Jornada 9. La Ira de Dios (59)


-No es muy habitual esa excusa –respondió el prior santiguándose ante el altar – Refugiarse en una iglesia, me refiero, aunque la fe… o eso me gusta pensar, ha conseguido que se llenen, a la gente le sigue costando venir voluntariamente fuera del horario de servicios.

-Miguel se quedó por voluntad propia –dijo Xavier- Quise que se fuera pero… se quedó aún sabiendo el peligro. Y lo pagó con su vida.

El prior se quedó en silencio al escuchar esas noticias. Se puso a rezar y ninguno dijo nada durante varios minutos.

-Juventud, divino tesoro –suspiró el prior rompiendo el silencio- Siempre con la cabeza en las nubes y tratando de cambiar el mundo. No le culpo. Dios así lo ha querido.

Jornada 9. La Ira de Dios (58)


No supo cuando tiempo estuvo arrodillado delante del altar, parte del tiempo rezando, parte del tiempo buscando respuestas a la muerte de Miguel; ¿por qué Dios le hacía pasar por esas pruebas tan trágicas? Podía sobrevivir sin ser sacerdote, siendo excomulgado, o un paria en la sociedad eclesiástica, pero perdiendo las vidas de sus compañeros de viaje…

Escuchó unos pasos a su espalda que se acercaban lentamente. Se giró alarmado creyendo que a lo mejor los zombis habían llegado al santuario y nadie había dado la alarma. Pero por el pasillo no avanzaba un no-muerto, sino el prior. Rápidamente Xavier hizo además de incorporarse pero el recién llegado le indicó que no hacía falta y se arrodilló a su lado.

-Siento no haber acudido primero a verle y darle explicaciones –se excusó Xavier en voz baja- Iba de camino pero… me desvié y aquí he acabado.

Jornada 9. La Ira de Dios (57)


-¿Me lo dice o me lo cuenta? –Dijo Xavier apesadumbrado y observando el cuerpo de Miguel- ¿Por qué se cree que estaba en el suelo sorprendido? Nada de todo esto tiene sentido. ¿De dónde han salido esta cantidad de zombis? No han podido llegar desde Palma, ¿verdad?

-¿Por dónde han venido? –Preguntó Joan.

Xavier señaló hacia el monte detrás del muro a su izquierda.

-Entonces han venido del complejo de ricos –dijo Joan- Comenzó como un par de chalets, pero a lo largo de los años lo convirtieron en un complejo para pijos anti-zombi. Y ya ve cómo les ha ido. Debe de estar fatigado, puede regresar al santuario, ya nos encargamos nosotros de limpiar la zona de zombis. Estamos acostumbrados, así que tranquilo.

Xavier iba a aceptar la oferta pero se detuvo de repente.

-Tal vez fuera una alucinación pero… creo que un zombi saltó tratando de alcanzarme –dijo Xavier algo incómodo- No se confíen. Estas criaturas parecen fáciles de matar pero se aprovechan justamente de que bajamos la guardia y nos confiamos para acabar con nosotros.

-Puede estar tranquilo, cada año limpiamos la zona de zombis para prepararla para la subida de los de ciudad. Ésta no es nuestra primera cacería.

Xavier se alejó del grupo y comenzó a andar de regreso al santuario con su mochila al hombro pero sin dejar de tener a mano la escopeta por si algún zombi le salía al paso. A lo lejos escuchaba los disparos de la gente que acababa el trabajo que él y Miguel habían iniciado. Al llegar al santuario pensó que tenía que darle explicaciones al prior, pero cuando iba de camino para encontrarse con él se desvió y entró en la capilla. Dejó la escopeta y el petate nada más entrar y se dirigió al altar en el que se arrodilló y comenzó a rezar.

Jornada 9. La Ira de Dios (56)


Justo cuando el zombi se iba a abalanzar de nuevo sobre él sonó un disparo y la mitad izquierda del rostro de Miguel desapareció ante sus ojos esparcida en trozos. Xavier se giró para buscar el origen del disparo y vio con sorpresa a un grupo de hombres que se dirigían corriendo hacia donde él estaba. Recordó de repente los zombis que se estaban acercando por la calzada. Apuntó con la escopeta y disparó varias veces desde el suelo. Cuando se dio por satisfecho y calculó que tenía tiempo para ponerse en pie buscó su petate mientras el grupo armado llegaba a su lado.

-¿Se encuentra bien? –Preguntó uno de ellos- Pedro, Jaume encargaros de los zombis de la calzada. Mateo, Santi, vigilad los muros por si hay más zombis.

Xavier recogió el petate mientras veía cómo los recién llegados daban cuenta de los zombis que quedaban en la calzada. Cogió varios cartuchos y llenó un cargador y lo puso en la escopeta.

