Jornada 6. Él. “El fin de los días Parte II” (VIII) Por JD


Joseph reaccionó ante lo que Donald estaba implicando.
-¿No estarás insinuando que…?

Donald se agachó para acariciar la cara de Martha, la cabeza rodó sobre el torso del cadáver y se quedó parada a los pies de Donald ladeada. Fue entonces cuando pudo observar algo más, le habían abierto el cráneo por la nuca y le habían quitado el cerebro, podía ver el agujero y el vacío del interior de la cabeza. La vista estuvo a punto de volverle a hacer vomitar, pero consiguió resistir. Señaló la cabeza hueca.
-¿Te parece esto obra de un zombie? ¿De verdad?

-¿Pero por qué iban a hacer algo así? -preguntó Joseph intentando calmar a Donald.

-Para darnos una lección, por supuesto -dijo Donald irritado-, para indicarnos que somos vulnerables, y que para ellos sería muy sencillo matarnos cuando quisieran.

-¿Y por qué iban a quitarle el cerebro? -insistió Joseph que no podía creer lo que veía ni lo que escuchaba. Todo parecía ser tan surrealista.

-Y yo qué sé cómo piensa esta gente -respondió Donald-, a lo mejor para que no se convirtiera en zombie y nos matara y les quitara la diversión a ellos; a lo mejor para comérselo; o para decirnos que somos unos cabeza huecas intentando enfrentarnos a ellos.

Joseph permaneció en silencio. Escuchó ruidos de pisadas y gente que se acercaba. No podían dejar que vieran el cadáver de Martha. Se quitó la camisa y cubrió el cuerpo sin vida.

-Van a pagarlo -dijo Donald con fuego en los ojos-, ese maldito cabrón y sus amigos, van a pagar la muerte de Martha; se arrepentirán del día en el que se cruzaron en nuestro camino. Vamos a exterminarlos. Hasta el último de ellos.

Joseph se acercó a Donald y le puso la mano sobre el hombro.
-Tranquilízate, no sabemos si han sido ellos. Y aunque así fuera, no podemos hacer nada, tienen armas, y están mejor preparados que nosotros.

Donald se quitó la mano de Joseph.
-Me da igual que tengan un arsenal nuclear ahí dentro. Pienso ver esa base reducida a escombros, y a ese negro implorando por su vida. Seguro que hay más bases por ahí, llenas de armas. Y más supervivientes. Eso no será un problema, los que hay en esa base son gente malvada, merecen morir todos, no quieren compartir sus recursos y tratan a los demás como a basura. Arrasaremos ese sitio.

-Pero, pero…-Joseph no sabía qué decir para hacer cambiar de idea, o al menos calmar a Donald, nunca le había visto así.

-Aunque tenga que hacer de cebo y guiar a un ejército de zombies hasta las puertas de esa base -continuó hablando Donald-, pero esa base, y todos los de su interior van a morir. Y no habrá piedad para nadie.

Escondido, sin que nadie pudiera verle ni escucharle, él sonrió.

Jornada 6. Él. “El fin de los días Parte II” (VII) Por JD


Donald y Joseph se miraron alarmados.
-¿Dónde está Martha? -le urgió Donald- ¿Dónde la has visto o la has dejado?

El chaval estaba ahora sollozando y no parecía poder articular palabra; Donald insistió.
-Martha, ¿dónde está?

Finalmente, entre lamento y lamento, levantó un brazo señalando una dirección mientras decía una cifra que a Donald le sonó a trescientos. Tanto él como Joseph se lanzaron en carrera hacia la dirección señalada.

