Jornada 02 Soviets (38)



Incluso se permitió comenzar a recibir señales de radio y televisión del exterior. El resto del mundo vivía en esos momentos peor que ellos, los gobiernos europeos habían tomado un rumbo que recordaba demasiado al fascismo, así que… ¿por qué no mostrarles lo que había al otro lado de la frontera? Que vieran que estaban teniendo suerte.

Por supuesto, el poder seguía estando en manos de unos pocos elegidos, pero lo cierto era que no podían cometer errores o permitirse el lujo de ser corruptos porque siempre había alguien un escalón inferior a ellos esperando que cometieran un error para sustituirles.

Pero el pueblo tenía pan, no pasaba frio en invierno y apenas tenía que preocuparse de los zombis. Era feliz.

Jornada 02 Soviets (37)



Los cambios internos tampoco dejaron de sucederse. Ahora que la Unión Soviética era más grande y tenía más miembros, sus habitantes comenzaron a ver cambios como el final de la racionalización de la comida y de otros bienes, la apertura de fronteras internas o, lo más importante, que cada vez había menos chivatos entre ellos.

Eso había sido debido a que se había acabado la manga ancha por parte del estado de hacer de matones. Hasta poco antes de la crisis zombi había personas que si querían obtener algo del vecino o librarse de una deuda le denunciaban como poco comunista y el estado por norma general le encerraba o le mandaba a Siberia con el resto de su familia. Pero con el cambio de mentalidad: ya no se podía ir matando alegremente a la gente porque era necesaria para repoblar la Unión Soviética los casos se investigaban más a fondo y si se descubría que la persona que había informado lo había hecho por intereses propios y había mentido era castigado siendo mandado a zonas asiáticas o a cumplir servicio en la frontera alejado de la sociedad.

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Se decidió crear diversas bases de entrenamientos que estuvieran cerca del nuevo escenario de guerra, pero que no fuera posible un ataque zombi en masa. Por suerte toda esa zona disponía de islas y zonas que podían ser aisladas mediante bombardeos masivos de manera que no se pudiera acceder por tierra a las mismas. Era cierto que había que limpiar esas zonas, pero todo era parte del entrenamiento. En dos años una docena de bases distribuidas por las costas fueron construidas y puestas en marcha con éxito.

El número de suicidios y de incidentes relacionados con estrés post-traumático descendió rápidamente gracias al entrenamiento físico y mental. Y la fuerza soviética comenzó a ganarse la fama de ser la mejor preparada ante la envidia de sus rivales, los norteamericanos, que todavía tenían que seguir lidiando con los zombis por todo su inmenso país y no podían dedicar el tiempo y los recursos del mismo modo que los soviéticos.

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Pero no todos estaban cortados para desempeñar ese trabajo, por lo que se tuvo que ir seleccionando soldados que no sucumbieran fácilmente a la presión o que al volver a casa no acabaran matando a su familia por compasión para que no les pasara lo que habían visto en el frente.

Cuando los soviéticos comenzaron a quedarse sin zombis en casa y su ayuda no fue aceptada en los países capitalistas el Alto Mando se encontró con un problema. Era cierto que apenas quedaban zombis en su territorio, pero los soldados tenían que seguir entrenándose.

Vladimir Putin había sido nombrado finalmente premier de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y entendía el problema. La relajación entre los soldados no era mala del todo, pero ¿y si volvía a pasar? Era necesario que supieran contra qué se enfrentaban. Y volvió su mirada hacia África y la parte asiática que no había sido limpiada por las bombas de neutrones. Países como Afganistán, Irak, Kuwait, Nigeria eran ideales para los entrenamientos de los soldados.

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Por supuesto, los hubo que trataron de aprovechar eso para sus propios fines sólo para descubrir que el ejército soviético tenía muy poca paciencia con los ladrones y los timadores y que las balas eran muy baratas y rápidas.

Los psicólogos trataron de explicar que no se podía tener a un soldado en alerta constantemente bajo el riesgo de que se rompiera; como había pasado. Requerían de descansos como el resto de seres humanos mal le pesara al Alto Mando. Rotaciones de descanso y vacaciones. Pasar tiempo con la familia y entrenarles en técnicas de relajación y compartimentación para que pudieran desconectar cuando no estuvieran de patrulla.

También se sugirió el uso de drogas para ayudar a dormir y a relajarle pero esa solución fue rápidamente descartada debido a que un soldado adicto no era de gran confianza. Si alguien le ofrecía una droga mejor su lealtad podría ser cambiada.

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El entrenamiento consistía habitualmente en patrullar por las calles de la ciudad o limpiar edificios. Al principio los soldados siempre iban con sumo cuidado y siguiendo al pie de la letra las instrucciones que se les habían dado para esos casos, pero con el paso del tiempo en una ciudad su guardia bajaba y comenzaban a relajarse pensando que en realidad los zombis no eran una amenaza real… y era entonces cuando cometían algún error y toda una unidad era borrada del mapa y pasaba a formar parte del ejército de muertos.

Por supuesto esas acciones eran filmadas y luego mostradas al resto de soldados para que aprendieran que un error, un instante de duda, podría representar la muerte de todos ls componentes del grupo.