-Mi nombre es Joan. Nos habían dicho que había alguien más con usted –dijo el recién llegado mirando a su alrededor- ¿Ha huido?

-Le acaba de volar los sesos –dijo Xavier señalando el cuerpo sin vida de Miguel- Y de paso me ha salvado la vida.

-Pero eso es imposible –respondió Joan- Los zombis no se transforman tan rápido.

Jornada 9. La Ira de Dios (55)


La escopeta se le había escurrido de las manos y ahora yacía en la calzada a un lado, tan cerca… el cadáver de Miguel se le echó encima y lo único que pudo hacer fue cruzar los brazos para impedir que le alcanzara. Xavier estaba en estado de shock, unos minutos antes su atacante le estaba ayudando a luchar contra los zombis y ahora era uno de ellos, transformado de una forma casi imposible de acuerdo a lo que se sabía de aquellos seres. Se había convertido delante de sus ojos en cuestión de minutos, o segundos, y ahora le estaba atacando, buscando matarle y convertirle en uno de ellos. Y aunque no lo consiguiera él, sus compañeros estaban lo suficientemente cerca como acabar el trabajo que había empezado Miguel.

No sabía lo que hacer. Sólo podía retrasar lo inevitable. La escopeta estaba ahí al lado, pero si apartaba uno de sus brazos para cogerla Miguel daría cuenta de él. Trató de situar sus piernas debajo del cuerpo de su atacante mientras seguía defendiéndose. Consiguió su objetivo y, haciendo fuerza, empujó contra el muro al zombi. Rápidamente recuperó la escopeta y apuntó con ella a su objetivo… pero dudó de nuevo al ver el familiar rostro de su acompañante.

Jornada 9. La Ira de Dios (54)


La mirada perdida de Miguel le acompañaría el resto de su vida, al igual que la de muchos otros ojos de los que había visto ir desapareciendo la luz de la vida. Mientras disparaba a los recién llegados se preguntaba cómo habían llegado hasta ahí, bordeándoles, pero en ese momento no tenía tiempo para averiguarlo. Los zombis de la calzada se comenzaban a acercar peligrosamente y todavía quedaban al otro lado del muro tratando de superarlo. Tenía que ganar tiempo.

Cogió uno de los cartuchos que tenía en sus bolsillos y sacó el cargador de la escopeta. Disparó el cartucho que tenía en la recámara a uno de los zombis del muro y luego cargó el arma con la nueva munición. Disparó sin pensárselo al bulto del grupo que invadía la calzada. Unos segundos después un gran número de los mismos quedaba desmembrado gracias a esa munición especial. Un recuerdo de su época en Italia, los perdigones estaban unidos por hilo metálico que los convertía en una especie de red que cortaba todo lo que se pusiera en su camino. Incluyendo cadáveres andantes. Así se podría centrar mejor en los zombis que había a su altura.

Se acercó con lentitud al cadáver de Miguel, lo primero era asegurarse de que no volvía a levantarse por más que le pesara, le cerró los ojos y, aunque no tenía la autoridad eclesiástica le practicó los últimos sacramentos. Volvió a meter el cargador y se preparó para disparar una vez más a alguien al que no quería ver resucitar. Apuntó a la cabeza del joven estudiante con extrema lentitud, si al menos tuviera una pistola… Sabía que la escopeta a esa distancia seguramente le dejaría irreconocible… tal vez pudiera esperar a que todo aquello acabara para darle un descanso más correcto… al fin y al cabo todo el mundo sabía que el periodo de incubación de los zombis era de, al menos, medio día.

Miguel abrió los ojos de repente ante la sorpresa de Xavier que, incrédulo, trató de ponerse en pie, con la mala fortuna de que resbaló en el charco de sangre y se cayó al suelo mientras no dejaba de ver aterrado cómo el zombi del estudiante trataba de acercarse a él para matarle.

Jornada 9. La Ira de Dios (53)


Continuó disparando tratando de llevar la cuenta mentalmente de cuántos cartuchos le podrían quedar. Seguramente Miguel la llevaría mejor. Retrocedieron una vez más. Y una vez más los zombis continuaron avanzando sin preocuparse de sus compañeros caídos y pasándoles por encima sin contemplaciones, en algún caso tropezando y cayendo a la calzada siendo pisoteados. Xavier no dejaba de pensar en cómo esos seres podían haber puesto a la humanidad en peligro de extinción con lo estúpidos y lentos que eran. No tenía sentido ni lógica alguna. Pero de nuevo ahí estaban, amenazando las vidas de los vivos y metiendo el terror en sus corazones.

Miguel le pasó un nuevo cargador y volvieron a retroceder de forma lenta pero segura. Xavier se tomó un pequeño descanso de varios segundos para recuperar el aliento y tratar de relajarse un poco, no sabía cuánto tiempo llevaba ya disparando pero el camino se estaba acabando y todavía quedaban zombis delante de ellos. Comenzó a disparar de nuevo derribando a tres zombis de un disparo cuando escuchó un desgarrador grito a su espalda.