Cuando Donald calculó que estaban por la zona señalada por el chaval frenó en seco y comenzó a mirar por la zona, buscando cualquier signo de Martha, zombies, o de lucha. Indicó a Joseph que se abriera para así poder cubrir más camino. Ambos avanzaban en silencio mirando por todas partes. ¿Estarían en el lugar adecuado? ¿Habría sido todo una broma? Donald entonces escuchó a Joseph exclamar algo. Corrió en dirección del sonido y vio a lo lejos a Joseph apoyado contra un árbol, parecía estar vomitando. Cuando llego a su altura pudo observar la terrible escena que había hecho vomitar al otro hombre, y ante el dantesco espectáculo su propio cuerpo comenzó a reaccionar de la misma manera y también tuvo que apoyarse a un árbol mientras vomitaba. ¿Quién podría haber hecho algo así?

Donald intentó controlarse, y dejar de vomitar. Se obligó a mirar de nuevo, al pie del árbol yacía Martha, estaba desnuda, y todo su cuerpo había sido abierto en canal. Una serie de cortes le subían por las piernas de manera que apartaban casi todo el músculo de las mismas, y casi dejaban ver los huesos. Era algo dantesto. Esos mismos cortes se repetían en los brazos y en su torso, el suelo a su alrededor estaba lleno de sangre, seguramente ya no quedaría ese líquido carmesí en sus venas. Parecía que alguien le había efectuado una autopsia, de la manera en la que estaba abierta. ¿Quién podría haber sido capaz de hacer algo así?

Joseph parecía haber dejado de vomitar y se acercó a Donald.
-¿Qué le han hecho? Dios mío, sólo era una niña, ¿Cuántos años tenía? ¿Dieciséis? ¿Diecisiete? ¿Habrá sido un zombie?

Donald levantó la vista del cadáver.
-¿Un zombie? ¡¿Un zombie?! ¡¿Cómo coño va a hacer esto un zombie?! –dijo señalando al cadáver-. ¿Cuándo hemos encontrado un jodido zombie que fuera capaz de abrocharse los pantalones? Y ahora resulta que nos vamos a cruzar con el único zombie con inteligencia y que casualmente nos ataca a las puertas de una base militar después de ser despreciados como lo fuimos por los tipos ésos.

Jornada 6. Él. “El fin de los días Parte II” (VI) Por JD


-Ese maldito negro cabrón… ¿Cómo se ha atrevido? -el que gritaba era Donald Brown, mientras otros miembros de su grupo le observaban, sentados en un claro del bosque-. Presuntuoso de mierda…

-No deberías ser tan racista -le señaló uno de sus hombres que estaba a su lado.

-¿Racista? -preguntó Brown-. ¿Qué tiene que ver el color de su piel en esto? Simplemente señalo un hecho –apuntó indignado Brown-. Me da igual que sea blanco, negro, amarillo o púrpura, es una maldita expresión que no tiene nada que ver con odiarle por su color de piel.

-Pero aún así -siguió insistiendo Joseph-, tus insultos suenan… a odio racial.

-Por el amor de Dios -se quejó amargamente Donald-, olvídalo, ¿vale? No entiendo por qué puedo llamarle de todo menos mencionar que tiene la piel oscura, es una locura.

Así son las cosas -señaló Joseph-, hay cosas que no cambian aunque sobrevenga el apocalipsis.

Donald suspiró profundamente.
-De acuerdo, dejaré de llamar negro a ese presuntuoso cabrón.

Joseph sonrió.
-Has de tranquilizarte. Nadie duda de ti. Nos has traído hasta aquí, y nos has mantenido vivos. Nos has dado esperanza.

-Para lo que ha servido -dijo amargamente Donald-. Nos han dado la patada en ese sitio, nos han tratado como a basura. Como si fuéramos… indigentes.

-Debemos seguir adelante -propuso Joseph-. Podríamos explorar el pueblo que nos encontramos hace unos días. Tratar de encontrar algo de comida, que nunca sobra, y quizás encontremos un mapa de la zona y podamos encontrar un sitio seguro.

Donald se quedó en silencio unos segundos, pensando en la propuesta.
-No sé. Ya sabes lo peligrosos que son esos lugares. No quiero arriesgar a la gente inútilmente.

