Jornada 4: Henry, el ingeniero industrial (XX) Por JD


-¿Por qué no un centro comercial? -preguntó otro con una sonrisa esperando haber dado con una solución ideal-, tiene mucho espacio, comida… podríamos quedarnos ahí durante años.

-No lo tengo muy claro -contestó Henry-, seguro que no eres el primero que ha tenido esa idea… y tarde o temprano los zombies llegarán también a ese sitio, y todos sabemos que los zombies cuando ponen el ojo en una presa no la dejan ir.

-Pero eso son sólo en las películas -indicó otro-, seguro que estos zombies… bueno… esto… vale… los zombies también sólo existían en las `películas… perdona Henry, continúa.

-No quiero quedarme aquí porque está cerca de un núcleo poblado, y aunque podríamos resistir… no sería durante mucho tiempo –pudo continuar por fin Henry-, así que he pensado en una zona de cabañas que la empresa tiene en las montañas al lado de un lago. Es una zona deshabitada, alejada de la civilización pero podemos quedarnos ahí durante un tiempo mientras ponemos a punto los vehículos y decidimos qué hacer a continuación.

Todos parecieron estar de acuerdo con el plan.

Mientras acababan de cargar los datos en los GPS’s de los vehículos para usar carreteras secundarias y desviarse de núcleos de población e decidió que el orden de los vehículos sería primero las motos de cross que irían entre medio y un kilómetro por delante abriendo el camino a modo de exploradores, seguidos por un SUV que iría en cabeza, los dos monovolúmenes y cerrando el grupo el otro SUV, y después a otro medio kilómetro más o menos dos motos de gran cilindrada que serían las encargadas también de comprobar que no les seguían problemas.

Todos los conductores estarían comunicados mediante walkies y armados. Excepto los conductores de los vehículos de cuatro ruedas que serían los co-pilotos los que harían las tareas de guardianes.

Sam comprobó un panel y dio el visto bueno.
-Las instalaciones están listas para cerrarse a cal y canto. No creo que nadie pueda entrar en las mismas si no es usando explosivos -Henry miró por última lo que le rodeaba con cierta nostalgia. No sabía si tendría ocasión de volver a esas instalaciones en las que tantos buenos momentos había pasado. Pero era hora de pasar página.

Se montó en el SUV que iba en cabeza y comprobó las comunicaciones. Todos dieron el ok. En su vehículo iban Ellen, Jonathan y sus hijos, que estaban medio dormidos y no se estaban enterando de mucho. Para ellos esto era una aventura.

Las puertas del garaje se abrieron y uno a uno fueron saliendo los vehículos hacia la oscuridad de la noche. Cuando hubieron salido todos, las luces se apagaron y las puertas se volvieron a cerrar para no dejar pasar a nadie durante un largo tiempo.

Jornada 4: Henry, el ingeniero industrial (XIX) Por JD


Durante la siguiente hora Henry fue de un lado para otro. Tenía que revisar los vehículos con el muevo motor eléctrico que estaban preparados para viajar. También tenía que decidir con los demás cómo cargar los vehículos de manera que ninguno fuera excesivamente lleno. Era un problema, dado que no sabía el coste que supondría la carga para los motores. Poco a poco fueron llegando algunos de los amigos a los que había avisado, con su familia, hijos, mujeres, compañeros. Algunos pidieron que les explicaran qué estaba pasando, otros por la mirada y sus testimonios posteriores ya lo habían sufrido y habían huido justo a tiempo. Explicar a la gente que algo como los zombies existía era algo complicado. Por suerte había otros testigos.

