Jornada 03 Días del futuro, pasado (8)


-¿No crees que salir por la televisión es algo peligroso para la organización? Te has convertido en una figura pública.

Así que de eso trataba aquel encuentro. Otra vez. Es lo que tenía pertenecer a una organización secreta, que sus miembros siempre creían que las personas de su alrededor lo sabían.

-Tengo el permiso de la organización. Creo que estabas en la reunión que tuvimos y en la que se decidió que era importante desprestigiar cualquier tipo de investigación sobre el origen zombi.

-Pero no eres el único que se está convirtiendo en famoso.

-Oh, por favor. Usas la palabra ‘famoso’ como si cualquiera más allá de un vecino o del carnicero de mi barrio fuera a conocerme. Y aunque fuera así, ¿qué más da? ¿Crees que no sé cuándo me están siguiendo? ¿O que no tomo precauciones?

-El caso es que no soy el único que está incómodo con esta nueva política.

Era cierto que históricamente la organización se había movido en las sombras. Seguramente si alguien supiera de su existencia pensaría que la gente que formaba parte de la misma debían ser poderosos empresarios, lo cual era algo completamente alejado de la realidad. Era cierto que había algún potentado, pero en general eran personas anónimas para la sociedad. Gente con la que uno se cruzaba por la calle sin imaginar o sospechar que controlaban el mundo. ¿y por qué debían de hacerlo? Habían creado un entramado de organizaciones dirigidas por gente poderosa que en realidad no pintaban nada salvo como decoración pero que cumplía con dos objetivo: alejar la atención de la realidad y tener cabezas de turco intocables debido a su dinero.

Jornada 03 Días del futuro, pasado (30)


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Diario de guerra, 9 de enero de 2010 (y III)
Lo cierto es que está todo en silencio. Joder, al final eso que decía la gente de que lo de los ruidos se echan de menos cuando faltan era verdad. Ni aviones, ni el ruido de los motores de los coches, o las sirenas de las ambulancias… ni los gritos de los vecinos o los niños llorando. Incluso las televisiones no se escuchan. El silencio me está poniendo de los nervios, dado que cada vez que una puerta cruje o una ventana se cierra a lo lejos salto de repente asustado y cojo la escopeta.

Supongo que tendré que acostumbrarme a este nuevo mundo de silencios. Ni gaviotas, ni los jodidos estorninos que siempre estaban volando, aparecen ahora. Creo que voy a pasar otra mala noche. Pero al menos esta vez tendré una escopeta a mano y me sentiré más seguro.