-Pero tenemos que hacer algo -insistió Joseph-, no podemos quedarnos aquí eternamente. Éste no es sitio para estar, en medio de ninguna parte, sin provisiones, no es seguro.

-¡¿Crees que no lo sé?! -explotó Donald-. Estar pendiente todo el tiempo de cualquier ruido, creyendo que puede ser alguna de esas cosas, o un animal salvaje, o a saber… Claro que quiero poder dormir ocho horas seguidas sin sentir miedo, pero ya no estamos en ese mundo.

-¿Crees que me gusta ir de un lado para otro? -siguió hablando Donald-, ¿ver lo que hemos visto? Por amor de Dios, si hay gente que se está comiendo cadáveres de zombies, o… peor. Este mundo se ha vuelto loco. Yo no pedí ser el líder de este grupo.

Joseph sonrió.
-Nadie pidió encontrarse en estas circunstancias… además, no eres nuestro líder, si eso te hace sentir mejor… Tú nos consultas las cosas importantes, y dejas que decidamos en democracia. Eres simplemente el idiota que se rompe la cabeza más que los demás para que nosotros podamos… respirar un poco más tranquilos.

-El idiota que carga con el peso del mundo en sus hombros -señaló Donald intentando relajarse-, tal vez podamos estudiar el pueblo desde lejos, y si vemos que no hay mucha actividad… bueno… ya veremos lo que hacemos entonces.

Joseph iba a dejar sólo con sus pensamientos a Donald cuando una figura salió corriendo del bosque; al principio ambos creían que podía ser un zombie, pero enseguida comprobaron que era uno de los suyos, un chaval de quince años que había perdido a sus padres, que se encargaba de llevar la comida y mensajes a las personas que vigilaban el perímetro. Llegó hasta ellos sin aliento, con la cara blanca como si hubiera visto un fantasma. Donald le puso las manos en los hombros tratando de calmarle.
-¿Qué sucede? ¿Has visto a un zombie rondando por la zona?

-Es… es… es… ta… ella… es… -estaba sin aliento y apenas podía articular palabra. Donald se arrodilló delante de él.
-Respira hondo, y dime qué sucede.

Respiró hondo un par de veces.
-¡Está muerta! ¡Martha! ¡La han matado! ¡Es horrible! ¡La han… destrozado!

Jornada 6. Él. “El fin de los días Parte II” (V) Por JD


Henry contempló durante unos segundos el mapa en la pantalla perdido en sus pensamientos. Luego suspiró.
-África es una incógnita -y continuó hablando-. Está casi apartada del resto del mundo gracias al canal de Suez. Su población está muy desperdigada, salvo en las zonas costeras, tiene grandes desiertos, grandes junglas… es un lugar inhóspito en su mayor parte, y aunque hay superpoblación en algunos puntos… ese continente parece que seguirá siendo tan misterioso como hasta ahora. No creo que tengamos medios para saber qué está pasando ahí excepto alguna esporádica incursión militar o vuelos de vigilancia.

-Europa es un caso especial –siguió Henry-, quiero decir, tenemos Gibraltar, Mónaco, San Marino, o Bélgica que tienen una densidad de población extraordinariamente alta, pero cuya población en sí no es excesivamente alta, por lo que con suerte se podría cortar de raíz la epidemia, todo depende del factor suerte en este caso y la coordinación de medios.

El general se quedó pensativo viendo el panorama dantesco que había planteado Henry.
-Siempre podemos usar bombas de neutrones -dijo finalmente mirando el mapa.

La expresión de Henry cuando el general pronunció esas palabras era muy clara, -¿Está loco?

Smith miró con cierta desaprobación a Henry.
-Las bombas de neutrones nos permitirían limpiar las ciudades de esos bichos sin que eso afectara a los edificios. Sería una solución limpia y rápida.

-¿Y los supervivientes que no han caído? -preguntó Henry alarmado-. Además, las bombas N tienen unos efectos secundarios devastadores, la transmutación del metal, el envenenamiento de las aguas… no sólo mataríamos a los zombies, sino toda la vida. ¡TODA!