Cuando dedujo que nadie más iba a venir los reunió a todos.
-Bueno, creo que ya no vendrá nadie más. A todos los que estáis aquí, bienvenidos y gracias por vuestra confianza. Si os he reunido aquí es para intentar salvarnos todos. Mi plan no es infalible, pero haré todo lo posible para que sigamos vivos hasta que el problema esté solucionado y las autoridades y el ejército cumplan con su cometido. Si os estáis preguntando cómo es que no usaremos los vehículos que habéis empleado para llegar hasta aquí es porque, entre otras cosas, son demasiado ruidosos. Y no es cuestión de ir llamando la atención. En cambio, estos preciosos vehículos -dijo pasando la mano por uno de los capós de un monovolumen-, son casi silenciosos. Obviamente cosas como el ruido causado al rozar las ruedas con la calzada no se puede solucionar, pero la parte eléctrica de los motores es silenciosa completamente.
>>El problema es que sólo son modelos experimentales. La idea original era conseguir la conservación de la energía completa, y por lo tanto no sería necesario usar el motor de combustión, éstos son los primeros prototipos, que sólo conservan el cincuenta por ciento de la energía. Por eso, cuentan además con un motor convencional de combustión, aunque sería adecuado no usarlo salvo en caso de emergencia. Están equipados de manera que los chasis absorben energía solar y la convierten para poder usarla, aunque no es muy eficiente todavía. Como ya he dicho, son prototipos. Y espero no encontrar fallos en los mismos mientras… huimos.

-¿A dónde? -preguntó uno de los allí reunidos-. Si estamos cargando los vehículos es que no esperas quedarte aquí.

-No sería adecuado quedarnos en un sitio poblado, por razones obvias- respondió Henry-. Lo ideal sería ir moviéndonos cada pocos días para evitar ser localizados y cazados, pero no he tenido tiempo de… examinar los vehículos a fondo, así que por ahora sería adecuado buscar un sitio solitario donde quedarse, comprobar que los vehículos funcionan y luego… decidir qué hacemos.

Jornada 4: Henry, el ingeniero industrial (XVIII) Por JD


La factoría no estaba muy lejos del complejo residencial, a unos diez minutos sin tráfico por la carretera principal. Mientras salían del sitio donde habían vivido gran parte de su vida ninguno miró atrás. Por suerte por el camino no encontraron ni zombies, ni tráfico. Cuando se habían alejado medio kilómetro comenzaron a escuchar las sirenas que se usaban para casos de emergencia. Tal vez así los vecinos tendrían una oportunidad de sobrevivir, o de morir en familia. Pensar en ello hacía que Henry se sintiera frustrado y no parara de pensar en que si se hubiera quedado a lo mejor podría haber organizado a los vecinos, y podrían haber vencido a los zombies, o podría haber muerto… Viendo en el retrovisor a los hijos de Sarah que parecían haberse puesto a dormir de nuevo, benditos niños, se aseguró a sí mismo que la que había tomado era la decisión correcta. Egoísta seguramente, pero… era una deuda de honor.

Cuando llegaron a la factoría Henry dirigió el vehículo directamente al garaje uno donde estaban el resto de vehículos de pruebas. Ahí le estaba esperando Sam, que miraba cómo uno de sus hombres, Jack, colocaba varias cosas en la parte trasera de otro SUV. Henry se bajó y saludó a Sam:
-No tengo intención de quedarme mucho tiempo aquí. Revisar los vehículos, comprobar que lo tenemos todo y largarnos enseguida. Lo que no entiendo es cómo es que me has creído enseguida.

-Digamos que tenía mis sospechas por rumores que había escuchado -respondió Sam algo esquiva. En ese momento otro de los compañeros de seguridad de Sam apareció portando un enorme baúl atento a la conversación.
-Su novio es policía y lleva sin saber de él casi una semana, por lo visto en la ciudad ha habido disturbios e incluso han tenido que llamar al ejercito y declarar la ley marcial.

Sam le lanzó una mirada poco amistosa:
-¿No tienes asuntos que atender Daniel?

Henry recordó vagamente la conversación, más o menos, que había mantenido con su amigo, el general, hacía unos días, y de cómo no habían podido quedar por que les habían movilizado.
-Seguro que estará bien -dijo finalmente sin querer revelar la información, no tenía sentido preocupar más todavía a Sam-. ¿Cómo va por aquí?

-Ocho trajes antidisturbios completos -comenzó a recitar Sam-, con sus escopetas adaptadas para disparar bolas, sacos, o gases lacrimógenos, cinco subfusiles MP-5 con cuatro cargadores completos para cada uno; diez pistolas glock reglamentarias, con dos cargadores completos para cada uno, y cartuchos de varios tipos para las escopetas.

