4 de julio 1989. Cómo matarlos y la clasificación de los mismos


Afortunadamente, no se tardó mucho en encontrar el modo de acabar con ellos. Era bien sencillo, se les reventaba la cabeza de cualquiera de las formas de que fueras capaz, y ya estaba. También se les podía dar un fuerte golpe que afectara al sistema nervioso, o lo que pudiera quedar de él, para provocar en cierto modo una desconexión; claro que eso no siempre resultaba efectivo y podías encontrarte con un zombie más cabreado de lo normal, por definirlo de alguna manera.

Las criaturas ésas del averno, como al clero le dio por llamarlas inicialmente -antes de ver en ellas a los mensajeros de Cristo (aunque ésa será otra historia)- variaban bastante entre ellas en lo que a movilidad y reflejos se refería; lo habitual era encontrarse con el zombie torpón y lento que deambulaba de un lado para otro, pero poco a poco, se fue viendo cómo aparecían seres en cierto modo más diestros… aunque no mucho. Estaba claro que, por ejemplo, los pocos que habían logrado resurgir después de un tiempo enterrados, eran los que peor lo tenían, aunque los de nueva infección resultaban más peligrosos al disponer de una coordinación mayor el doble o el triple de lo habitual.

Al respecto de las tumbas y los zombies surgidos en los cementerios se hablará el próximo viernes.

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