Jornada 9. La Ira de Dios (97)


-Y sin embargo son un peligro –señaló Pere- Un peligro mundial.

-Lo mismo que un terremoto o un huracán –respondió Xavier- Pero sin embargo a esos fenómenos no les otorgamos inteligencia. Pero sí a los zombis. Y no la tienen. Simplemente vemos el cuerpo humano y pensamos que les debe de quedar algo ahí… pero no es así. Y ése es continuamente nuestro mayor error. Y en este momento el suyo.

-¿Qué quiere decir? –Preguntó Pere con interés.

-Quiere hacer una defensa contra atacantes inteligentes –señaló Xavier- Seguramente querrá poner un foso, picas, lo habitual para detener a un atacante humano racional.

El alcalde se dejó caer en su sillón mientras daba una larga calada a su puro. El jodido religioso tenía razón en su razonamiento. Varias de las cosas que había dicho formaban parte de los planes iniciales. ¿Pero cómo se pensaba de forma irracional? ¿Cómo se preparaba uno para un terremoto o un tornado? Suspiró largamente, tratando de buscar alguna solución al problema que se le presentaba. Proteger el pueblo y sus habitantes.

Meditó largamente mirando la punta del puro como si en el mismo pudiera encontrar las soluciones a sus problemas.

-Estamos condenados –dijo finalmente mirando al techo- Lo que está diciendo es que da igual lo que hagamos; esas malas bestias acabarán con nosotros.

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