Jornada 9. La Ira de Dios (197)


Díaz hizo una pausa e hizo la señal de la cruz.

-Ahora estarán en el cielo disfrutando del éxito de su misión mientras sus cuerpos sin vida siguen extendiendo los designios del Señor. Su muerte fue muy rápida. Uno de ellos pensó que los enviados celestiales le perdonarían la vida por llevar sotana. Ya ve, la ignorancia es así. Yo ya les había tratado de explicar que no estábamos a salvo. Que su objetivo era mandarnos al más allá, a salvo, y acabar con toda la vida sobre el planeta. Quién sabe, a lo mejor en realidad se sacrificó para que su cuerpo pasara a formar parte de las huestes de Dios.

-Es posible –dijo algo distraído Xavier. Estaba jugando con fuego y aquella persona era muy peligrosa. Y si había fijado su objetivo en hacer que el pueblo cayera… él tendría que hacer algo para impedirlo.

-Mi segundo compañero sucumbió ante la debilidad de su cuerpo –continuó Díaz- Tropezó y los ángeles vengadores le convirtieron rápidamente. Supongo que Dios consideró que habían cumplido con su misión.

-¿Y usted no? –Preguntó Xavier mientras comenzaba a pensar en alguna manera de arreglar el problema que se le presentaba- Por lo que me he ha contado, tiene merecido un descanso.

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