Jornada 8. Gerald contra el mundo (93)


Gerald se quedó en silencio durante unos segundos. ¿Cómo demostrar que no era cierta esa afirmación? ¿O lo era? La verdad es que tampoco es que le importara demasiado lo que los demás pensaran de él mientras pudiera sobrevivir. Así que para qué complicarse la vida.

-Lo que tú digas, Pep –dijo quitándole importancia.

-¿Qué planes tienes ahora? –Preguntó Pep que no parecía tener intención de dejarle tranquilo.

-Dado que el portaaviones se ha ido a pique –hizo una pausa esperando que Pep captara el chiste, no le pareció hacerle gracia- Su vigilancia marítima y aérea se resentirá. Así que o bien esperaré tranquilamente en el hotel a que todo esto se acabe o bien trazaré planes para abandonar en breve la isla. Depende del tiempo y del humor del que esté cuando salga de aquí.

¿Y estás seguro que la situación del portaaviones es estable? –Insistió Pep- ¿Qué no hay ningún peligro?

-Seguro, seguro no hay nada en esta vida, fíjate que ya ni el morirte es seguro –respondió Gerald- Pero si veo que hay algún peligro ya te avisaré. No hicimos el hotel a prueba de radiación, ¿verdad?

-No, no lo hicimos –respondió Pep algo molesto por el tono que estaba usando Gerald, tan casual que parecía que no le importara nada.

-Eso pensaba, en fin, nadie es perfecto. Quién se iba a esperar que los muertos resucitaran así que…

-¿Tienes alguna noticia más que me arruine el día? –Preguntó Pep que parecía darse por vencido finalmente.

-Si pienso en algo ya te lo comunicaré –respondió Gerald sonriendo.

Luego siguió con la vista a Pep mientras abandonaba la estancia. Podría haber ido mejor la verdad. Esperó pacientemente a que las enfermeras vinieran a hacerle las primeras pruebas de la larga semana que debería pasar ahí encerrado. Daba igual. Al estar aislado todo el mundo le dejaría tranquilo y podría trabajar en sus próximos proyectos: Salir de la isla y tratar de averiguar qué había pasado en el portaaviones, con Mara y con Doc.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (92)


-Espera, espera, espera –le interrumpió Pep- ¿Qué es eso de radiación?

-Ah sí, que el helicóptero detectó que estaban aumentando los niveles de radiación del portaaviones –respondió Gerald- Afortunadamente parece que al hundirse esa amenaza se ha eliminado.

-¿Aguas radioactivas? ¿Me estás diciendo que el agua de la bahía es radioactiva? –Preguntó Pep mientras se ponía las manos en la cabeza- No me lo puedo creer. No era suficiente que la gente arrojara basura al mar, el combustible, aceite, envases de plástico… y ahora encima radiación.

-No, hombre, que seguro que no es nada –le trató de tranquilizar Gerald- Con todo el agua que hay seguro que queda diluida y no se nota. Cuando volvíamos, los niveles parecían haber vuelto a la normalidad. Así que no pasa nada.

-Un desastre. Esto es un desastre –repitió Pep- No bastaba con la amenaza zombi. No bastaba con una nueva plaga. No. Ahora dirán que la isla es radioactiva… Si ya era complicado traer turistas ahora va a ser imposible. Esta isla está maldita. ¿Qué será lo siguiente? ¿Un terremoto que hunda la isla como la Atlántida?

-Bueno, creo que sería más adecuado un maremoto –dijo Gerald poco inspirado- Quiero decir… que seguro que no es para tanto .Algo pasajero. La gente lo olvidará pronto… si es informada clara. Seguro que el gobierno no quiere dar a conocer que alguien ha hundido un portaaviones en sus aguas… y que ha habido una amenaza nuclear… sé positivo.

-¿Una amenaza nuclear? Las desgracias te persiguen –dijo Pep señalando a Gerald- Eres peor que el caballo de Atila.

-Bueno, tampoco te pases. Que es una casualidad todo lo que ha pasado. Seguro que hay más gente que también ha pasado por cosas parecidas. Lo mejor es olvidarlo todo y seguir adelante. Además, fíjate que en este hotel todavía no hemos tenido un brote zombi como en el resto de establecimientos.

