Jornada 9. La Ira de Dios (80)


-Padre, debería escribir un libro sobre todo eso –dijo Joan- Su visión de Dios y del mundo es… innovadora.

-Peligrosa más bien –señaló Xavier- No se hacen muchos amigos diciendo esas cosas en mis círculos.

-Tonterías –respondió Joan- Lo que la Iglesia necesita es renovarse. Ponerse al día. Permitir los matrimonios es un buen paso, de esta manera los sacerdotes saben cómo es la vida diaria de sus parroquianos. Y si trabajaran a diario en el campo, o en una oficina para ganarse un sueldo ya sería perfecto. Deben poner los pies en el suelo y saber cómo vivimos, cómo sentimos… como usted. Ensuciarse las manos como hacían los Apóstoles.

-Tenga cuidado, por mucho menos han excomulgado a gente en este planeta –le advirtió Xavier.

-Pues que me excomulguen. A ver si ahora por ser cristiano no voy a tener libertad de expresión –protestó Joan- Ya sería lo que faltaba.

Jornada 9. La Ira de Dios (79)


-Yo veo a Dios como a los bomberos, o la policía si le digo la verdad –le confesó Joan- Está ahí, y me reconforta saberlo. Y si no le veo ni tengo que acordarme de él…

-¿Pero no tendríamos que agradecerle las cosas buenas? –Preguntó Xavier.

-Ahí le he pillado. Si no quieren que consideremos a Dios culpable de las cosas malas que pasan, ¿por qué debemos hacerlo de las cosas buenas? –Preguntó Joan algo desafiante mientras comenzaba a bajar la montaña y girar por las curvas cerradas que le llevarían a su casa.

-Yo creo que Dios no es realmente culpable ni de las cosas buenas ni de las malas –dijo Xavier- ¿Tienen un motivo las cosas buenas o malas para que pasen? No lo sé. Tal vez sí, tal vez no. Pero creo que si culpamos a Dios de una cosa debemos darle gracias por la otra. O el vaso lleno o el vaso vacío.

-Es usted raro de cojones padre –dijo Joan- Así que cree que Dios o mete mano por todo o nos tiene olvidados.

-Yo no diría olvidados –respondió Xavier- Más bien… Trata de no interferir en nuestras vidas. Para bien o para mal. Aunque de vez en cuando se dan milagros, a lo mejor es la manera de Dios de mostrarnos su amor. Y los desastres y su no intervención otra manera de mostrarnos su amor. Nos deja a nuestro libre albedrío.

Jornada 9. La Ira de Dios (78)


-No es muy normal ver a un enviado de Dios manejarse de manera tan profesional –dijo Joan a modo de halago.

-Digamos que he estado rodeado de malas compañías –respondió Xavier.

-A veces las malas compañías son las que te ayudan a sobrevivir –señaló Joan poniendo en marcha el vehículo- Al final no me respondió, ¿Dónde predica? ¿No estará casado por casualidad?

-Digamos que soy un viajero, no suelo quedarme mucho tiempo en un solo sitio –respondió Xavier algo incómodo- Y no, no estoy casado, no he tenido tiempo para eso ni tampoco me lo he fijado como objetivo.

-Supongo que es su elección –respondió Joan- Si le digo la verdad me cuesta confiar en un cura que no haya tenido problemas conyugales. ¿Cómo puede alguien dar consejos sobre algo con lo que no tiene experiencia? Por eso trato de convencer a nuestro párroco para que se venga algún fin de semana con nosotros de caza de zombis. Pero no hay manera, dice que le aterran las armas.

-Supongo que es algo natural. Ha de tener en cuenta que es un hombre de Dios y las armas están asociadas siempre con la muerte –le trató de explicar Xavier- Así que seguramente se siente incómodo.

-Al menos conseguimos que se casara con una buena moza –le confesó Joan- Nos costó pero al final… pasó por la vicaría. Desde entonces… todo es diferente. Nunca entendí cómo un cura podía aconsejar sobre problemas maritales sin estar casado ni haberlos vivido. Una persona debe experimentar el infierno que es el matrimonio para poder dar consejos.

-Pero supongo que también tendrá sus cosas buenas –señaló Xavier.

-Pero de las cosas buenas no necesitamos consejos –sonrió Joan- Sólo cuando truena nos acordamos de los Santos. No sé si me entiende.