Henry silbó sorprendido.
-Vaya arsenal que teníamos, y yo sin saberlo.

Tom, otro de los hombres bajo el mando de Sam, que había estado colocando material en el SUV intervino.
-El espionaje industrial es un negocio serio y se paga muy bien la información de otras empresas.

Henry no pudo evitar sonreír al mirar los vehículos.
-Que me vas a contar.

Jornada 4: Henry, el ingeniero industrial (XVII) Por JD


Marcó uno de los números de la factoría, una voz femenina algo sorprendida le respondió.

-Hola Sam, soy Henry, necesito que hagas un par de cosas por mí -dijo Henry mientras seguía esperando y vigilando los alrededores-. Necesito que prepares un cierre de emergencia total de la factoría, te prepares para recibir invitado y recopiles todo el material de seguridad, comida envasada y bebida que puedas encontrar y lo lleves al garaje 1 junto a los nuevos vehículos de pruebas.

-Supongo que si te pregunto, la respuesta será larga y aburrida.

-Si te lo digo no me creerías -respondió Henry respirando hondo-. Además necesito otro favor, necesito que llames a tu amigo y le pidas que active las sirenas de emergencia de mi complejo residencial.

-¿Qué está pasando Henry?

-Tenemos una infección en el vecindario y necesito avisar a todos los vecinos -respondió Henry esperando que Sam no siguiera preguntando.

-Lo primero lo puedo hacer, no es un problema, pero lo segundo… si no me puedes ser más específico me temo que no podré ayudarte.

Durante unos segundos Henry pensó en mentir, pero… ¿no sería buena idea que si existiera una posibilidad los de más arriba fueran informados?

-Zombies, Sam, tenemos una plaga de zombies. Están matando a los vecinos casa por casa, han venido un par de coches patrulla pero… seguramente los policías ya estén muertos… o no-muertos.

Durante unos segundos Henry temió que Sam le hubiera colgado.
-¿Sam?

-Sigo aquí, lo siento Henry, estaba pensando… de acuerdo, mi equipo y yo os esperamos en la factoría, y haré esa llamada.

Henry no podía creer que Sam no hubiera dudado de él, o le hubiera llamado loco, pero bueno, ése no era su problema ahora. La zona del vecindario en la que estaba seguía estando tranquila, Ellen salió con un par de maletas que colocó junto con el resto de cosas en la parte trasera del SUV, enseguida volvió a entrar.

El teléfono de Henry sonó.
-¡¿Se puede saber qué significa este mensaje apocalíptico que has mandado?! ¡¿Zombies?! Henry, has perdido la cabeza.

-Mira, en estos momentos no tengo ganas ni tiempo para discutir -respondió Henry un poco irritado-. Si quieres salvar tu vida mueve tu culo hasta la factoría, y si quieres morir, pues mira, quédate en tu linda casa rodeado de tus lindos vecinos hasta que te claven sus lindos dientes en tu lindo trasero -y colgó.

El stress de la última hora le estaba pasando factura, y no tenía tiempo para lidiar con tonterías, o confiaban en él o no. Vale, era un salto de fe tremendo, pero lo que estaba en juego también.

Jonathan salió llevando de la mano a los niños y los puso en los asientos traseros del SUV mientras les aprovechaba los cinturones de seguridad y comprobaba que estuvieran cómodos. Luego ayudó a Ellen con unas cuantas provisiones. Miró a su alrededor y luego a Henry.
-No puedo creer que esté ocurriendo esto.

-Me lo dirás a mí -respondió irónicamente Henry.

Jornada 4: Henry, el ingeniero industrial (XVI) Por JD


-¿Sé puede saber qué coño haces aquí y por qué vas así vestido? -le dijo Jonathan bastante irritado.

-No tenemos mucho tiempo -respondió Henry-. Coge a tus hijos, algo de ropa y sube al coche conmigo, tenemos que irnos.