-Lo tenías que decir –le interrumpió Pep de nuevo- Tenías que mentar a la bicha. Seguro que ahora aparecerán dentro o fuera a cientos o miles. Nos has condenado. Eres un gafe.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (91)


-Cuando llegué ya se había marchado –dijo finalmente- Por lo visto se cansó de esperarme. Supongo que estará tomando el sol en alguna playa desierta antes de volver al hotel a veros.

-Esta tía Mara…

-… que egoísta que es.

Gerald asintió en silencio.

-Bueno, chicos, ahora tengo que descansar que ha sido muy cansado eso de trabajar. Portaos bien con Sarah o haré que os tire a los zombis.

El siguiente en aparecer fue el director del recinto, Pep, que tenía cara de preocupación.

-¿Se puede saber qué le has hecho al portaaviones? ¡Lo has hundido! Por el amor de Dios, está ahí en medio de la bahía. Partido y humeando. ¿En qué estabas pensando? Nos podrías haber matado a todos.

Gerald se quedó sorprendido por las palabras del director.

-¿Se puede saber de qué me hablas?

¿Cómo de qué te hablo? –Preguntó incrédulo Pep- Te marchas en un helicóptero militar y al poco rato el portaaviones norteamericano está en llamas, humeando y partido en dos. Y me dirás que es una casualidad.

-Pues me temo que sí –respondió Gerald- Una calamitosa casualidad. No he tenido nada que ver. En primer lugar, el portaaviones estaba infestado de zombis, luego comenzó a soltar radiación y posteriormente alguien lanzó torpedos contra el portaaviones. Y no he tenido nada que ver con alguna de esas cosas.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (90)


El helicóptero le dejó en la azotea de donde le había recogido y Gerald y Vázquez se despidieron hasta la próxima con la promesa del primero de que trataría que no fuera en las mismas circunstancias y que cuando todo eso acabara le llevaría a comer al sitio más caro de la isla.

Gerald vio el helicóptero desaparecer en el horizonte y se dirigió al interior del recinto donde le esperaba un comité de bienvenida con un traje de aislamiento para acompañarle a donde se pasaría una semana siendo estudiado por si… se podía convertir en zombi. En esta ocasión agradeció los análisis ya que estaba preocupado por si la radiación le había contaminado de alguna forma. No era cosa de ir por el hotel desprendiendo radiación.

Los primeros en aparecer por la sala médica fueron sus sobrinos acompañados por Sarah que se quedó en la entrada apartada. Parecía que todavía no le había perdonado. Bueno, sólo habían pasado unas horas desde la última vez que se habían visto así que…

-¿Dónde está la tía Mara? –Preguntó uno de los sobrinos.

-¿La has escondido para que la busquemos? –Preguntó el otro sobrino.

Gerald se quedó unos segundos en silencio pensando en qué decir.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (89)


Vázquez le sacó de sus elucubraciones.

-¿Y ahora qué? –Preguntó el soldado mientras miraba el cigarrillo con el que había estado jugueteando los últimos minutos.

-Supongo que la visita queda anulada y regresaré a mis vacaciones –respondió Gerald.

-¿Y tu misión?

-Dudo que quede alguien vivo ahí abajo –respondió apenado Gerald mirando los restos- Si los zombis no han cumplido con su misión, las explosiones y el hundimiento habrán acabado con cualquier rastro de vida.

Vázquez asintió.

-Suárez regresamos al hotel para dejar a nuestro VIP –dijo Vázquez comunicándose con el piloto- Al parecer ya no le apetece visitar el portaaviones. Ha perdido las ganas.

-Recibido. Volvemos al hotel. El Mando informa que cuando las cosas estén calmadas mandarán un equipo al portaaviones para asegurar las barras e impedir que se contamine el mar.

Durante el resto del corto trayecto de vuelta al hotel nadie dijo nada y transcurrió sin ningún otro problema. Gerald agradeció la tranquilidad. No era precisamente un hombre de acción y durante la primera plaga se había quedado escondido primero en una base militar y luego en las profundidades de un castillo a salvo del peligro. Todo lo que había pasado en los últimos minutos le había hecho recordar el motivo por el que otros hacían el trabajo sucio por él.