El general parecía estar molesto con la actitud de su amigo.
-Es sólo una propuesta, nada más, pero piensa en la de vidas que podríamos salvar a cambio de… ¿cómo sabemos siquiera que hay supervivientes? Tú mismo lo has dicho, la India podría ser un peligro para el planeta. Y si usáramos una bomba N en esa zona… no creo que nadie llorara demasiado por que les hubiéramos salvado el culo.

-Por esto dejé el servicio militar -respondió Henry sin acabar de creerse el estar escuchando aquellas palabras de su viejo amigo-. De cualquier otro general podría esperar algo así, es muy fácil apretar unos botones y dar órdenes a distancia sabiendo que la sangre no le salpicará a uno… pero usted… ha vivido los horrores del combate, ¿cómo puede siquiera sugerir algo así?

-Justamente porque soy un militar -respondió Smith duramente-, porque he jurado defender a mi país contra cualquier enemigo, interno o externo, al coste que sea, y si para eso he de volatilizar a toda la India, puedes estar seguro que lo haré. Claro, que primero tendría que hacerme con una de esas bombas…
>>Además -continuó el general-, ¿qué propones? ¿Que nos mudemos a Alaska, Groenlandia, Rusia, Canadá y esos pastos? Lo siento pero no me gusta el frío.

Cuando Henry iba a responder el soldado que había seguido atento toda la conversación los interrumpió.
-General, mensaje de la patrulla, han encontrado el cuerpo sin vida de Cazador, degollado, y con la cuenca de los ojos vacíos; solicitan instrucciones.

Henry y Smith se miraron dejando de lado la discusión que habían tenido hacía un momento, había que centrarse en el presente. El general respondió sin inmutarse,
-Que se aseguren que sigue muerto y que traigan de vuelta el cadáver.

Henry notó cierto dolor en la orden del general; uno nunca se acostumbraba a perder a gente bajo su mando. Lo que le extrañaba era el ensañamiento con el cadáver… Una cosa era cortarle el cuello para matarle, pero ¿quitarle los ojos? ¿Sería posible que el grupo de Brown le hubiera descubierto y fuera un aviso? La mirada del general denotaba que alguien pagaría por esa muerte, pero Henry tenía miedo que fueran las personas equivocadas las que lo hicieran.

Jornada 6. Él. “El fin de los días Parte II” (IV) Por JD


Henry se aclaró la garganta y cogió un lápiz óptico mientras comenzaba a poner cifras y diversas figuras a lo largo del mapa mundial. Al cabo de unos minutos parecía haber acabado.

Smith se le quedó mirando.
-Bien, profesor Epps, ¿qué tenemos aquí?

-Mi teoría sobre la evolución zombie -dijo Henry-. Como ya le he indicado, general, es sólo una teoría, así que podría ser cierta… o no, nadie conoce el futuro ni cómo actuarán esas criaturas… o los seres humanos. Se trata de una ecuación sumamente complicada con incógnitas bastante inciertas… Quién sabe, a lo mejor alguien decide intentar borrar a los zombies del mapa a base de cabezas nucleares o…

El general asintió con la cabeza y le interrumpió indicando que continuara.
-No te vayas por las ramas, por favor, y expón esa teoría… A ver si nos das algunas buenas noticias en medio de este mar de desinformación en que vivimos inmersos.

