Jornada 9. La Ira de Dios (120)


La tierra tembló bajo sus pies pero no pasó nada más. Xavier se detuvo y miró hacia atrás. Una columna de humo se levantaba en la zona en la que había arrojado los explosivos. No podía ver claramente lo que había pasado. Pero no tenía intención de acercarse. Si la tierra se había derrumbado podía haber fabricado una rampa artificial que permitiría a los zombis subir a su nivel. Y no era cuestión de darles ideas.

Se preparó para la segunda parte de su plan. Llamar la atención de los zombis cerca de la puerta para dejarla lo más desierta posible para que pudieran cerrarla y bloquearla. Pero antes debía recuperar el aliento que había perdido corriendo.

Tras un minuto estudió la nueva situación. Los zombis más cercanos a la explosión se habían acercado a la zona buscando el origen de la misma, y, esperando encontrar algo que respirara. Pero los más lejanos, los que estaban cerca de la puerta, no parecían haber reaccionado apenas a la explosión. Y no se habían movido.

Jornada 9. La Ira de Dios (119)


Respiró hondo mientras revisaba una vez más los cartuchos que había unido entre sí. En sus muchas correrías por el mundo se había familiarizado también con los explosivos. Con una compañera de viaje como Mara, qué menos se podía esperar de él. Aunque los que estaba manejando eran bastante rudimentarios. Nada de detonadores electrónicos, o con teléfonos móviles… claro que dudaba que esos pudieran usarse ahora que no había cobertura. Había unido las mechas de manera que le fuera más sencillo encenderlas y se había asegurado de tener el tiempo suficiente para encenderlas, lanzarlas y salir corriendo. No tenía ni idea de la potencia de la explosión pero en esos casos lo mejor era estar lo más lejos posible.

Miró el reloj de nuevo. Ya casi se habían cumplido los diez minutos. Se acercó lenta y silenciosamente hacia el borde arrastrándose por el suelo. Cualquier precaución era poca. Miró hacia abajo. Estaba infestado de zombis. Un paso en falso, un corrimiento de tierra desafortunado y sería historia. Respiró hondo. Cogió el mechero y acercó los explosivos a la llama. Las mechas no tardaron en prender y comenzaron a deshacerse rápidamente. Xavier lanzó con fuerza el paquete tratando de que entrara en la mina.

No se quedó a ver si lo había conseguido. Se puso en pie y salió corriendo en dirección contraria y en diagonal tratando de alejarse lo máximo posible de la posible explosión. A lo mejor la tierra se hundía y no tenía ni idea de hasta donde el terreno sufriría las consecuencias.

Jornada 9. La Ira de Dios (118)


Xavier miró su reloj y asintió. Joan salió corriendo colina abajo y pronto desapareció de su vista. Ahí estaba, sólo con varios cartuchos de explosivos, dispuesto a jugarse una vez más la vida en esa guerra interminable contra los muertos vivientes que no parecían tener intención de desaparecer en un futuro cercano.

Recordó su conversación con Gerald mientras esperaba a que el tiempo pasara. Lo que más le había preocupado era la falta de información sobre Mara. Su venganza le había llevado por un camino de violencia y le había hecho correr riesgos estúpidos. Estaba cegada. Y temía que esta vez fuera el final de su vida. Tal vez… fuera para mejor. Mara estaba rota, durante todos los años que la había conocido nunca se había perdonado lo que había pasado con la ciudad que tenía que proteger. Convertida en cenizas junto a todos sus habitantes. No podía ni imaginar lo que era para Mara eso. Tantas vidas perdidas cuando se habían puesto a su cargo para defenderlas… No se lo perdonaba y no se podía hablar del tema con ella. Su existencia era una tortura constante.

Miró el reloj pensativo. Nunca se habría imaginado teniendo tan funestos pensamientos. Cuánto había pasado desde su juventud en Francia y su posterior huida a Italia. Toda una aventura.

Jornada 9. La Ira de Dios (117)


-Seguimos con el plan original. Volamos la entrada a la mina, y tiramos un par de cartuchos más al centro para llamar la atención de los zombis de la puerta. Eso hará que se alejen de la misma.

-¿Y cómo se lo decimos a los que están esperando en el coche? –Preguntó Xavier- No tenemos radio y el móvil no tiene cobertura.

-Uno de nosotros se quedará y otro tendrá que ir corriendo a contarles el nuevo plan –Respondió Joan- ¿Cómo quiere que lo decidamos?

