañana amaneció sin nubes en el cielo. Con un suave viento y un olor a humedad por el agua dejada por la lluvia caída. Mara se asomó con precaución a la calle. La población de zombies seguía siendo bastante pobre en comparación con la normal.

Mientras el padre Xavier preparaba su mochila para seguir viaje y su labor en la ciudad, Mara dejó varias marcas en las puertas del almacén y las cerró con llave cuando salieron. Luego puso las llaves en uno de los buzones sin que el sacerdote se diera cuenta.

El padre Xavier le había pedido permiso a Mara para coger alguna caja de cartuchos. Ésta le indicó que podía coger las que quisiera, que no tenía motivo para pedírselo a ella.

-¿Y ahora que hará? –le preguntó Mara al sacerdote.

-Seguiré paseando por las calles y dando el descanso eterno a estos cuerpos sin alma –respondió el sacerdote- ¿y qué planes tienes hija mía?

-¿Puede dejar de usar esa expresión? –le pidió Mara-. Me hace sentir incómoda. Respecto a mis planes… seguiré explorando un poco la ciudad y luego… seguiré mi camino. Voy improvisando sobre la marcha. En teoría tendría que estar en algún otro sitio.

-Entonces podemos seguir nuestros caminos juntos durante un poco más –sugirió el sacerdote-, pero antes… me gustaría dar el descanso eterno al pobre cuerpo que hay en el piso superior.

Mara torció el gesto.

-No sé Xavier –respondió Mara indecisa-, no sabemos lo que hay detrás de esa puerta. Podríamos tener una familia entera… incluyendo niños.

-Más razón –insistió el sacerdote- no podemos dejarles vagar por este mundo de esta manera. Es una crueldad. No es culpa suya lo que les ha pasado.

-Pero ya no están vivos –Mara intentaba poner algo de razón en la cruzada del padre-. Además no creo que puedan atravesar esa puerta y causar algún daño.

El sacerdote parecía tener la idea clara y fija.

-¿De verdad quieres correr el riesgo? –preguntó el padre Xavier-. Mire, si no quiere acompañarme no pasa nada. Lo haré yo solo.

Mara suspiró y murmuró por lo bajo.

-Vamos, antes de que me arrepienta de esta estúpida idea –dijo Mara mientras se dirigía hacia las escaleras.

El padre Xavier sonrió y le acompañó subiendo las escaleras juntos.

-Lo único que siento es no poder asegurarte que Dios nos protege para esta misión.

-Pues qué bien –respondió Mara-, así que no es una misión sancionada por Dios. Creía que ustedes hablaban con él y por él y esas cosas.

-Habladurías –dijo el sacerdote mientras comprobaba su escopeta-, decir que hablamos por Dios es una metáfora. Se supone que somos su representación en la Tierra. Sus mensajeros. Interpretamos las escrituras y sus lecciones. Pero sólo somos humanos… y algunos no se dan cuenta de ello y cometen errores.

Mara comprobó su fusil de asalto y su pistola y ambos se prepararon para atravesar la puerta del piso que contenía a los zombies.

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