Jornada 9. La Ira de Dios (145)


-Ahora lo importante es deshacerse de los cadáveres para que sus hijos no los vean –sugirió Xavier.

-¿Pero qué les voy a decir? –Preguntó el hombre mientras miraba a sus hijos- ¿Cómo les explico que su madre y sus abuelos…?

-Dígales que ahora están en el cielo a salvo –respondió Xavier- Que estaban… enfermos.

El hombre suspiró y luego se acercó a los niños.

-Estaré en el pasillo, ¿de acuerdo? Pero no quiero que os asoméis hasta que yo os lo diga. Si necesitáis algo sólo tenéis que llamarme.

Los niños asintieron.

Xavier ayudó al hombre a esconder a su familia y tratar de limpiar de restos humanos el suelo y las paredes. Debía de haber pasado cerca de una hora y a través de las ventanas vio que comenzaba a oscurecer. El tiempo pasaba rápido cuando luchabas por tu vida y luego tratabas de limpiar el desastre que habías dejado a tu paso.