Henry torció un poco el gesto y señaló el continente americano.
-Toda Sudamérica la daría por perdida, por densidad de población, por infraestructuras, y otros factores. El Salvador seguramente será el punto de origen que expanda los zombies de manera más rápida, y las condiciones meteorológicas no ayudarán precisamente. Norteamérica corre el riesgo de perderse también completamente si no se ha actuado tan deprisa como se está haciendo en Europa; las pocas noticias que nos llegan de las unidades militares incorporadas de aquella zona son relativamente positivas. Tiene la ventaja de que su población está bastante desperdigada. Pero sus ciudades principales… En Europa se usan el hormigón y el cemento como materiales de construcción principales en todos los edificios, sean oficinas o viviendas. En cambio en los EE.UU. se suele usar para las viviendas de madera y yeso.
>>Eso implica que mientras en Europa puedes resistir sin miedo a que tu vecino zombie atraviese la pared, en EE.UU. eso no pasa. La ventaja es que es un país de paranoicos armados hasta los dientes, por lo que seguramente organizarán partidas de caza para matar zombies una vez descubran cómo hacerlo. Además en la parte norte tendrán la ventaja del frío invierno cuando llegue. Deduzco que los zombies no pueden sobrevivir a temperaturas bajo cero, se quedarán congelados y volverán a morir.
>>Lo que daría por contar con el equipo necesario para poder estudiare detenidamente…

-Por favor, Henry, proceda y no divague .insistió el general.

-Canadá tiene diversas ventajas. Su densidad de población es baja, es gente educada y ordenada, y su meteorología hace que el frío sea su aliado. Japón creo que también la perderemos. El tipo de construcciones que poseen y la densidad de población es un handicap demasiado grande, aquello debió de ser una verdadera masacre… la ventaja es que es una isla por lo que no tendremos que preocuparnos en exceso por ellos.
>>Australia en cambio tiene alguna posibilidad, quiero decir… la mayor parte de ese sitio es desértico, con altas temperaturas, la gente está desperdigada… los zombies no tienen unas condiciones muy ideales para sobrevivir, y además están los australianos y los aborígenes, que están todos locos.

El general miró al techo ante la tendencia a generalizar de Henry al tiempo que le indicaba de nuevo con la mano que avanzara en su exposición.

-Rusia es posible que resista dado que creo que es un caso parecido al de Canadá. Temperaturas bajas, grandes extensiones, poblaciones desperdigadas… Asia en cambio será un problema. Tenemos la mayor parte de países con más densidad del planeta en ese continente, las dos Coreas, China, Singapur, Taiwán…
>>Las que más me preocupan son India y Pakistán que se pueden dar completamente por perdidas. Su densidad de población, sus costumbres de vida, su meteorología… en fin, todo está en su contra. Y puede ser una cabeza de playa para la expansión zombie por toda Asia, África y Europa.

Jornada 6. Él. “El fin de los días Parte II” (III) Por JD


El soldado cambió la vista de una de las pantallas gigantes de la sala que iluminó el Mediterráneo.
-Tenemos una decena de cruceros civiles -dijo mientras se iluminaban diversos puntos azules por todo el Mediterráneo-, cada uno llevando en su interior varias centenas de supervivientes. Por ahora parece que resisten sin problemas con los racionamientos, con lo que pueden pescar y con diversas incursiones rápidas a los puertos cercanos por parte de los soldados que les acompañan.

Luego pasó a una vista global a doble pantalla del planeta y diversos puntos marrones se iluminaron
-Los submarinos nucleares se mantienen en patrulla a la espera de acontecimientos. Y algunos se han ofrecido para misiones de exploración o de re-abastecimiento de supervivientes.

-Los grupos de ataque de la armada siguen a la espera -continuó informado el soldado-, algunos están anclados a las afueras de grandes ciudades: Tokio, Taiwan, Honk Kong, Barcelona, Washington, San Francisco, Nueva York, Liverpool, Marsella, Roma, Acapulco, La Habana, Rio, Montevideo… Sus informes de supervivientes no son halagüeños.

-Como era de esperar en ciudades masificadas -dijo pensativo Smith mirando el mapa-, nuestras megaurbes se han vuelto en contra y se han convertido en ratoneras y despensas para los zombies.

El mapa iluminó diversos puntos negros alrededor del planeta.
-Y luego tenemos las plataformas petrolíferas. Con la mayoría no hemos podido contactar… nuestros sistemas fueron diseñados para funcionar con equipos militares y no para comunicar con civiles… aunque en teoría si no han tenido muertos o no han sabido tratar con ellos podrían ser lugares aislados de supervivientes y refugios seguros.