Jonathan abrió los ojos como platos:
-Estás loco. Primero matas a mi mujer, y ahora… ¿has venido a acabar el trabajo? –dijo señalando alarmado la escopeta-. ¿Por eso la llevas? Lárgate de aquí antes de que llame a la policía.

Henry respiró hondo.
-Ven conmigo si quieres vivir -enseguida pensó que esa frase quedaba mejor en su cabeza que una vez dicha-. No tenemos mucho tiempo, pronto estarán aquí.

-¿Quién? ¿Más hombres de negro? -dijo gritando Jonathan-. Déjanos en paz, ¿no has hecho ya suficiente daño a esta familia?

Iba a cerrar la puerta cuando ambos escucharon el grito de aviso de Ellen, el zombie que Henry creía haber atropellado estaba saliendo de debajo del coche arrastrándose y tratando de ponerse en píe. La imagen era escalofriante, estaba bañado en sangre, sus ojos parecían vacíos, sin vida, su boca abierta, mostraba unos pequeños dientes manchados de sangre y con restos de piel entre ellos; Jonathan pudo verle avanzar hacia ellos.
-Madre de Dios, ¿qué le has hecho a ese pobre niño? –dijo sin acabar de entender la macabra escena.

Henry no se lo podía creer.
-Yo no le he hecho nada, se ha convertido en un zombie. Ya sé que no me crees, pero míralo, ¿de verdad te parece un niño recién atropellado?

Jonathan no sabía qué decir; el niño avanzaba lentamente, parecía tener problemas con una de sus piernas que la iba arrastrando, pero si le miraba… no parecía humano
-Yo… esto… no entiendo… ¿qué está pasando?

Dándose por enterado Henry apuntó la escopeta y voló la cabeza del niño que cayó como un plomo al suelo, a medio metro de la entrada de la casa.
-Bien, coge a tus hijos, ropa cómoda, calzado de excursión, si tienes agua embotellada o conservas sácalo todo también, Ellen te ayudará con las niñas.

Henry indicó a Ellen que saliera del coche y ayudara a Jonathan; los dos desaparecieron escaleras arriba. Miró a su alrededor, parecía no haber nadie, y el disparo no había alertado a los vecinos. Cogió el cadáver por los pies y lo arrastró fuera de la vista, no quería que los niños pudieran ver algo así

Buscó con la vista y encontró la manguera, la puso en marcha y trató de diluir la sangre del camino. Luego, mientras seguía vigilando que todo estuviera tranquilo, mandó un mensaje con su móvil a varias personas para que huyeran, y se unieran a él en la factoría. Su cabeza comenzaba a improvisar un plan de huída.

Jornada 4: Henry, el ingeniero industrial (XV) Por JD


Henry apretó a fondo el acelerador:
-Darle el descanso final -dijo mientras, sin pensárselo dos veces lanzaba el suburban contra el niño y le pasaba por encima. A continuación giró y dirigió el vehículo en dirección contraria al incendio y a un par de vehículos de policía que había enfrente de la puerta de la casa de Ellen.

Se alejaron rápidamente de sus casas, Ellen evitó mirar atrás y a los lados
-¿A dónde vamos?

Henry que de vez en cuando miraba a los lados podía ver ahora claramente que había poco que hacer por los vecinos de las casas colindantes, o les mataba el fuego, o lo harían los zombies:
-Vamos a buscar a la familia de Sarah, es lo menos que puedo hacer.

Ellen asintió en silencio. Pasados unos minutos las calles y las casas parecían estar tranquilas. Nadie sospechaba lo que estaba pasando. Y él no tenía tiempo para ir casa por casa para explicarlo… bueno, ¿cómo iba a explicarlo?

Antes de que pudiera responder a su propia pregunta llegaron a la altura de la casa de la familia de Sarah. Henry cogió la escopeta e indicó a Ellen que se quedara en el coche esperando.

Se acercó a la puerta y tocó el timbre de forma nerviosa y rápida. En unos segundos una luz interior indicaba que había gente en casa. Por ahora iba bien. Jonathan, el marido de Sarah abrió la puerta y se quedó mirando a Henry.

