Jornada 9. La Ira de Dios (187)


Delirios de un hombre enfermo –se quejó Díaz- Para repoblar el planeta ya están los pobres que no tienen otra cosa que hacer.

-¿Seguro que es usted religioso? –Preguntó Xavier extrañado de escuchar tales afirmaciones- Sus ideas no parecen muy… católicas.

-¿Católicas? ¿Qué tiene que ver la verdad con la religión? De siempre ha habido gente rica y gente pobre. Los ricos se han divertido con sus cosas y los pobres se han encargado de proporcionar mano de obra barata dado que ésa es su función. Procrear y servir a los poderosos.

-Y a la Santa Madre Iglesia, supongo.

-Eso se da por descontando. Nosotros les damos esperanza… pero qué sabrá usted. Por cierto, ¿no estará aquí para robar? Porque no tengo dinero.

Xavier sonrió ante la idea de mostrarle su escopeta y asustarle un poco para bajarle los humos.

-El dinero por estos lugares no tiene sentido. Los ricos… bueno, no sé dónde están, pero en este pueblo seguro que no.

-Ya he visto que en este pueblo la gente es muy maleducada… y poco cristiana.

-Pero le han invitado a cenar y a dormir, ¿verdad?

-Es lo mínimo que debían hacer por un hombre de la Iglesia.

-Se lo tiene bastante creído. ¿No existe un pecado capital para el orgullo?