Smith murmuró entre dientes:
-Tan seguros como trabajar en una central nuclear, ¿Qué sabemos del gran hermano?

-Silencio -respondió el soldado-, no sabemos nada de la mayoría de autoridades de los países. No sabemos si no quieren dar a conocer su estado por miedo a delatar su posición, o están muertos… o simplemente se han rendido y se han suicidado.

El soldado hizo una pausa, para continuar:
-Lo que nos preocupa, señor, es que no hemos podido contactar con diversos satélites… Bueno, en realidad eso no es cierto, la realidad es que se nos ha denegado el acceso a los mismos. Por ese motivo no podemos tener más datos o acceder a mejores redes de comunicación. Parece que alguien los está acaparando y no quiere que los usemos. Por ahora no hemos tenido éxito en intentar recuperar el control de los mismos.

Henry y Smith se miraron; el ingeniero fue el primero en responder.
-No, no creo que Gerald tenga nada que ver, desde el principio ha intentando acceder a esos satélites y por lo visto está bastante frustrado. Dado que eso nos daría capacidad de comunicación vía satélite con encriptación.

El general indico al soldado que continuara su informe de situación.
-La Endeavour sigue en órbita anclada a la Estación Espacial Internacional -continuó el soldado-, el centro espacial Kennedy en Florida se ha fortificado más de lo que estaba y mantiene informado a los astronautas a bordo de la EEI que por ahora no corren peligro, dado que el transbordador iba en una misión de re-abastecimiento.

-Je, quién diría que en estos momentos uno de los lugares más seguros sería ahí arriba -suspiró Smith ante la ironía.

Henry intervino.
-O en Alaska -dijo sonriendo y señalando el continente helado.

-Alguien tiene alguna teoría -dijo casi ceremoniosamente Smith indicando a Henry que continuara.

Jornada 6. Él. “El fin de los días Parte II” (II) Por JD


Smith y Henry se miraron con gesto serio. El primero en reaccionar fue el ingeniero.
-¿Ése no era el encargado de vigilar al grupo de Brown?

El general asintió sombrío.
-¿Cuánto tiempo hace que perdimos la comunicación?

El soldado respondió rápidamente.
-No ha informado a la hora indicada, hace quince minutos -dijo mirando el reloj de su muñeca.

Smith torció el gesto y se levantó.
-De acuerdo, si dentro de otros quince minutos no ha dado señales de vida envíe una patrulla para encontrarle.

El soldado asintió y salió rápidamente del despacho.

Durante los siguientes minutos Smith y Henry se quedaron en silencio, evaluando las posibilidades. Smith se puso en píe.
-Vamos a la sala de comunicaciones -indicó mientras rodeaba su escritorio.

Henry se puso en píe y le siguió por la base.

Al cabo de unos minutos de paseo por las instalaciones se encontraban dentro de un ascensor que bajaba durante medio minuto y enlazaba con una enorme sala llena de monitores, dominada por diversas pantallas gigantes que estaban incrustadas en las paredes y que se veían nada más entrar al fondo de la sala. Tenía una forma semicircular de manera que desde la parte superior trasera de la sala podía uno vigilar todo lo que estaba pasando.

En las pantallas principales se veían diferentes mapas del mundo con decenas de puntos rojos parpadeando, así como de otros colores que en algunas zonas parecían juntarse y formar un punto de color más grande.

Henry sonrió.
-Cada vez que bajamos aquí recuerdo cómo se le quebró la voz a Gerald cuando se enteró de que existía este sitio. Pobre, se quejó durante media hora de que no aparecía en los mapas, de lo injusto que era el mundo y que necesitaba echarle mano.

-Que se joda -dijo secamente Smith que no tenía mucha simpatía por ese informático toca cojones-, suerte tuvo de que no le hiciera fusilar por invadir mi base y hacerla suya; armar a civiles y creerse el dueño de la misma.