Jornada 4: Henry, el ingeniero industrial (XIV) Por JD


¿Cómo podía ser posible? Era un invento de las películas de terror, los no-muertos, pero de alguna manera todo parecía encajar: gente que practicaba el canibalismo, que sólo moría de un disparo a la cabeza, que ya estaban muertos antes de matarlos… joder… cerró la puerta y se dirigió a la cocina donde Ellen le miró alarmada.

-Acompáñame al dormitorio, tengo que hacer las maletas y tú tienes que cambiarte, no puedes ir así vestida -dijo Henry mientras le cogía del brazo y casi la arrastraba por las escaleras. Ellen se dejó llevar, confusa, era cierto que no llevaba ropa de viaje, llevaba unos pantalones cortos, y una camisa de tirantes, y una bata, junto a sus zapatillas de andar por casa, no había tenido tiempo de cambiarse…

Henry sacó un par de maletas:
-Pon algo de ropa informal para mí y trata de buscar algo que te pueda ir bien, coge un par de mis botas y rellénalas con calcetines para poder ponértelas.

A continuación se puso la ropa que usaba habitualmente para sus partidas, chaleco y fundas incluidas; la dejó mientras se dirigía al estudio con la bolsa que empleaba para transportar su material de airsoft. Abrió una vitrina, no era exactamente un fan de la caza, pero de vez en cuando había ido con clientes potenciales, o compañeros, y tenía para esas ocasiones una escopeta de perdigones y una con mira, las cogió y las guardó en la bolsa junto a varias cajas de munición. Luego abrió otra vitrina. En cambio, las armas cortas sí que le gustaban. Aunque practicaba en el campo de tiro su afición era más de coleccionista, tenía una docena de pistolas de 9 mm que había ido comprando a lo largo del tiempo, varios modelos de glock, la nueva walther ppk, la beretta por supuesto; optó por esta última para ponérsela en la funda de la pierna y metió varios cargadores en los bolsillos de su chaleco, también puso varios cartuchos de la escopeta.

Dejó el material en la puerta que daba al garaje y se dirigió a la cocina. Se puso a buscar y seleccionar las provisiones. Ellen apareció en la puerta con dos maletas, parecía seguir sin entender nada, pero confiaba en su jefe y no hacía preguntas. Cuando Henry se dio cuenta de su presencia se paró un segundo en seco con varias botellas de agua en la mano

-En el garaje está el suburban, pon en el maletero las maletas y las armas, en cuanto acabes ayúdame a llevar las provisiones -dijo mientras se dirigía hacia el garaje y ponía un par de cajas de botellas de agua y leche al lado del maletero.

Unos largos minutos después Ellen estaba vestida y Henry comprobaba que todo estuviera en su sitio. Indicó a Ellen que se subiera al suburban en el asiento del pasajero y le entregó la escopeta.
-Tenla en el regazo, por si acaso -dijo mientras ponía las botas de combate en la parte de atrás del vehículo, sabía que con esas botas era imposible conducir cómodamente, y había decidido usar unas deportivas que tenía en el armario. Comprobó que la pistola tuviera el seguro puesto y estuviera cargada. Se subió al suburban y lo puso en marcha, encendió las luces del mismo y apretó el botón para abrir la puerta del garaje.

Ellen aprovechó ese momento de respiro para preguntar qué estaba pasando, “Zombies,” respondió secamente Henry ante la mirada incrédula de su ayudante. Fue cuando se fijó en el ruido que hacía la puerta del garaje. Nunca se había fijado realmente, pero hacía un ruido de mil demonios, y eso sin duda no era bueno.

Con la puerta a medio abrir, los focos del vehículo iluminaron la fachada de la casa de enfrente y Ellen dio un respingo en su asiento a la vez que un grito se ahogaba en su garganta. El niño que Henry había visto antes había devorado la mitad de la pierna de su víctima, y ahora, debido al ruido, parecía sentir curiosidad por ellos. Se puso en píe y se dirigió hacia el garaje de Henry. La puerta ya estaba prácticamente abierta. Ellen miró asustada a Henry al ver al sangriento niño ir hacia ellos, “¿Qué vamos a hacer ahora?”

