Jornada 10. El final del principio (23)


Necesitaba ayuda. Y rápido. Si la cosa tenía que ver con ordenadores lo mejor sería llamar directamente a Gerald. Necesitaba un teléfono. Miró a su alrededor y comprobó que en la mesa había uno… pero era de los enchufados a la electricidad y hacía el mismo olor a quemado que los monitores.

Comenzó a buscar en el chaleco del soldado muerto esperando encontrar un teléfono móvil pero no lo encontró; tal vez en sus pantalones. Decidió que era mejor llevar la pistola así que se guardó el cuchillo y comprobó que el arma estuviera cargada.

Salió al pasillo que estaba inundado de agua. Al menos los aspersores se habían detenido. Aunque el ruido que hacía, yendo descalza, caminando sobre el agua no le ayudaba a ocultar su presencia. Se apresuró en busca de los soldados a los que había matado y descubrió que sólo había uno de ellos y recordó su estupidez. Con las prisas no se le había pasado por la cabeza asegurarse de que ni los científicos ni los soldados pudieran volver a levantarse. Pero igualmente, no podía ser, el periodo de conversión era de no menos de doce horas. Pero a pesar de eso ahí estaba con un solo cadáver a la vista. Se acercó con cautela hasta el mismo y comenzó a buscar entre los bolsillos. Encontró un teléfono móvil que parecía estar más o menos seco.