Pero seguía teniendo una pregunta sin responder en su cabeza, ¿qué habría sido de Mara? ¿Habría muerto? ¿Habría sobrevivido? ¿Habría tenido algo que ver con la fuga de combustible? ¿Sería pasto de los peces?

Jornada 8. Gerald contra el mundo (88)


“El buque de guerra estaba partido en dos partes. La primera de ellas se encontraba girada lateralmente con la cubierta de cara a la bahía, mientras que la segunda estaba hundida en su parte delantera con el culo elevado y sobresaliendo, conformando una escena espectacular y apocalípticamente dantesca”.

Finalmente no hubo más detonaciones y la temida explosión nuclear no se produjo.

-Parece que estamos ante un milagro –dijo Vázquez jugueteando nervioso con un cigarrillo-. Espero que el gran jefe de ahí arriba no se tome a mal que tarde unos años en cumplir mi promesa de dejar de fumar…

Gerald respiró aliviado. Sus sobrinos estaban a salvo… por ahora. ¿Qué había de la radiación que habían detectado?

-Foxtrot lima uno a base, seguimos vivos –informó el piloto mientras reducía la velocidad y estabilizaba el helicóptero en el aire . El portaaviones ha quedado partido en dos y no parece razonable mandar una expedición ya que una de las partes ha quedado girada noventa grados y otra está inclinada y medio hundida. Cambio.

-Aquí base, parece que los índices de radiación están bajando. Los expertos tienen la teoría de que alguien habría sacado las barras de combustible dejándolas sin refrigeración y que con el hundimiento del portaaviones se podrían haber vuelto a refrigerar. Cambio.

Gerald comenzó a tratar de atar cabos. Lo más lógico era suponer que los torpedos habían provenido de un submarino norteamericano pero… ¿por qué iban a hundir uno de sus propios portaaviones antes de mandar una misión a arreglar el problema? ¿Falta de tiempo? Parecía una medida extrema… ¿Miedo a los zombis? ¿Habría sido una medida tomada por el capitán de la nave para tratar de parar la invasión de no-muertos radioactivos? ¿Cómo habían salido las barras de su sitio? Sabía cómo funcionaba el sistema y era a prueba de fallos. Las centrales nucleares marinas eran lo único en lo que no se regateaba en lo que se refería a dinero, materiales o personal. No se podían sabotear tan fácilmente… excepto que quisieras ocultar algo. ¿Podría ser todo obra de Doc? Tenía los conocimientos, pero ¿los medios? Por muy invitado que fuera seguramente no le dejarían acercarse a la central nuclear de manera tan sencilla… además de que requerías los códigos que ni él mismo había conseguido.

Jornada 8. Gerald contra el mundo (87)


Nadie se atrevía a mirar hacia el portaaviones. Incluso los que estaban de cara al mismo preferían girar la cabeza y mirar hacia delante. Alguno de los soldados estaba rezando en voz baja. Habían dejado atrás ya el mar y ahora sobrevolaban la ciudad a gran velocidad buscando una distancia de seguridad que no sería a ciencia cierta precisamente segura.

Pasaron los quince segundos y a pesar del ruido del helicóptero pudieron escuchar la primera detonación. Unos segundos después una segunda explosión se sentía en todo el helicóptero. Pero todavía seguían vivos. Seguramente no sería tan sencillo como dos torpedos para llegar y hacer explotar la central nuclear del interior del portaaviones… pero seis o más como parecía que habían disparado… eso era otra cosa.

Gerald se cansó de esperar y giró la cabeza tratando de ver algo. El portaaviones comenzaba a mostrar una gran columna de humo en su parte central pudiendo ver cómo dos explosiones más lo sacudían y el fuego y las llamas comenzaban a multiplicarse. Pero la gran explosión seguía sin ocurrir. Aquella espera le estaba matando. Ya no tenía edad para eso. Notaba su corazón bombeando sangre al resto de su cuerpo a una velocidad increíble.

Más explosiones parecieron partir por la mitad la nave norteamericana que comenzaba a hundirse por en medio. La parte trasera comenzaba a levantarse y mostrar sus enormes hélices mientras los aviones y helicópteros que había en la pista comenzaban a ceder ante la gravedad y deslizarse hacia el agua. La parte delantera también había comenzado a inclinarse pero un par de explosiones más hicieron que se acabara girando dejando la parte de la lista a la vista desde la bahía.

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