-Demasiado bien –dijo Xavier recordando sus recientes dudas- Supongo que es el mal de nuestra sociedad. No nos acordamos de Dios hasta que le necesitamos.

Jornada 9. La Ira de Dios (77)


-Por supuesto que sí, padre, no se preocupe –le dijo Joan sonriendo- Entre que somos cazadores de fin de semana y siempre estamos preparados nos sobra munición. Aunque si le digo la verdad…

-¿Sucede algo? –Preguntó preocupado Xavier.

-Bueno, cuando estábamos revisando los zombis muertos, de nuevo, nos hemos fijado que había pocos… restos humanos –dijo Joan rascándose la coronilla- Quiero decir, habitualmente con una masacre de ese tipo suele haber una cantidad de casquería inmensa, pero sin embargo… la mayoría eran cadáveres.

-Usé una munición especial, punta hueca –le explicó Xavier- Destroza los cerebros rebotando dentro de la cabeza, los perdigones entran pero no salen.

-Me temo que no tenemos ese tipo de munición –se excusó Joan- Sólo perdigones redondos de toda la vida, no sé si le servirán.

-Por supuesto que sí –le dijo Xavier tratando de tranquilizarle- No tengo interés en volver a repetir ese espectáculo así que… supongo que tendré que conformarme. Mejor tener cualquier tipo de munición que no tener munición.

-Así se habla padre, así se habla, como un auténtico cazador de zombis –dijo Joan alegremente mientras entraba en el coche- Siéntese a mi lado. El trayecto no es muy largo, pero así podremos hablar un rato.

Xavier asintió y se acomodó en el asiento del copiloto y mientras se ponía el cinturón de seguridad se aseguró de tener a mano la escopeta y la mochila. El detalle no pasó desapercibido para Joan que sonrió.

Jornada 9. La Ira de Dios (76)


No tuvo que buscar mucho dónde estaba su grupo de viaje dado que Joan en cuanto le vio comenzó a mover los brazos de forma ostensible. Se acercó al grupo y les saludó dándoles la mano. Joan le dio un fuerte golpe en la espalda.

-Pero cómo es que no me había dicho que era usted sacerdote –dijo Joan mientras le seguía dando golpes cariñosos en el hombro- Es la primera vez que veo a un hombre de Dios disparar como lo hace usted. Seguro que tiene a sus feligreses a raya.

Xavier, confuso, se giró buscando con la mirada al prior que desde la distancia parecía sonreír.

-¿Y dónde tiene usted la parroquia? Seguro que sus misas deben de ser bastante animadas –continuaba hablando Joan- Dígame, ¿está casado?

¿Me podrán prestar algo de munición? –Trató de cambiar de tema Xavier- Me temo que agoté la mayoría con la ola zombi de esta mañana.

Jornada 9. La Ira de Dios (75)


-Además, seguro que si llega andando tendrá más posibilidades de entrar en la ciudad si lo que dice el prior tiene razón –añadió Joan- Si están vigilando todas las carreteras para que nadie entre o salga… Andar será una mejor opción. Claro que no tendría por qué hacer todo el camino a píe.

-Creo que tengo algún mapa de los que usamos para la subida desde Palma –dijo pensativo el prior- Así podrá decidir qué camino escoger y podrá calcular cuánto tiempo tardará en hacerlo sin encontrarse con sorpresas desagradables.

-Se lo agradezco, toda ayuda será bienvenida –dijo Xavier- Cuando quieran irse avísenme. Estaré en la capilla rezando.

Y se puso en pie y salió con su mochila y la escopeta.

No había pasado mucho tiempo cuando el prior entró en la capilla para sacarle de sus contemplaciones.

-Ya están preparados para partir –le informó- Aquí tiene algunas viandas y unas botellas de agua para el camino. Aunque no creo que tenga problemas para encontrar agua más vale prevenir.

-Muchas gracias prior, espero volver a verle en mejores circunstancias –dijo Xavier a modo de despedida mientras cogía los regalos- Y continuar con sus aventuras en el santuario.

-Que Dios le acompañe, lo va a necesitar –respondió el prior- Nuestras puertas siempre estarán abiertas para aquel que lo necesite. Ese es el deseo de Dios.