Esas primeras incursiones también mostraron al Alto Mando que debían ir rotando regularmente las unidades en las ciudades para que no se relajaran, hacer que estuvieran en alerta constantemente hasta que comenzaron los casos de suicidios por depresión o ansiedad o peor aún, un soldado que perdía la cabeza y comenzaba a ver zombis por todas partes… en medio del campamento.

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Casi todos los países organizaron sus propios comités de investigación para averiguar cómo los muertos habían vuelto a la vida y si se podía impedir que volviera a pasar. Miles de millones se gastaron en dichos comités que lo único que descubrieron es que podía haber sido peor y que cualquier cosa podría haber provocado ese fenómeno extraordinario y que nada impedía que volviera a pasar.

A finales de los 90, Vladimir Putin pasó a formar parte del círculo interno del Premier soviético mientras comenzaba a tejer la telaraña que le llevaría a gobernar a los soviéticos pocos años después.

El ejército soviético por su parte se centraba ahora en entrenar a los soldados en entornos urbanos y contra los zombis. Tratando de demonizarlos y deshumanizarlos dado que en la mayoría de casos se trataría de matar muertos vivientes soviéticos que no lo habían pedido y lo cierto era que no habían tantos sádicos dentro del ejército como decían los países capitalistas.

A lo largo y ancho del territorio soviético se iba desplegando el ejército en ciudades abandonadas pero en las que la población zombi no era tan numerosa como para usar tanques.

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Vladimir Putin, que no había formado parte de dicho golpe, procedió a darse de baja poco después y a observar desde fuera la purga que se comenzó a llevar a cabo en todos los estamentos para asegurarse de que nadie tenía la tentación de nuevo de tomar por la fuerza el poder. A muchos de los oficiales de mayor rango se les envió a la frontera asiática o a supervisar la limpieza zombi en dicho territorio con lo que eso implicaba.

Durante los siguientes años la Unión Soviética fue reforzando su poder en el Este de Europa y absorbiendo distintos países en el proceso como Hungría o los países bálticos. La independencia de Grecia se respetó de cara al exterior para mantener las apariencias, pero lo cierto era que estaba rodeada por nuevas provincias soviéticas y era uno de los países más cercanos a África por lo que sus relaciones con los soviéticos eran cuidadas hasta el más mínimo detalle y colaboraban en todo lo que se les solicitara.

Europa y Norte América asistían alarmados al rearmamento y resurgimiento de la poderosa Unión Soviética sin poder hacer nada ni ofrecer resistencia alguna. Todos los países estaban todavía sumidos en el caos en mayor o menor medida tratando de acabar con la amenaza zombi dentro de sus fronteras como para preocuparse de sus vecinos detrás del Telón de Acero.

Los servicios de espías tuvieron que comenzar de cero todo su entramado de información y con muchísimos menos recursos. La prioridad ahora no era saber qué hacían los vecinos comunistas o los aliados europeos sino averiguar el mejor modo de luchar contra los zombis e impedir que volviera a repetirse una plaga parecida.

Jornada 02 Soviets (30)



Los resultados de la prueba habían sido un éxito y la Unión Soviética comenzó a usar de forma masiva en Asia ese tipo de dispositivos para diezmar la amenaza zombi a ese lado de la frontera.

Cuando, finalmente, el resto de países descubrieron la táctica utilizada por los soviéticos, trataron de quejarse pero fueron rápidamente callados al señalarse sus propias medidas para impedir que los zombis les atacaran como igual de inhumanas. Al menos la medida soviética era definitiva y no corrían el peligro de ser atacados en el futuro.

A pesar de todo, las cosas a nivel interno no iban bien y las tensiones entre la clase dirigente y un sector más duro fueron creciendo hasta desencadenar en un intento de golpe de estado liderado por el KGB y que fracasó cuando se informó al pueblo del mismo.

Los soviéticos habían sufrido el ataque zombi pero también habían visto como su Premier tomaba decisiones difíciles como usar armas de destrucción masiva en contra de la opinión extranjera para salvarles de la amenaza y siempre habían visto al KGB más como unos aprovechados que como servidores leales así que cuando se comenzó a conocer el golpe de estado todos salieron a la calle para enfrentarse a los golpistas que tuvieron finalmente que desistir.

Jornada 02 Soviets (29)



-¿Cuáles son las lecturas de radiación? –Preguntó preocupado acercándose a otro científico que estaba estudiando los instrumentos y los datos que les llegaban.

-Dentro de los parámetros esperados –respondió éste- Se está expandiendo con bastante rapidez pero por ahora no sobrepasa los límites. Deberemos esperar algún tiempo para ver cómo se disipa.

Putin asintió. Lo cierto era que una de las ventajas de ese tipo de bombas era que la radiación se expandía con mucha rapidez, suficientemente intensa para acabar con seres humanos protegidos incluso con trajes anti-radiación pero que se disipaba de forma más rápida que la radiación producida por una bomba atómica.

Ahora sólo quedaba esperar que no hubiera ningún accidente inesperado y estudiar los datos para poder perfeccionar el método y aplicarlo de nuevo a lo largo y ancho de Asia para acabar con la amenaza que se cernía sobre la Unión Soviética si se olvidaban de ella como parecían pretender hacer los europeos y los americanos con sus continentes vecinos pobres.