Jornada 9. La Ira de Dios (61)


-Como su total aniquilación en un minuto –respondió Xavier poniéndose en pié y santiguándose de nuevo- No, Dios no resucitaría a TODOS los muertos. ¿Alguno de vez en cuando? ¿O salvarle la vida? Posiblemente. ¿Esta plaga? No, no es cosa de Dios. No es una prueba que nos ha puesto, ni su manera de decir que se ha cansado de nosotros. Dios está en todas partes. Pero no es el culpable. Yo soy el culpable de que Miguel muriera, por ser débil y dejar que me ayudara; por no vigilarle y estar atento. Los zombis también son culpables de su muerte. Y usted también lo es.

-¿Cómo dice? –Preguntó el prior indignado- ¿Cómo puede decir que yo tengo algo de culpa en su muerte?

-Usted fue el que le eligió para acompañarme –señaló Xavier- Podría haber elegido a alguien más mayor… más cobarde…

-Fue el destino –respondió el prior débilmente.

-Fue la mala suerte –insistió Xavier- Y ya estoy harto de que suceda.

-Pero usted no puede saber lo que va a pasar –señaló el prior tratando de apaciguar las cosas- No puede cargar con el peso del mundo. Todo sucede por algún motivo.

Xavier suspiró y se giró hacia la salida.

-Créame, no es así. He visto grandes horrores sin sentido llevados a cabo por la mano humana, y no había ningún motivo detrás de ellos –respondió para dar por acabada la conversación y dirigiéndose hacia la puerta.

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