Jornada 06. En la boca del lobo (24)


Doc se tomaba su tiempo para hacerle las pruebas a Mara. No tenía prisa. Y disfrutaba viendo la cara de dolor de su paciente. Le había ido extrayendo sangre de todos los sitios que se le había ido ocurriendo, para analizar si había cambios en su composición, por supuesto.

Además había tomado muestras de sus huesos. El procedimiento era extremadamente doloroso, pero no le importaba demasiado. Si en algún momento sentía algo de culpa se acariciaba la pierna o el lateral de su cabeza y se le quitaban los posibles remordimientos.

También había tomado muestras de su médula ósea por supuesto. No debía dejar ningún cabo suelto. Lo más divertido había sido que en ese procedimiento había contado con la colaboración de su paciente. Era eso o que se pudiera quedar inválida para el resto de su vida… no es que cambiara demasiado para él, pero bueno… no era cuestión de quitarle esperanzas a la pobre mujer.

A pesar de todo lo que le había hecho no había conseguido romperle todavía su espíritu combativo. O era muy estúpida o sabía algo que él desconocía.

Al final del día daba igual. Ella era su prisionera. Comprobó una vez más el instrumental, no era cuestión de matarla de una infección. Aunque una fiebre no estaría más. Que delirara. Dejó aparcada la idea de inocularle un virus por ahora y se centró en su tarea, extirparle un trozo de cerebro para una biopsia. Ya le había biopsiado casi todos los órganos de su cuerpo, pero todavía le quedaba abrirle la cabeza, bueno, no literalmente. Para lo que él necesitaba bastaba con hacerle un agujero pequeño. Pero eso no tenía porqué saberlo ella.

Jornada 06. En la boca del lobo (23)


Doc pasaba la vista de una pantalla a otra. Aburrido. No pasaba nada. Sólo se veía de vez en cuando a algún vehículo militar circular entre los zombis tratando de no molestarles ni llamar su atención. ¿Cómo podían ser tan cobardes en aquella isla? ¿Es que no querían recuperar su ciudad? ¿Esperaban que la lluvia se llevara sus problemas? Le sacaba de quicio esa actitud complaciente. De vez en cuando veía a alguien asomarse al balcón o a una ventana y mirar a los zombis como el que mira pasar a la gente. ¡Estaban locos aquellos isleños!

Al menos tenía otro entretenimiento. Su cautiva. Hacía un par de días que le había quitado todas las drogas. Ya iba siendo hora de tratar con ella más en serio y dejarse de juegos. Además, estaba aburrido, no pasaba nada interesante. Y no había manera de saber si su segunda fase estaba teniendo éxito o no. Frustrante, esa era la palabra que resumía todo lo que estaba pasando. Tanto poder y no le servía apenas para nada.

Miró de nuevo las imágenes que se veían del centro comercial céntrico de la ciudad, el Corte Inglés, estaba rodeado de zombis. Pero no entraban. Así que seguramente debían de quedar supervivientes en el edificio. ¿Cómo lo habrían conseguido? ¿Seguirían vivos realmente ahí dentro? La cuestión es que si había gente viva podrían sobrevivir, por lo que tenía entendido había un supermercado en el edificio, así que eso se traduciría en una cantidad de víveres abundante. Claro que también dependería de cuánta gente habría dentro. Cuanta más gente menos días de provisiones… era un experimento interesante también. ¿Qué pasaría cuando se les acabaran las mismas? ¿Y si un grupo quería salir? Y él estaba fuera, sin poder saber qué estaba pasando ahí dentro.

Bueno, alguien tendría que soportar su mal humor. Se giró para mirar a Mara que seguía tratando de librarse de sus ataduras sin éxito alguno. Sonrió. Menos valía una piedra.

-¿Qué voy a hacer contigo? –Dijo Doc mientras se acercaba a Mara sonriendo- Hay tantas posibilidades… ¿tienes alguna sugerencia?

