Jornada 8. Gerald contra el mundo (83)


-Base, recibido. Iniciamos acercamiento al portaaviones para revisión visual. Cambio.

El piloto comenzó a maniobrar para situarse frente al portaaviones y volarlo de proa a popa desde el lateral.

-Joder –dijo el copiloto mientras señalaba las lecturas de uno de los instrumentos de a bordo.

-¿Qué sucede? –Preguntó Gerald alarmado que tenía a la vista la cabina.

Vázquez se giró para mirar.

-Parece que el contador de radioactividad ha detectado algo.

-No me jodas hombre –respondió Gerald que no se lo podía creer- Será algo residual de sus motores, digo yo.

-Base, aquí foxtrot lima uno declarando un broken arrow –comunicó el piloto nervioso a través de la radio- El contador ha captado radioactividad en aumento en la zona a medida que nos acercamos. Solicito instrucciones, llevó a bordo a un Víctor. Cambio.

Gerald no se lo podía creer. Era una broma. Eso no podía estar pasando. Debía ser una simple misión de reconocimiento. Entrar, observar y salir. Y se estaba convirtiendo en una pesadilla. Zombis, radioactividad… ¿Qué más podía salir mal?

-Foxtrot lima uno, aquí base. Los detectores de radioactividad instalados en el agua se están volviendo locos. Salgan de ahí inmediatamente y lo más deprisa que puedan. Podemos estar ante una ruptura del núcleo de uno de los reactores. Un equipo ya se está preparando para ser enviado a la zona a investigar. Cambio.

-Recibido, base.

-Volvemos a casa –informó el piloto mientras comenzaba a dar la vuelta al aparato.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (82)


Gerald al ver todo el sistema de defensa de la aeronave ponerse en funcionamiento no pudo menos que alarmarse. Si había zombis en el portaaviones, ¿qué había sido de Mara? ¿Cómo habían llegado los zombis ahí? ¿No deberían tener una seguridad más férrea los norteamericanos?

-Base, aquí foxtrot lima uno declarando un código rojo en el portaaviones USS anclado en la bahía. Hay zombis en la pista y varios incendios declarados. No hay ni rastro de vivos.

Vázquez tenía razón. Aquello era un desastre. ¿Qué estaba pasando? ¿Sería todo parte del plan de Doc o le había estallado en la cara finalmente?

-Foxtrot lima uno, aquí base. ¿Pueden hacer una pasada para comprobar si se ven supervivientes y evaluar la situación desde el aire? Control de vuelo informa que ha perdido contacto de radar con los cazas hace un par de horas. Cambio.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (81)


-Trata de mantener el helicóptero estabilizado –le pidió el copiloto- y no te acerques más… por si acaso sus defensas anti-aéreas están en automático y nos consideran hostiles.

Vázquez lanzó una mirada a Gerald de irritación mientras mascullaba entre dientes.

-Ceuta otra vez.

-Joder, hay zombis en la pista –dijo el copiloto alarmado.

Enseguida, y sin que nadie se lo tuviera que ordenar, los soldados se pusieron en alerta quitando el seguro a sus armas y comprobando que estuvieran listas para el combate. Los dos soldados que estaban al cargo de las armas grandes del helicóptero las prepararon para su uso.

-Ceuta otra vez –repitió Vázquez- Joder. ¿Cuándo tendré una misión tranquilita?

Jornada 8. Gerald contra el mundo (80)


-El control de vuelo no responde –informó el copiloto- Y no recibo ninguna comunicación desde el portaaviones.

Gerald vio cómo el copiloto cogía unos prismáticos y comenzaba a mirar a través de ellos. ¿Qué estaría pasando? Definitivamente esto no entraba en sus planes.

-¿Qué hay de los aviones de patrulla norteamericanos? –Preguntó Gerald a Vázquez- Siempre tienen aviones en el aire.

-Oye, Suarez, ¿qué se sabe de los cazas yanquis? ¿Alguna señal? –Preguntó Vázquez al piloto.

-Sus cazas sólo responden al control de vuelo del portaaviones –respondió el piloto- No suelen ser muy sociables la verdad.

-Veo humo en la pista del portaaviones –informó el copiloto- Parece que uno de los aviones se ha estrellado.

-A lo mejor por eso no responden –señaló Vázquez- Están muy ocupados.

-Imposible –respondió el piloto- Las cosas no funcionan así. ¿Ves algo más?

Jornada 8. Gerald contra el mundo (79)


Gerald no respondió. No era un soldado. Era cierto que tenía negocios muy lucrativos con los militares de casi todo el mundo, pero nunca había acabado de entender su mentalidad… aunque era cierto que meterle miedo a un zombi era imposible… por ahora. Quién sabe, a lo mejor algún día eso cambiaba.