Estaba familiarizado con ese sonido. Demasiado. Alguien había caído en manos de los zombis. Se giró para confirmar lo que ya sabía, que ese alguien era Miguel. Y ahí estaba, agarrado por varios muertos vivientes que trataban de arrastrarle al otro lado del muro que separaba la calzada del bosque. Xavier apuntó la escopeta pensando en qué hacer, sabía que era demasiado tarde para su compañero, una de aquellas criaturas le había mordido en el cuello y arrancado un trozo del mismo haciendo que la sangre saliera a través de la yugular de una forma rápida que drenó su vida en segundos. Un charco de ese líquido rojo se había formado a los pies del pobre desgraciado que se había ofrecido a ayudarle.

Jornada 9. La Ira de Dios (52)


-También lo es que los muertos resuciten y aquí estamos –respondió Miguel- Disparando a gente que debería de estar muerta.

Xavier intentó volver a concentrarse en su tarea, disparar a las cabezas, pero comenzó a fijarse con más detalles en los atacantes. Hasta ese momento no les había prestado atención a su apariencia, pero ahora… trataba de buscar heridas que explicaran su muerte, o que indicara que estaban muertos, pero no encontraba nada externo, sus ropas parecían intactas a excepción del lógico deterioro ocasionado por andar por los bosques. Si no lo supiera mejor diría que habían muerto de forma natural, algo imposible… por el número, a menos que fuera un suicidio masivo. En ese caso tal vez se explicara por qué no parecían muertos. ¿Una secta?

Cambió de cargador de nuevo. Podía ser una secta, pero parecía extraño. Seguramente Miguel le podría aclarar más la procedencia de esos zombis. Sabría mejor qué tipo de gente rodeaba el santuario.

Siguieron retrocediendo poco a poco. Dejando un rastro de cadáveres por el camino. El número de zombis había descendido significativamente pero todavía quedaban. Y no se paraban ante sus numerosas bajas. Al menos en eso no habían cambiado nada. Y no parecía que ningún otro muerto viviente tuviera esa habilidad para saltar. A pesar de haber sido hacía unos minutos ya comenzaba a dudar de que hubiera pasado. Esas criaturas no saltaban. Debía de haber sido un espejismo. Debía concentrarse en el aquí y el ahora y dejarse de fantasías.

Jornada 9. La Ira de Dios (51)


A pesar de tratar de mantener la concentración cada vez le costaba más. Aquel zombi había dado un salto, algo imposible, literalmente, y por si fuera poco, se había preparado para darlo… Continuó disparando sin prestar mucha atención a los zombis mientras trataba de explicarse lo que acababa de pasar. Comenzaba a notar sus venas y la sangre que aceleraba su paso, su respiración se estaba haciendo más rápida por momentos, su cerebro comenzaba a registrar lo que había ocurrido y procesarlo; y su cuerpo reaccionaba ante el susto.

Tuvo que ser Miguel quien le sacara de su trance agarrándole de una manga.

-Tenemos que retroceder –le indicó mientras trataba de arrastrarle hacia atrás- Están cada vez más cerca.

-Pero e-ese zombi- dijo Xavier mientras cambiaba el cargador- Ha saltado. Eso es imposible… imposible.

Jornada 9. La Ira de Dios (50)


Vació un cargador en apenas unos segundos derribando a ¿dos docenas? De zombis. Era difícil contar los que iban cayendo dado que otros les sustituían enseguida. Cambió de cargador y volvió a vaciarlo. Afortunadamente aquella munición era bastante limpia ya que destrozaba por dentro los cerebros de los zombis pero no hacía explotar las cabezas y pocas veces los desmembraba.

Indicó a Miguel que retrocediera hasta la siguiente marca y, unos segundos después le siguió sin dar la espalda a sus atacantes. Mientras retrocedía disparó un par de veces. En todas las ocasiones tenía que apuntar alto para conseguir que la mayoría de las postas encontraran su objetivo. Fue cuando pasó lo inesperado. De repente una de aquellas criaturas del averno se agachó y cogió impulso dando un salto hacia delante y en dirección a Xavier que disparó sin ni siquiera darse cuenta de que lo había hecho. La escopeta comenzó a escupir la munición de forma automática mientras el gatillo seguía apretado. A pesar de que estaba apuntando alto corrigió su postura mientras seguía disparando, la ráfaga paró al muerto viviente a medio salto cayendo a apenas unos metros del exsacerdote. En unos segundos su cerebro le indicó que el cargador estaba vacío y estaba disparando al aire. Trató de reponerse de la sorpresa y sustituyó el cargador por uno nuevo que le había pasado Miguel.