Jornada 9. La Ira de Dios (192)


Xavier volvió a quedarse en silencio. Era complicado hablar con gente así. Siempre acababa perdiendo el hilo de la conversación y tenía que procurar no repetirse o mostrar demasiadas dudas. El caso es que fuera lo que fuera lo que tenía planeado Díaz para el futuro… no era bueno.

-Tiene que ayudarme a darle una lección a este pueblo lleno de salvajes que no respetan la religión ni temen la ira de Dios –insistió Díaz ante la alarma de Xavier- Yo sólo no podría… inmediatamente, pero juntos… la gente de este pueblo parece confiar en usted. Como confiaban en mí en el castillo de Bellver.

-¿El castillo de Bellver? –Preguntó Xavier que no sabía a qué se estaba refiriendo.

-Ah claro, que es usted extranjero –dijo Díaz con un cierto tono de disgusto- Seguramente se habrá fijado en la fortaleza que está en lo alto de un monte, a las afueras de la ciudad, se ve desde casi toda Palma.

Xavier recordaba el castillo que parecía vigilar a la ciudad en silencio como un guardián.

-Sí, lo recuerdo… pero tenía entendido que sólo podían acceder al mismo los militares. O eso me dijeron cuando me interese en visitarlo.

-Ser del clero te abre muchas puertas –Díaz sonrió misteriosamente ante lo que parecía ser un chiste privado- Así que cuando la señal de Dios llegó me encaminé al castillo para vigilar a sus habitantes y tratar de que no intervinieran en la tarea del Señor.

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