Jornada 9. La Ira de Dios (118)


Xavier miró su reloj y asintió. Joan salió corriendo colina abajo y pronto desapareció de su vista. Ahí estaba, sólo con varios cartuchos de explosivos, dispuesto a jugarse una vez más la vida en esa guerra interminable contra los muertos vivientes que no parecían tener intención de desaparecer en un futuro cercano.

Recordó su conversación con Gerald mientras esperaba a que el tiempo pasara. Lo que más le había preocupado era la falta de información sobre Mara. Su venganza le había llevado por un camino de violencia y le había hecho correr riesgos estúpidos. Estaba cegada. Y temía que esta vez fuera el final de su vida. Tal vez… fuera para mejor. Mara estaba rota, durante todos los años que la había conocido nunca se había perdonado lo que había pasado con la ciudad que tenía que proteger. Convertida en cenizas junto a todos sus habitantes. No podía ni imaginar lo que era para Mara eso. Tantas vidas perdidas cuando se habían puesto a su cargo para defenderlas… No se lo perdonaba y no se podía hablar del tema con ella. Su existencia era una tortura constante.

Miró el reloj pensativo. Nunca se habría imaginado teniendo tan funestos pensamientos. Cuánto había pasado desde su juventud en Francia y su posterior huida a Italia. Toda una aventura.

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