-Foxtrot Lima Uno a USS –escuchó Gerald que decía el piloto- Solicito instrucciones de acercamiento, cambio.

Gerald respiró hondo. Ya no había vuelta atrás. Estaba seguro de que las órdenes que había emitido habían sido procesadas correctamente y no habían levantado sospechas. Así que no debía de haber problemas, pero… Tenía un nudo en la garganta.

-Repito, Foxtrot Lima Uno a USS, solicito instrucciones de acercamiento, cambio –insistió el piloto. Volvió a repetir la petición en inglés mientras intercambiaba una mirada con su copiloto que estudiaba los instrumentos del aparato y negaba con la cabeza.

-¿Algún problema? –Preguntó Vázquez a través de los auriculares a los pilotos mientras estudiaba el rostro de Gerald.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (78)


-Además, a todo esto, ¿a qué juega el ejército y el gobierno español? –Preguntó Gerald a modo de contraataque- No estáis haciendo nada por salvar la ciudad o la isla. Sólo sois perros guardianes de otros.

-Órdenes son órdenes. Vigilar, pero no intervenir –respondió Vázquez encogiéndose de hombros- Y no tengo ganas de que me peguen un tiro por desobedecer órdenes.

-¿Cómo te van a pegar un tiro por desobedecer órdenes? No seas estúpido –respondió Gerald.

Vázquez no dijo nada pensando en el pobre desgraciado que había muerto en el cuartel de la carretera de Valldemossa por oponerse a seguir las ‘órdenes’… y eso que no era un militar sino un policía local. No pudo impedir que sus pensamientos fueran hacia el sargento y el otro policía, ¿qué debía de ser de ellos? ¿Seguirían vivos? Bueno, el caso es que si se quedaban en casa del escritor no tendrían grandes problemas. Ése sí que era un plan espléndido. Pasar toda la guerra encerrado, a salvo, comiendo y bebiendo hasta cansarse. Pero no, él tenía que haber vuelto al cuartel, como un corderito. Al fin y al cabo, ¿qué más podía hacer? ¿Desertar? Se había hecho una vida entre los militares, una muy cómoda vida. Y no tenía ganas de dejarla. Ni planes de futuro fuera de su vida como soldado.

-Creía que estos aparatos no entrarían en servicio hasta el año que viene –interrumpió Gerald los pensamientos de Vázquez.

-Querían usar un Cougar súper cutre para el traslado –le comenzó a explicar el soldado- Pero les convencí que daríamos mejor impresión tanto a ti como a los americanos para que vieran lo que tenemos los isleños entre las manos si usábamos este juguetito. Los teníamos a prueba para evaluarlos y los pobres se estaban muriendo de asco y cogiendo polvo, así que…

-Si la verdad es que no está mal pero… -Gerald se quedó unos instantes en silencio- No impone miedo. Es el problema de los diseños europeos. Son… cómo decirlo… aburridos. Mira el helicóptero Apache, o los cazas Tomcat, o la versión norteamericana de este vehículo, el blackhawk, los ves y te recorre un escalofrío por la espalda.

Vázquez suspiró.

-El arte de la guerra ha cambiado –le respondió- Infundir miedo ya no es posible. ¿Cómo aterrorizas a alguien que es la pesadilla ambulante de cualquier ser humano? No tiene miedo, no tiene frío, ni calor, no tiene dudas, ni piedad. Es una marabunta. Avanza, y avanza, y avanza, y da igual lo que le hagas, da igual que lo quemes, lo hieles, le dispares, lo vueles por los aires, lo gasees, lo disuelvas, continúa avanzando, imparable. ¿Cómo le metes miedo a algo así? No, los tiempos han cambiado. Ahora de lo que se trata es de que la gente se sienta segura dentro del vehículo y no de que el enemigo sienta miedo.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (77)


-Hace un buen día para una inspección –dijo Vázquez a través de los auriculares- Espero que el viaje valga la pena.

-¿Acaso has tenido alguna queja conmigo? –Preguntó Gerald- Creo que siempre has salido ganando y no has corrido grandes peligros.

-Salvo el fiasco de Ceuta –le indicó Vázquez con la cara seria- Eso fue un desastre en regla.

-Pero no fue culpa mía –se excuso Gerald- La situación no la creé yo. Y tus superiores habían sido avisados de lo que estaba pasando. Simplemente no quisieron actuar.

-La historia de la Humanidad –resopló Vázquez- El pez grande contempla desde lejos cómo el pez pequeño es destrozado.

-Creo recordar que el refrán no era así –señaló Gerald extrañado.

