Jornada 9. La Ira de Dios (63)


-Estas cosas pasan –respondió el prior apartándose a un lado.

-No, me refiero a lo que he dicho antes –le rectificó Xavier- No he pensado que Miguel formaba parte de su congregación y que debía de estar pasándolo mal usted también. He sido injusto y me he dejado llevar por mi egoísmo.

El prior guardó silencio durante unos instantes.

-Si Jesús perdonó a sus torturadores yo no puedo ser menos –dijo finalmente dándole una palmada en el hombro- Además, parte de lo que decía era cierto. Tal vez en nuestro afán por encontrar a Dios tratamos de situarle en todas partes y perdemos la perspectiva de que Él siempre está en todos nosotros.

Xavier sonrió débilmente.

-Si todo el mundo fuera como usted seguramente no habría perdido mi collar –dijo amargamente- Pero, como usted dice, a lo mejor el Señor no quería que estuviera encerrado en una iglesia. Y ahora vuelvo a tener una misión… a pesar de los pesares.

-Todos tenemos una carga a cuestas con la que lidiar. Y la suya parece que no es sencilla. Abandonado y odiado por todo el mundo. Tal vez su historia sería igual de interesante que la que está escribiendo.