Jornada 9. La Ira de Dios (115)


Un zombi salió de repente de detrás de uno de los árboles. Antes de que Joan pudiera reaccionar ante su presencia Xavier alzó su escopeta y le golpeó con la culata en el lateral de la cabeza con tal fuerza que lo lanzó en el aire hacia un lado derribándole. Una vez derribado le remató dándole otro golpe en la cabeza y destrozándole el cráneo. Enseguida le hizo la señal de la cruz al cadáver.

-Gracias –dijo Joan sorprendido ante la rápida reacción de Xavier- Parece que está acostumbrado a estas cosas.

-Nunca me acostumbraré –respondió Xavier limpiando la culata del arma- Toda esta gente… sus cuerpos usados para el mal mientras se pudren… Es algo diabólico.

-Por cierto, algo que me he preguntado, no es que su presencia me moleste, pero… ¿no decía que tenía que irse a Palma? ¿Cómo es que al final cambió de idea? –Preguntó Joan mientras reanudaban la marcha.

-Creía que no podía contactar con mi… benefactor –respondió Xavier mientras seguía atento a los árboles a los que se acercaban- Pero cuando estuvimos de nuevo en el santuario el prior me recordó que las líneas terrestres todavía funcionaban. Y que podía tratar de ponerme en contacto con la ciudad si tenía un número de teléfono fijo.

-Con toda esta tecnología parece que los teléfonos fijos han desaparecido –señaló Joan- Ya casi no se ven cabinas ni nada.

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