-Para el caso –respondió Vázquez- Se aplica sin problemas. Pero te lo advierto, no quiero otro Ceuta a mis espaldas. Una visita tranquila, me lo has prometido.

-No es culpa mía si los problemas me persiguen –se excusó Gerald- Ahora dirás que lo de la isla es culpa mía.

-Estás en medio del lío, ¿verdad Entonces seguro que algo de culpa tienes.

-Tío, estaba de vacaciones con mis sobrinos –respondió Gerald- ¡De vacaciones! Y quién demonios querría quedarse encerrado en una isla llena de zombis.

-Se me ocurren un par de nombres –dijo Vázquez pensativo.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (76)


-Con dos cojones, que decimos en mi tierra –comentó Vázquez mientras miraba el helicóptero que seguía esperando- ¿Y qué hay en todo esto para mí?

-¿Ser mi amigo? –Dijo a modo de broma Gerald- Te deberé un gran, gran favor, como mínimo, además seguro que podemos encontrar alguna manera de contentarte.

-Eso está mejor –respondió Vázquez señalando el helicóptero- Pues nada, le indicaré al piloto que nos conecte por un canal privado y con el ruido de las aspas nadie más podrá escucharte insultar al noble idioma español mientras lo escupes.

Gerald asintió y se dejó acompañar por Vázquez al interior del helicóptero. Se sentó entre cuatro soldados en el sitio más seguro del vehículo. En medio. Enfrente tenía otros tres soldados, entre ellos Vázquez que le indicó los auriculares que tenía detrás y le señaló con los dedos el canal tres.

Nada más se hubo puesto los cascos el helicóptero despegó y reinició su marcha rumbo al portaaviones. Gerald pudo comprobar lo relativo de la velocidad dado que en unos segundos dejaban atrás la ciudad y debajo suyo sólo había agua… y diversas embarcaciones hundidas o quemadas.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (75)


Gerald se quedó un momento en silencio mientras se abrochaba la chaqueta y cogía la pistola de la mano de Vázquez que esperaba una respuesta.

-Es posible que una amiga mía esté ahí dentro prisionera –respondió finalmente. No le quedaba más remedio que confiar en Vázquez o su plan se podría ir al garete.

-¿Y piensas usar al ejército español para rescatarla? –Preguntó sorprendido y algo incómodo Vázquez.

-Digamos que esta primera visita es para hacerme una idea de a lo que me enfrento –le respondió Gerald- Explorar y evaluar. Ver si es posible un rescate y cómo llevarlo a cabo.

-Así que no nos liaremos a tiros con los americanos –respondió Vázquez que parecía buscar una promesa.

-Para nada, sería una locura –dijo Gerald negando con la cabeza- Aunque se me había pasado por la cabeza, la verdad. Pero no acabo de verlo claro.

-Bien, así que el plan es hacer una visita a nuestros amigos y aliados y salir sonriendo y vivos –resumió Vázquez- Pero mira que había modos más sencillos de hacerlo.

-Seguramente, pero no me permitirían gozar de tu compañía –respondió Gerald.

-¿Y cómo lo harás con el idioma? –Preguntó Vázquez de nuevo- Tu español no ha mejorado demasiado la verdad.

Gerald sonrió.

-A los americanos les pediré que me hablen en inglés y en el helicóptero dejaré que lleves la voz cantante.

Vázquez se acabó el cigarrillo.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (74)


Gerald estuvo a punto de darle la mano al soldado pero recordó que se suponía que era su superior y simplemente le indicó que entrara en el hotel.

-¿En qué nuevo lío me has metido esta vez? –Preguntó Vázquez sonriendo y pasándole el uniforme a Gerald.

-Nada peligroso, tranquilo –le respondió el informático mientras se desvestía- Una visita a un portaaviones. Simple y tranquilo. A lo mejor incluso aprendes algo.

-Joder, ya te puedes imaginar mi sorpresa cuando en medio de todo este lío me llamas para pedirme un uniforme de campaña –dijo Vázquez que aprovechó para encender un cigarrillo- Además de un día para otro. Y luego descubro que te quieres colar en el portaaviones de los yanquis. En serio, ¿qué te traes entre manos?

Gerald comenzó a ponerse el uniforme de campaña cuya única diferencia con respecto al de los soldados era el de las estrellas en la solapa.

-No tenías que venir en persona –le indicó Gerald mientras se abrochaba los pantalones- Pero no se me ocurría nadie mejor para poder prestarme un uniforme del ejército.

-Déjate de irte por las ramas y dime qué estás tramando –le insistió Vázquez- Que le tengo aprecio a mi vida. Y dinero que todavía no he gastado.

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