-Déjame libre y te mostraré unas cuantas –respondió amenazadoramente Mara.

-No, no, no –respondió Doc mirando a los marines que custodiaban a la prisionera… por si acaso- No queremos que la diversión se acabe tan pronto. No después de tanto tiempo.

-Por mí no habría problema –respondió Mara- Prometo que seré rápida y no te dolerá.

-No sé porqué pero no te creo –respondió Doc llegando a la altura de Mara- De todas maneras, ¿qué harías después? Ya sólo quedas tú. Estarías sola en el mundo. Sin amigos. Perseguida como una fugitiva.

-No te creo –respondió Mara forcejeando con las cintas- Y aunque así fuera, sé cuidarme sola. Seguro que tienes jefes. Ellos serían mi siguiente objetivo.

-Bueno, da igual –dijo Doc seguro de sí mismo mientras cogía una jeringuilla- Ahora lo importante es que no te muevas demasiado. O te dolerá más de lo que tengo intención de que te duela.

Jornada 06. En la boca del lobo (22)


-La bella durmiente ha vuelto de su viaje del país de los sueños –dijo en tono sarcástico Doc acercándose a la oreja de Mara- ¿Qué tal el viaje princesita? ¿Me has traído un regalo de recuerdo?

-¿Dónde… Dónde estoy? –Dijo Mara débilmente tratando de mover su cabeza.

Doc suspiró.

-Cada vez igual –respondió Doc- Pareces más estúpida en cada ocasión. No me puedo creer que hayas sobrevivido todos estos años a mis intentos de matarte.

-¡Tú…! Te mataré .amenazó Mara entre suspiros.

-Promesas, promesas –respondió Doc sonriendo- Pero te repites cada vez. No lo conseguiste cuando tuviste la oportunidad. Y desde luego no te pienso dejar que lo hagas ahora. Por si estás interesada hemos cazado a todos tus amigos… bueno, a los que han sobrevivido a mi nuevo experimento. Ahora estás sola.

-Mientes –dijo Mara intentando zafarse de sus ataduras- Seguro que mientes. Si no has podido todos estos años no lo habrás hecho ahora.

-Tal vez sí, tal vez no –dijo Doc tentativamente –pero me temo que morirás sin saberlo.

-Tú vendrás conmigo –le amenazó Mara entrecortadamente.

-Eso sí que tengo que verlo –dijo Doc riendo abiertamente.

Jornada 06. En la boca del lobo (21)


Doc se recostó en su sillón mientras miraba por fin las cifras de la primera fase. Menos de la mitad de la población de la ciudad había sido convertida. Ahora quedaba esperar a ver cómo se expandía la plaga zombi por la isla. Pero… los números eran bajos. Sonrió. Había previsto que los zombis convirtieran entre la mitad y tres cuartas partes de la población; eso hacía que tuviera menos sujetos para su fase dos… pero afortunadamente los muertos vivientes habían sido poco profesionales y los ciudadanos se habían sabido defender.

La fase dos “oficialmente” consistía en ver cómo sobrevivía y se comportaban los supervivientes. ¿Cómo reaccionarían a la nueva plaga? ¿Tratarían de conquistar de nuevo la ciudad? ¿Dispararían a los soldados por no ayudarles? ¿Sobrevivirían? A veces le costaba entender cómo habían podido aceptar ese nuevo proyecto. Desde luego los zombis habían sido un favor divino para sus estudios, aumentando la ya de por sí alta paranoia de los grupos militares que ahora prácticamente gobernaban el mundo, ayudados por las distintas iglesias, las milenarias y las de nuevo cuño, que no eran pocas.

Claro que su fase dos era diferente y no se había molestado en informar de ello. Hacía años que iba detrás de una oportunidad como aquella. La primera ocasión que había tenido había sido desarticulada por Mara y el ejército. Y desde entonces no había podido conseguir volver a llevar a cabo el experimento de campo. Pero eso se había acabado.

