Jornada 9. La Ira de Dios (149)


Tal vez porque ya estaba acostumbrado, o porque el día había sido muy largo y él ya no estaba para esas emociones, pero Xavier no tardó en dormirse. Pero la noche no fue agradable y las pesadillas le asediaron toda la noche en forma de recuerdos de gente que había muerto a sus manos.

Cuando se despertó no tenía la sensación de haber descansado y una vez más le asediaron las dudas sobre sus acciones. Al recordar sus acciones del día anterior no pudo evitar fijarse en que no había dudado en ningún momento en volarle la cabeza a los desconocidos ocupantes de la casa. Su parte racional le decía que era lo correcto, que le habrían matado a él y al resto de la familia… pero no había dudado ni un segundo al respecto. Y eso le estaba comenzando a afectar.

El padre le saludó cuando le vio aparecer y le acompañó a la cocina donde le hizo el desayuno. Ninguno dijo más de lo necesario. Xavier comprendía en cierto modo por lo que aquella familia estaba pasando. Y en los días siguientes iría a peor. ¿Pero qué podía hacer él? A pesar de lo que la gente creyera no tenía todas las respuestas.

Su radio cobró vida y al otro lado sonó la voz de Joan.

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