Jornada 9. La Ira de Dios (92)


Después de varios minutos y muchas gesticulaciones el alcalde colgó el teléfono y sonrió a los recién llegados.

-Me ha dicho tu mujer que te esperara, que no estabas muy contento –dijo mientras encendía un enorme puro.

-Me acompaña el padre Xavier –dijo a modo de introducción- Éste es el alcalde, en Pere el posseït.

-Que gracioso el Joan de los cojones–respondió el alcalde que, ante la mirada de perplejidad del sacerdote, trató de explicarle- Es un apodo cariñoso que me han puesto los del pueblo. Traducido sería algo así como Pedro el poseído.

-Me temo que sigo sin entender –dijo Xavier que no comprendía nada- ¿Algún espíritu le está causando problemas?

El alcalde estudió la cara del sacerdote y no pudo descubrir si preguntaba en serio o en broma lo del espíritu.

-Al parecer los del pueblo consideran que mis ideas son… ¿extravagantes? –Preguntó mirando a Joan que asintió- Y han decidido ponerme ese apodo antes que llamarme directamente loco.

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