Escuchó cómo Mara gemía, debía de estar saliendo de su sueño forzado una vez más. Había perdido la cuenta de las veces que le había quitado la anestesia. No convenía tenerla las 24 horas del día de todos los días dormida, no era divertido. Era mejor tenerla confundida, que supiera que estaba indefensa en sus manos.

Se acercó a ella y se situó en su campo de visión.

Jornada 06. En la boca del lobo (20)


Doc permanecía sentado mirando las pantallas. En las calles parecía que sólo quedaban ya zombis. O víctimas de éstos que todavía no habían sido reanimadas. Se podía decir que la primera fase había sido un éxito absoluto. Ahora sólo quedaba esperar a las primeras cifras de zombis y saber cuántos supervivientes quedaban encerrados en sus casas o vagando por las calles de la ciudad tratando de esquivar a los muertos vivientes.

Se acarició una vez más el lugar en el que había sufrido la mordedura de Mara. Notaba el pesado y embarazoso vendaje que le habían tenido que poner alrededor de la herida para proteger los puntos de la misma. Los dientes habían atravesado una buena parte de la piel y sólo gracias a la rápida actuación del marine no había perdido un trozo de carne. Le habían puesto la inyección antitetánica y varias más de diversa índole para asegurarse que la herida no se infectara.

Pero Doc no estaba preocupado por la herida. Era una futura cicatriz más en su combate particular con Mara. Tal vez la última. Tenía sentimientos encontrados al respecto. Desde el primer momento había disfrutado de poner en jaque a su rival, aunque cuando éste le había tenido en su punto de mira y había estado a punto de acabar con él no había tenido tanta gracia. Pero era parte del juego. La adrenalina todavía fluía por su cuerpo pensando en el último intento desesperado de Mara, había sido un interesante rival para pasar el rato pero poco más. Cualquier persona con dos dedos de frente sabía que estaba destinada a perder, no podía enfrentarse a él y a la organización que le respaldaba. Y al fin y al cabo todo el mundo sabía que el combate entre David y Goliat era un cuento para niños pequeños destinado a los perdedores. Sonrío, en la vida real la liebre siempre ganaba a la tortuga.

Estaba inspirado sin duda. Paseó la vista por el almacén que le servía de laboratorio. Había sufrido unos cambios en los últimos días debido a la segunda fase. En el centro del lugar estaba Mara. Tumbada sobre una mesa de operaciones, firmemente asegurada en piernas, brazos, estómago, torso y cuello; mejor no correr riesgos. Permanecía dormida bajo los efectos de un potente anestésico hasta que él decidiera lo contrario. Ahora era el dueño de su vida. Podía acabar con ella cuando quisiera… aunque no sería pronto.

Se acarició esta vez en la parte donde debería tener la oreja y sólo encontró la cicatriz. Iba a pagar por eso y por muchas más cosas. Que nunca hubiera sido un rival de verdad no significaba que fuera a perdonarle lo que le había hecho. No, la haría sufrir. Durante días, semanas, tal vez meses. Hará que rogara por su vida. No por retenerla, sino porque la dejara morir. Quebraría ese espíritu. Oh sí, vaya si lo quebraría. Y se arrepentiría del día que sus caminos se cruzaron. No era venganza, era simplemente el camino lógico a seguir.