-No hace falta. Vaya usted, yo me quedaré –se ofreció Xavier- Seguramente su parte del plan será más segura que la mía. Y sus compañeros aceptarán el plan más fácilmente si se lo cuenta usted.

-De acuerdo –dijo Joan algo sorprendido- ¿Comienza el espectáculo en… 10 minutos?

Jornada 9. La Ira de Dios (116)


-Pude obtener el teléfono del hotel en el que se suponía que debían de estar y tuve suerte. Gerald, que así se llama el ilustre personaje que paga mis estipendios, me recomendó, casi me ordenó, que no me acercara por la ciudad. Que la cosa era muy grave. Zombis por las calles, el ejército en sus cuarteles, y nadie parecía querer hacer nada para solucionar el problema. Me digo que lejos de Palma estaría más seguro.

-Famosas últimas palabras –señaló Joan sonriendo mientras llegaban a lo alto de la colina desde la que se podía ver la entrada a la mina y el patio de la misma. Era una zona amplia. Rodeada por un muro bastante alto de piedra, seguramente para impedir a los ladrones entrar en el reciento. Y por todas partes había zombis caminando de un lado para otro sin dirección aparente.

-Creo que tengo una idea –dijo Joan mirando a su alrededor- El recinto está completamente rodeado por el muro excepto en la entrada… que alguien parece haber dejado abierta. Si la cerramos tendremos un problema menos.

-¿Qué impedirá a los zombis derribar la puerta? –Preguntó Xavier estudiando la zona.

-Cerramos la puerta, que es metálica de rejas, y ponemos delante el coche, de esa manera podremos concentrarnos en los zombis de la ciudad y no perderemos tanto tiempo aquí.

-Pero… ¿cómo lo hacemos para cerrar la puerta? Toda la zona está rodeada de zombis.

Jornada 9. La Ira de Dios (115)


Un zombi salió de repente de detrás de uno de los árboles. Antes de que Joan pudiera reaccionar ante su presencia Xavier alzó su escopeta y le golpeó con la culata en el lateral de la cabeza con tal fuerza que lo lanzó en el aire hacia un lado derribándole. Una vez derribado le remató dándole otro golpe en la cabeza y destrozándole el cráneo. Enseguida le hizo la señal de la cruz al cadáver.

-Gracias –dijo Joan sorprendido ante la rápida reacción de Xavier- Parece que está acostumbrado a estas cosas.

-Nunca me acostumbraré –respondió Xavier limpiando la culata del arma- Toda esta gente… sus cuerpos usados para el mal mientras se pudren… Es algo diabólico.

-Por cierto, algo que me he preguntado, no es que su presencia me moleste, pero… ¿no decía que tenía que irse a Palma? ¿Cómo es que al final cambió de idea? –Preguntó Joan mientras reanudaban la marcha.

-Creía que no podía contactar con mi… benefactor –respondió Xavier mientras seguía atento a los árboles a los que se acercaban- Pero cuando estuvimos de nuevo en el santuario el prior me recordó que las líneas terrestres todavía funcionaban. Y que podía tratar de ponerme en contacto con la ciudad si tenía un número de teléfono fijo.

-Con toda esta tecnología parece que los teléfonos fijos han desaparecido –señaló Joan- Ya casi no se ven cabinas ni nada.

Jornada 9. La Ira de Dios (114)


-Entiendo sus dudas, pero tenga en cuenta que no se pueden conseguir detonantes tan fácilmente como parece en las películas, y además… imagínese en una situación algo más acuciante, ¿qué es más fácil encender la mecha y tirar el tubo o buscar el detonante conectarlo tirarlo y luego activarlo?

-Comprendo –dijo Xavier examinando uno de los tubos. Era un tubo metálico que estaba cerrado en ambos lados por un tapón de rosca al que habían hecho un agujero para sacar la mecha. Práctico y muy local.

-¿Está preparado entonces padre? –Preguntó Joan cogiendo varios tubos y guardándoselos.

Xavier cogió también una cantidad generosa de tubos y comprobó su escopeta. Cuando pareció satisfecho asintió.

Joan señaló una calle adyacente que subía y comenzó a andar seguido de Xavier que iba mirando a ambos lados buscando la presencia de los muertos vivientes. Llegaron a un muro de piedra de un metro de altura que les separaba de una parte boscosa al otro lado de la cual estaba la mina. Avanzaron diagonalmente mientras subían entre árboles el terreno hasta la cima detrás de la mina. Seguían avanzando en silencio y a medida que se acercaban se podía escuchar con más claridad el sonido de los zombis que hacían sin quererlo cuando el aire entraba y salía de sus cuerpos y movía las cuerdas vocales.