-Ja, ja, ja… siempre tan simpático general -respondió Henry mientras ambos se acercaban al primer nivel de pantallas. La mayoría de las mismas estaban apagadas. Y sólo había un puñado de soldados en las terminales. Smith no confiaba en los civiles para ocupar esos sitios. Al menos, aún no.

-Bien, soldado, informe -dijo a un soldado que estaba en uno de los terminales que se puso en pie al escuchar la voz del general.

Amplio una zona del mapa local.
-Cazador informó de su posición y estado por última vez según lo previsto y situó al grupo de civiles en esa localización -dijo mientras aparecía un círculo alrededor de una zona del mapa- en su informe indicaba que su líder parecía muy enfadado pero que no había señales de posibles hostilidades.

Smith estudió el mapa local de la zona que conocía casi como la palma de su mano por haberlo explorado personalmente.
-De acuerdo, ¿qué sabemos de otros supervivientes?

Jornada 6. Él. “El fin de los días II” (I) Por JD


Base Militar Echo (En el presente)

-Y así fue como acabó mi primera batalla contra los zombies -suspiró el general Smith que se encontraba sentado en el cómodo sillón de su despacho en la base recordando aquella retirada-. Por aquel entonces no sabíamos que eran zombies, bueno, que les llamaríamos zombies, dado que es el término que mejor les define. Tampoco que en esa semana y poco más había perdido a casi todo el personal bajo mi mando salvo un puñado de personas con… ¿suerte? No sé.

-¿Y qué pasó después? -preguntó Henry sentado en un sillón no tan cómodo como el del general al otro lado de su escritorio.

-Mientras malgastábamos balas dentro de los tanques -respondió Smith- y hacíamos picadillo de humanos, bueno… zombies, intenté contactar por radio con alguien para dar la voz de aviso… sin mucha suerte…. ¿Cómo les explicas que la gente te está atacando sin motivos aparente y que no se detenían ante nada? Los controles que no habían caído se retiraron a un punto de mando establecido para reunirnos. En la mayoría de las ciudades fue una verdadera carnicería. No pudimos avisarles a tiempo, nadie nos creía y para colmo las comunicaciones fallaron muy pronto… Bueno, la verdad es que tampoco hay supervivientes para saber qué pasó, qué falló… o no quieren hablar de eso, o no quieren recordarlo directamente. Todo ha sucedido demasiado rápidamente.

En todo momento el general no había establecido contacto visual con Henry, su mirada parecía perdida en el espacio. Ambos se conocían de cuando Henry había servido bajo sus órdenes en varios destinos de ultramar, y el destino les había deparado este último encuentro. Henry fue el que suspiró esta vez, pensando en lo que él había tenido que pasar también junto a sus compañeros.

-Nunca me dijiste qué pasó con los tanques -señaló Henry-, me habías contado partes de tu relato, pero… ¿qué pasó con los dichosos tanques?

El general sonrió misteriosamente.
-¿Me creerías si te digo que están aparcados? -la mirada de incredulidad de Henry al escuchar la respuesta era impagable-. Obviamente, no podíamos usarlos en la ciudad o traerlos hasta aquí hasta saber que este sitio era seguro. Esos condenados trastos hacen un ruido de mil demonios y son demasiado valiosos como para dejarlos por ahí tirados a mano de cualquier imbécil. Encontramos un edificio en las afueras de la ciudad, los limpiamos, los reunimos y los escondimos en el parking. Obviamente están vigilados por gente de confianza, cuidados, y reabastecidos de combustible y munición. Listos para el servicio.

Henry asintió.
-Los tanques llamarían la atención en esta base, o en cualquier otro lugar -dijo comprensivo-, y mis motores no crean que se puedan aplicar a los mismos… quiero decir… todo ellos hacen un ruido de mil demonios, no fueron diseñados para la sutileza.

Unos golpes en la puerta interrumpieron su conversación y un joven soldado apareció.
-Señor, hemos perdido contacto con cazador.