Jornada 06. En la boca del lobo (19)


Había llegado a su altura, y seguía sin reaccionar. Con la mirada perdida. Parecía haber reaccionado ante las imágenes del experimento en la ciudad, pero sólo había sido algo fugaz. Tal vez debería haber dejado que disfrutara más de su objetivo. No haberla avasallado con una docena de marines con sus armas. A lo mejor se había pasado con la teatralidad del momento. Claro que el averiguar que había sido usada y que le habían regalado la invitación al portaaviones hubiera hundido a cualquiera pero… esperaba más de ella. Y ahí estaba. Arrodillada, con la mirada perdida, derrotada, sin decir nada, sin levantar la cabeza ni prestarle atención. Tal vez eso era lo que más le molestaba. Que no se dignaba a escucharle. En su momento de triunfo ella permanecía en silencio. No era justo. ¿Acaso no sabía todos los problemas que había tenido para prepararle esa recepción? Hacer que pareciera que nadie sabía que estaba a bordo. Resistirse a decírselo nada más verla aparecer. Si incluso se había tomado la molestia de tomar un rehén y todo para llegar hasta él…

Fue entonces cuando sintió un dolor intenso en la pierna. Como no había sentido desde que aquella zorra le arrancara la oreja de un tiro. Miró hacia abajo para ver qué demonios estaba pasando y la vio: Agarrada a su pierna como un perro rabioso, con fuego en sus ojos y clavándole los dientes lo más fuerte que podía.

El grito que pegó era una mezcla entre dolor y sorpresa. Y el dolor iba en aumento. La maldita zorra le estaba tratando de arrancar un trozo de su pierna y el dolor que le estaba provocando le impedía reaccionar. Afortunadamente un marine reaccionó con rapidez y diligencia y le propinó un golpe en la cabeza tan fuerte que la dejó inconsciente enseguida. Pero a pesar de todo no había conseguido que dejara a su presa. Fueron necesarios dos marines para separarle los dientes de la pierna de Doc que comenzó a sangrar abundantemente de las heridas provocadas.

Pero a pesar del dolor Doc sonrió. Mara no había perdido el espíritu luchador. Todavía le quedaban energías. Y las iba a necesitar si quería sobrevivir a lo que él le tenía preparado.

Jornada 06. En la boca del lobo (18)


Mara se quedó en silencio sin decir nada. No valía la pena alimentar el ego de aquel… hombre. Cualquier cosa que dijera serviría sólo para alegrarle el día.

-¿Nada que decir? –Dijo Doc acercándose todavía más a Mara- ¿Se te ha comido la lengua el gato? Antes eras mucho más habladora. Será la edad que está comenzando a afectarte.

Por toda respuesta Doc se encontró con el silencio de Mara que continuaba sin decir nada. Esperando su oportunidad. Estudiando sus opciones.

-Venga, venga, así no tiene gracia –dijo Doc casi suplicante y llegando a la altura de Mara- No te des por vencida. A lo mejor Dios te ama y hace algún milagro para contentar al sacerdote.

Mara viendo que apenas le separaba distancia con Doc se propulsó con sus pies hacia él y le hundió la boca en su pierna escuchando el grito de dolor que emitía y sintiendo una cierta sensación de triunfo. Notó cómo la sangre brotaba de la herida mientras hincaba más los dientes en la pierna.

Lo siguiente que notó fue un fuerte golpe en su cabeza propinado por un soldado con la culata de su arma. Después sólo le quedó la oscuridad.
*
*
*
*
Hacía años que Doc no se sentía tan vivo, tan feliz, tan realizado. Su experimento en la ciudad era un completo éxito… para él claro. Y ahora tenía atrapada y sin posibilidad de escaparse a su más acérrima seguidora, una cazadora que no descansaba y cuyo objetivo en la vida era hacerle sentir miserable y tratar de matarle. Pero ahora… ahí estaba, vigilada por media docena de marines, prisionera, indefensa, y callada. Tal vez era lo único que le molestaba. Esa sensación de derrota que parecía haberle invadido. Eso no hacía gracia, convertía todo en una victoria pírrica.

Se acercó a ella estudiándola. Tratando de instigarla, de provocarla, de hacer que dijera algo y recuperara su espíritu guerrero; que se resistiera, que no se comportara como los demás mortales. Tenía que sufrir. Y si seguía así no tendría gracia nada de lo que tenía planeado hacerle.