Jornada 9. La Ira de Dios (113)


-Bien, creo que lo mejor es seguir desde aquí andando –sugirió Joan- Tomeu, tú y Jaume os quedaréis en el coche esperando los fuegos artificiales. Si hay suerte quedarán sólo un puñado de zombis y podremos hacer limpieza tranquilamente.

-¿Cómo piensas hacerlo? –Preguntó el conductor Jaume- Creo que sería adecuado dar un rodeo, subir por detrás de la entrada y tirar los explosivos desde ahí. Así será más difícil que os vean y os pillen.

-Sabía que había hecho bien en traerme al friki –sonrió Joan dándole una palmada en el hombro- Aquí el farmacéutico vive en la ciudad, padre, y es un intelectual de los tebeos, ya sabe, superhéroes y esas cosas. Además es un experto en zombis.

-Me parece bien dar un rodeo. Además desde un punto más alto nos será más fácil atacar a los zombis –dijo Xavier- ¿De qué tipo de explosivos disponen?

Joan abrió la puerta del coche por su lado y salió del vehículo indicando a Xavier que hiciera lo mismo. Abrió el maletero y sacó una bolsa de deporte. En la misma había una numerosa cantidad de tubos metálicos con una mecha incorporada.

-No me pregunte exactamente de qué material están compuestos –le advirtió Joan mientras cogía varios tubos- Sólo sé que funcionan y la explosión es bastante potente. Una mezcla local y segura. Que es lo más importante.

-¿De mecha? –Preguntó extrañado Xavier- ¿No son algo inseguros?

Jornada 9. La Ira de Dios (112)


-Tened cuidado por ahí –respondió Pere- Que sigo contando con que votéis a mi partido algún día. O que votéis al menos. Cambio y corto.

-Supongo que no tendrán explosivos en su maletero –preguntó Xavier pensando en lo bien que le vendría ahora ese material.

-Ahora que lo menciona… -se quedó en silencio sonriendo Tomeu.

-Nuestros vecinos ‘inquers’ tienden a… mmm… cómo decirlo… experimentar la mejor manera de volar por los aires cosas –le trato de explicar Joan- Y cuando todo esto comenzó intercambiamos información… y material. Nunca se sabe cuando podemos necesitar algo así y mire por donde…

-Sigo sin estar familiarizado con la geografía de la isla –se excusó Xavier sin saber a quienes se referían.

-Seguramente mientras estaba en el monasterio habrá comido unas galletas muy pequeñas en forma de bola –le indicó Joan- O cuando ha estado por mi casa habrá visto a mis hijos picando esas galletas.

-Sí, las recuerdo –dijo Xavier- Muy resultonas, el prior de vez en cuando las untaba en ¿sobrasada? O algún otro producto como queso. Casi diría que eran un pequeño vicio.

-Pues las galletas, quelytas, son originarias de esa ciudad. Que está a unos kilómetros de aquí. Se podría considerar que es la segunda ciudad en importancia y tamaño de la isla después de Palma.

-Recuerdo que hay un núcleo urbano cerca de aquí –respondió Xavier que había estado estudiando los mapas de la zona pero sin acabar de recordar el nombre de los lugares- Así que esa gente juega con fuego.

-Es una manera de decirlo –sonrió Joan- Algún día le contaré historias de dimonis y fuegos artificiales.

-Eso espero –respondió Xavier- Significará que hemos sobrevivido.

Jornada 9. La Ira de Dios (111)


-Estamos jodidos –dijo Joan mirando con preocupación el creciente número de zombis que se iban acumulando a unos cientos de metros de su posición- Con razón les han pillado por sorpresa. Han salido literalmente de debajo de la tierra.

-Parece que sin quererlo hemos encontrado el origen de la amenaza –señaló Xavier que tampoco se creía lo que estaba viendo.

-Tenemos que hacer algo –respondió Joan mientras le pedía a Tomeu el walkie y lo encendía- La mina es el foco de la infección. Están saliendo a oleadas de la misma.

-La ciudad está infestada también –le informó Pere- Hemos hablado con algunos de los supervivientes que estaban huyendo. Han aparecido de repente sin que nadie les viera.

-Creo que nos vamos a retrasar entonces –dijo Joan- Empezad la limpieza sin nosotros. Pero tened cuidado que no tengo ganas de tener un nuevo alcalde.