Jornada 4: Henry, el ingeniero industrial (XIII) Por JD


Unos golpes en la puerta le despertaron. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Horas? ¿Minutos? Bajó al recibidor y abrió la puerta, donde se encontró con una agitada Ellen que parecía estar sin aliento, le miró con miedo en los ojos.
-Mi perro, Henry, se están comiendo a mi perro.

Henry no entendía nada, hizo que Ellen entrara en su casa y miró como a lo lejos había una unidad de bomberos intentando apagar un pequeño incendio. Le ofreció un vaso de agua mientras le invitaba a que se sentara.
-¿Qué sucede? -le preguntó finalmente.

Ellen vivía unas casas más abajo, o arriba dependía de cómo lo vieses. Se le quedó mirando, con las manos temblando:
-Un ruido extraño me ha despertado, he escuchado a Harry, mi perro, ladrar, y me he asomado a la ventana para ver porqué armaba tanto jaleo, de repente ha soltado un gruñido y se ha quedado en silencio. Nuestro vecino, el señor Asus, ¡¡le estaba mordiendo!! No me lo podía creer, he abierto la ventana y le he gritado que se apartara de Harry, entonces ha levantado la cabeza, tenía… era horrible, el pobre Harry… -comenzó a sollozar-. Asus se ha levantado y ha intentando entrar en mi casa por la puerta de atrás. Yo no sabía qué hacer, he llamado a la policía, y luego he salido corriendo por la puerta principal y he venido hasta aquí. Asus se ha vuelto loco.

Henry le ofreció otro vaso de agua. Y la dejó en la cocina mientras iba a la puerta principal. Escuchó a lo lejos unos disparos, ¿Qué demonios estaba pasando? Abrió la puerta y vio un coche de policía a la altura de la casa de Ellen. Un agente salía corriendo de detrás de la misma mientras hablaba por radio, “Central, necesito refuerzos y una ambulancia, un oficial ha caído, le hemos vaciado un cargador cada uno y no se ha inmutado, se ha lanzado directo a por Frank, está muerto… ¿central?”

A lo lejos las llamas en lugar de extinguirse parecían haberse propagado a la casa de al lado, ¿qué estaban haciendo los bomberos? Trató de encontrarlos con la mirada, pero sólo consiguió ver la manguera que soltaba agua al aire y se movía como una serpiente en el aire, sin nadie que la manejara. Comenzó a escuchar gritos y chillidos por diferentes casas y de repente de la casa de enfrente salió el vecino gritando mientras su hijo parecía asido a su pierna mordiéndola brutalmente. Fue entonces cuando Henry lo comprendió, le vino a la cabeza una frase que decían que era de Sherlock Holmes y que había leído en alguna parte, cuando no puedas descartar nada más, lo que quede, por improbable que sea, será la respuesta: ¡¡ZOMBIES!!

Jornada 4: Henry, el ingeniero industrial (XII) Por JD


Lo peor vino el día del funeral. Caía una lluvia fina pero intensa. El cementerio se había llenado de familiares, amigos y conocidos. Henry se había quedado a una pequeña distancia de la gente, apartado a pesar de la insistencia de sus amigos para que no se sintiera culpable y les acompañara. Se sentía responsable, estaba en su naturaleza. Veía la mirada perdida del marido, que también reaccionaba como un autómata cada vez que alguien le daba la mano o le daba el pésame. Y los hijos… ¿cómo explicarles a los hijos de Sarah que su mamá no volvería? Eran un niño y una niña de seis y cinco años respectivamente. Los había visto nacer, crecer y, ahora, perder a su madre. El ataúd estaba cerrado, no podía ser de otra manera, el cadáver había quedado… Henry se apoyó en un árbol y vomitó el desayuno, no pudo evitarlo, sólo con pensar en la escena que contempló… ¿cómo podía un ser humano hacer algo así?

Mientras se limpiaba la boca con un pañuelo cruzó su mirada con la del marido de Sarah. Él les había presentado, y había sido testigo en su boda. Su mirada era, según interpretaba Henry de atribuirle la culpa de todo lo que había pasado, y preguntarle porqué ella y no Henry. Él se preguntaba lo mismo. Él no tenía pareja estable, ni hijos, ni familia cercana… no era justo. Y esa mirada le causó sentirse todavía más culpable.