Jornada 06. En la boca del lobo (18)


Mara observaba con resignación las pantallas. En las mismas los zombis estaban atacando con diversa suerte a todas las personas que se iban encontrando por las calles. Era una matanza. Peor que en la plaga anterior. En este caso había sido completamente sin aviso; bajo una falsa seguridad, el día de Reyes, con todo el mundo en las calles con sus hijos, celebrando las fiestas alegremente. Y estaban encontrando muertes horribles. Pero lo que más le extrañaba y le alarmaba eran algunos zombis. Parecían más ágiles, más dinámicos, incluso más inteligentes, y no parecían tener el periodo de incubación típico, sino que daba la sensación que los muertos volvían a la vida con más rapidez, con gran sorpresa para todo el mundo.

Miró a Doc que parecía estar conversando con un soldado y seguramente discutiendo qué hacer con ella. De nuevo le pasó por la cabeza el quitarse la vida. El problema era que no tenía una seguridad de poder hacerlo; el método más rápido era el de tragarse la lengua, pero estaba segura que la podrían revivir… antes de que muriera. Y quién sabía qué experimentos podría tener en su cabeza Doc si ella moría. Respiró hondo pensando que tal vez debería tener paciencia y esperar a una oportunidad.

Seguro que Doc caería en una falsa seguridad mientras la tuviera prisionera. Y tal vez entonces tuviera su oportunidad, sino de matarle sí de escapar de sus manos. Sería difícil. Pero no tenía muchas más opciones.

Doc se acercó a ella finalmente. Con esa risa triunfal que llevaba desde que la había visto por primera vez. Le encantaría borrarle esa sonrisa del rostro.

-Bueno, bueno, bueno, ¿y ahora qué haré contigo? –Dijo Doc teatralmente mientras se hacía el pensativo- ¿Tirarte por la borda? ¿Dejarte libre? Tantas posibilidades y tanto tiempo…

Jornada 06. En la boca del lobo (17)


¿Cómo podía haber sido tan estúpida de pensar que iba a detener eso? Las pantallas mostraban la matanza que se estaba produciendo en ese momento. O tal vez no. Seguramente era un truco para descolocarla; eso era, un asqueroso truco de Doc, le gustaban ese tipo de crueldades, ver cómo reaccionaba la gente, ese hombre estaba enfermo. Mara tenía claro que no dejaría que algo así pasara de verdad. Debía detener a ese científico loco de una vez por todas. Aunque condenara su alma al eterno infierno del que le había advertido Xavier.

Se giró para enfrentarse a Doc y acabar con su vida… Sólo para verle rodeado de marines que la estaban apuntando con sus rifles de asalto. ¿De dónde habían salido? No había escuchado las puertas abrirse. Y los norteamericanos no tenían ningún dispositivo de transportación instantánea como en Star Trek. Debía ser un truco. Otro más.

Pero sin embargo… no parecían proyecciones. Y Doc sonreía mientras se ponía en pie y daba golpecitos con su mano en el hombro de uno de los marines como si detectara las sospechas de Mara.

-Son reales –dijo Doc- Y sus balas también. ¿De verdad pensabas que era tan fácil colarse en un portaaviones? ¿Que nadie detectaría tu acercamiento al mismo por debajo del mar como si no pasara nada? ¿Que no hay sonares sólo para detectar a un posible suicida que quiera poner explosivos en el casco? ¿Que no hay cámaras por todas partes buscando posibles intrusos con software de reconocimiento facial? ¿Que no hay alarmas silenciosas que advierten de la intrusión en estancias?

Mara se quedó en silencio sin saber qué decir. Pensando en un plan… pero nada le venía a la cabeza. Seguramente habría más marines esperando en los pasillos detrás de las puertas. ¿Cómo había podido pensar siquiera por un momento que podría salirse con la suya y librar al mundo de un cáncer como Doc? Bajó la cabeza resignada. Había perdido. Pero no le daría la satisfacción al científico de regodearse en su victoria.