Xavier puso una medio sonrisa y salió de la capilla.

Jornada 9. La Ira de Dios (74)


– Claro que sí –intervino Joan- Cuantos más seamos más reiremos. Le acercaremos a Caimari y desde ahí puede decir hacia donde seguir.

-¿Caimari? -Preguntó Xavier con curiosidad que no tenía clara la geografía de la isla.

-Tranquilo. Sólo hay que coger carretera y bajar la montaña. El pueblo está al píe del mismo –le explicó Joan- Y desde ahí puede irse a Selva, Inca, Biniamar… Y siguiendo la carretera llegará a Palma sin problemas… si desea seguir andando claro.

-Me lo tomaré con calma, dedicaré el camino a pensar –le explicó Xavier- No es que mis compañeros sean incapaz de defenderse ellos solos. Más bien todo lo contrario. Pero me siento mal pensando en lo mal que lo pueden estar pasando.

Jornada 9. La Ira de Dios (73)


-Todo lo que está pasando es cuanto menos extraño –sugirió Xavier- Pero les deseo lo mejor. A lo mejor cuando las cosas se calmen vuelvo a ver cómo sigue todo.

-¿Tiene planes de marcharse? –Preguntó Joan- Creía que se quedaría por aquí.

-Temo por mis amigos que están en la ciudad –respondió Xavier- Tengo intención de bajar y tratar de encontrarles. Será una tarea ardua y difícil pero bueno…. Alguien tiene que hacerla.

-¿Y cómo planea hacer el viaje? –Preguntó Joan con cierta curiosidad- ¿En coche?

-La verdad es que tenía pensado ir andando, tampoco es tanta distancia –respondió Xavier- Tengo entendido que mucha gente que, en verano, siguiendo una costumbre de hace décadas, la hace en una noche, así que… Supongo que si sigo la carretera no me perderé.

-Rezaré por sus amigos –dijo el prior- Y por usted. Pero al menos puede hacer parte del camino con Joan. Será más rápido y seguro.

Jornada 9. La Ira de Dios (72)


-Supongo que nunca lo sabremos –dijo Xavier mirando disimuladamente al prior.

Pero bueno, lo que le decía. Los jóvenes de ahora se pasan el día conectados a Internet y jugando con las consolas –continuó con cierto tono amargo en su voz Joan- Seguramente si no fuera por los zombis no pasarían tanto tiempo en casa y estarían en la calle jugando con sus amigos. Seguro que sería todo muy diferente.

¿Y ahora qué planes tienen? –Preguntó Xavier con curiosidad.

-Traeremos a nuestras familias, y nos volveremos a organizar –le explicó Joan- Montaremos campos de cultivos, traeremos a los animales y nos organizaremos para vigilar los alrededores. Con las nuevas tecnologías ahora será más sencillo que hace dos décadas. O eso espero. Confío en que la cosa no se alargue tanto como la otra vez.

Joan suspiró y miró al techo del comedor mientras encendía un cigarrillo y pasaba la cajetilla y el encendedor al resto de comensales.

Jornada 9. La Ira de Dios (71)


Todo el mundo guardaba silencio y asentía a lo largo de la mesa.

-Ahora el miedo sigue existiendo, y los niños y adolescentes se pasan el día encerrados en casa –continuó hablando Joan- Los padres también lo preferimos así, mejor tenerlos en casa vigilados que no jugando en la calle y que aparezca de repente un zombi y la lie. Es un sin vivir cada día cuando no están cerca de ti. Cada día les llevo al colegio, y les recojo, pero el tiempo que pasan en clase… siempre temo la llamada del colegio para comunicarme que ha ocurrido algo.

-En la ciudad no sentí esa sensación de inseguridad –señaló extrañado Xavier.

-Porque en la ciudad tienen a la policía, al ejército, seguridad privada… y no están rodeados de la traicionera naturaleza –explicó Joan- Las probabilidades de que un zombi se cuele en un colegio en la ciudad son…

Joan se quedó en silencio al recordar el motivo por el que estaban en el santuario. Y negó con la cabeza.

-No tiene sentido lo que ha pasado en Ciutat –continuó- He visto las imágenes y no entiendo cómo se han podido juntar tantos zombis sin que nadie lo descubriera a tiempo.