Lo único que sacaba del letargo a Henry era el proyecto del motor eléctrico. Repasaba los nuevos diseños, y veía dónde tenía que mejorarlos para conseguir una conservación casi total de la energía. Los primeros prototipos se montaron en distintos vehículos para probarlos en el terreno. Henry cogió uno de los “suburbans” para comprobar su eficiencia en carretera y en el día a día.

Su casa se encontraba en un complejo residencial no demasiado lejos de las oficinas por lo que en diez minutos habitualmente llegaba a la misma. El complejo residencial estaba habitado en su mayoría por empleados y compañeros de trabajo. Eran una mini-ciudad, no demasiado grande, pero lo suficiente para tener un par de tiendas de comestibles, e incluso unos multicines. Tenían su propio servicio de seguridad que velaba por la tranquilidad de los inquilinos.

Al llegar a su casa se fue directamente a dormir. Esos días apenas comía, y lo cierto es que sus momentos de sueño era lo único que le permitía evadirse de todo aquello. Pero esa noche se despertó después de haber revivido en una pesadilla los sucesos que llevaron a la muerte de Sarah, sólo que en aquella ocasión eran todos sus compañeros los que morían a manos de esos misteriosos atacantes que no parecían morir nunca y él se encontraba cubierto con la sangre de sus compañeros.

Se incorporó en la cama intentando quitarse esas sangrientas imágenes de la cabeza. Y deseó tener algo más fuerte que cervezas sin alcohol en el frigorífico. Estuvo unos minutos en silencio, sentado en la cama mirando al vacío. Cuando se tranquilizó volvió a estirarse en la cama y cerró los ojos.

Jornada 4: Henry, el ingeniero industrial (XI) Por JD


En los siguientes días Henry iba como noctámbulo. Se pasaba el día sentado en su despacho, mirando a través del ventanal a lo lejos, con la vista perdida. Repasaba los eventos de ese fin de semana sin que pudiera llegar a entenderlos. La mayor parte del trabajo que había se la había dejado a su ayudante, que no había mencionado nada, ni había intentado consolarle, no había palabras para convencer a Henry, ¿de qué había que convencerle? Ése era el problema. Ni siquiera la policía acababa de entender qué había pasado. Comía cuando su asistente le traía la comida, se iba a casa cuando veía que los demás se iban, firmaba los presupuestos y los proyectos apenas sin mirarlos.

Y nada parecía aliviar la pena de Henry. En algún momento, sin saber cuándo ni porqué, cogió el teléfono y marcó un número, al otro lado de la línea sonó una voz muy familiar:

-General Smith, ¿Qué tal todo?

<“¡Abdulah, amigo!”>

Henry suspiró, al otro lado de la línea se escuchó la carcajada del general.

<Siempre tan serio, muchacho, ¿Qué te pasa Henry? ¿Has matado a alguien mientras jugabas a soldaditos?>

Sabía que era una broma, pero no pudo evitar soltar una especie de gruñido como si le hubieran cogido con las manos en la masa.

-Sólo llamaba para ver cómo iban las cosas -dijo Henry a modo de disculpa.

<Ahora andamos algo ocupados, nos estamos movilizando, por lo visto hay disturbios en algunas ciudades y se ha declarado la ley marcial, un segundo…>

Henry esperó mientras escuchaba ruido de papeles y de botas de fondo y cómo se gritaban órdenes.

<Capitana Grumpy, usted irá al sector 17, la infantería mecanizada estará de apoyo>

Escuchó las órdenes, así como una voz femenina que respondía a las mismas.

<Señor, sí, señor>

Henry iba a colgar cuando la voz de Smith volvió a sonar.

<Lo siento, tengo que dejarte, ¿por qué no te pasas a finales de la semana que viene? Supongo que para entonces ya estará todo resuelto y podremos recordar los viejos tiempos, cuando eras un soldado de verdad>

Colgó el teléfono y volvió a contemplar el paisaje que se veía desde su despacho.