Sin pensárselo dos veces comenzó a mover el cuchillo que todavía tenía en la mano con la intención de clavárselo en la cabeza para morir y no resucitar como zombi. Su intención se quedó en eso cuando el sonido de un disparo llenó el laboratorio y una bala alcanzó su brazo provocando que el dolor del impacto soltara el cuchillo que cayó al suelo.

Doc se acercó a ella sin ninguna prisa acompañado de los marines.

-No, no no, no te vas a librar tan fácilmente de mí –dijo Doc triunfante- Llevo muchos años esperando este encuentro y te aseguro que tengo planes para ti y tu cuerpo.

Más marines comenzaron a entrar por las puertas para asegurar el lugar… como si fuera necesario. Uno de ellos obligó a Mara a ponerse de rodillas y llevarse los brazos hacia la nuca poniendo unas bridas en sus muñecas para impedir que pudiera liberarse fácilmente. Doc había vencido.

Jornada 06. En la boca del lobo (16)


-¿Tú?, ¿parar mi próximo experimento? –dijo entre risotadas violentas Doc- Eres más estúpida que…

No pudo continuar. Las risas se lo impedían. En menos de un minuto las lágrimas comenzaron a aparecer en los ojos de Doc que seguía retorciéndose de la risa.

Mara no sabía cómo reaccionar. Esperaba muchos comportamientos de Doc pero no que estuviera a punto de morirse de un ataque de risa. Esperó varios minutos para ver si se calmaba y le explicaba el chiste. Al menos él moriría contento.

Doc pareció calmarse poco a poco pero al levantar la cabeza y ver el rostro de Mara le volvió a entrar el ataque de risa. Ésta comenzó a golpear nerviosamente su pie contra el suelo esperando a que le explicara qué tenía de gracia la amenaza que había lanzado.

-Aish, no me había reído tanto desde… No lo recuerdo, tal vez en mi vida –señaló Doc secándose las lágrimas de los ojos- Voy a coger una cosa de mi mesa, pero no es un arma.

A continuación y con gran lentitud y gestos ostensibles para indicar que no hacía nada peligroso ni secreto cogió un objeto de la mesa. Parecía un mando a distancia. Mara se alarmó pensando que podía ser algún tipo de comunicador pero Doc señaló a una serie de nueve pantallas que había detrás de ella que formaban un cuadrado de tres por tres. Las pantallas se encendieron.

-Llegas tarde –dijo Doc que había endurecido su rostro mostrando una gran satisfacción en el mismo.

Al principio Mara no reconoció lo que estaba viendo en las pantallas. Parecían ser imágenes de calles de una o varias ciudades. Había mucha gente en las calles… y también muchos zombis. Se giró buscando una respuesta en Doc que seguía con el rostro impasible y sin decir nada. Se centró de nuevo en las imágenes de las pantallas. La gente corría desesperada tratando de huir de los zombis, pero había algo diferente en los mismos. Sí, la mayoría continuaban siendo lentos, pero la acumulación de gente hacía que pudieran tomárselo con calma. La gente se aplastaba tratando de huir y facilitando el trabajo de sus cazadores, con gente que acababa de morir volviendo a la vida a los pocos minutos.

Mara miró con horror las pantallas, en todas se vivían escenas parecidas. Parecía una retorcida película de zombis, pero… había algo familiar en los monitores, las calles… las había visto antes, y entonces recordó dónde. Era la ciudad en la que había estado durante semanas tratando de encontrar a Doc y descubrir a qué se dedicaba. La isla que estaba a unos cientos de metros de su posición actual. Era Palma de Mallorca, y estaba sufriendo una invasión de zombis como nunca había conocido la humanidad desde la plaga. Y todo parecía ser parte del plan de Doc que continuaba sonriendo triunfalmente sentado en su silla.

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